El elefante a mordidas

Por Regis Iglesias Ramírez.

Sería el año 90 o 91 y yo aun trabajaba como operador de sonido para la Empresa de Promoción e Intercambio, EMPI, allá por las calles Muralla y Villegas en La Habana.

El Departamento de sonido se encargaba de alquilar módulos de audio para carnavales y giras nacionales por toda la isla de solistas y grupos musicales.

En aquella ocasión al modulo que integrábamos Alfredo el Lemon Boy. Gilito el Punk y yo nos toco poner los equipos de audio y operar el sonido al Septeto Nacional Ignacio Piñeiro que luego de regresar de una gira por Inglaterra y actuar en el celebre Ronnie Scott Club tocaba desandar esos pueblos de Dios cubanos y quedar bien con el Ministerio de Cultura de la isla.

Llegamos a Nueva Gerona y nos alojamos en un motel de mala muerte que para entonces en la isla era considerado de la mejor condición, el Rancho del Tesoro, con su piscina y sus habitaciones con aire acondicionado. En realidad no estaba mal para los parámetros de la Cuba comunista, pero por Obeechokee hay mataderos mucho mejores.

Una amiga me acompañó a aquella gira y en las noches luego del trabajo salíamos a conocer un poco lo poco que se podía conocer en Nueva Gerona. Eso íbamos a hacer la noche que llegaron los demás muchachos que trabajaban como sonidistas en la EMPI a los que nos uniríamos terminada la gira con el Septeto para hacer el Festival de la Toronja, una especie de carnavales de Isla de Pinos.

Cuando mis compañeros llegaron con los camiones que trasladaban los equipos de sonido en el ferri que hace la travesía Batabanó-Gerona nos reunimos con ellos, pues el jefe del grupo que representaba la empresa y el que lo intentaba hacer con los trabajadores debían tratar con los mandantes del partido de la segunda isla más grande del archipiélago.

Les dijeron que los alojarían en El Abra, una localidad lejana del pueblo de Nueva Gerona, célebre por ser lugar de estancia de José Martí después que pasara su condena por separatista siendo casi un adolescente.

El lugar no tenia nada de glamour, cuando llegué con mis amigos al camping y vimos las cabañas donde ellos se alojarían, Alfredo, Gil, mi amiga y yo estábamos alojados en El Rancho del Tesoro, pudimos advertir el mal estado de los locales donde descansarían mis compañeros cada madrugada después de 16 horas de trabajo.

Cabañas sin luz, con olor a humedad, colchones viejos que eran el hogar permanente de cuanta alimaña el diablo crio y por las vigas rusticas de madera manadas de ratas se paseaban haciendo malabares despreocupadas.

El rechazo fue unánime en el grupo. «¿Por qué no los alojan en el mismo motel que estamos nosotros, mucho más cómodo y en el centro para facilitar la movilidad durante el trabajo?», pregunté con reflejo inconforme y mis compañeros reaccionaron con virulencia asistiéndoles toda la razón ante los del Partido que se negaban a alojarles en un lugar con condiciones menos infrahumanas.

De vuelta al motel y a la reunión que tendrían mis compañeros y los del Partido pinero, decidí que mejor me daba un paseo con mi amiga y eso hicimos por Nueva Gerona buscando algún lugar donde refrescarnos con cervezas y algo de picar ya que el ambiente carnavalesco comenzaba a animar a la población local.

El tiempo pasó sin darnos cuenta y decidimos regresar al motel, un poco intoxicados por la cerveza y otras bebidas no tan refrescantes, a descansar.

Cuando llegué noté algo extraño, no lograba encontrar a mis amigos y no veía los camiones con todos los equipos de audio.
intrigado fui a la habitación de Alfredo el Lemon Boy y este me contó que al no llegar a un acuerdo entre nuestros compañeros y los del partido los muchachos habían decidido hacer válido su desacuerdo con tan denigrante tratamiento y declararon una especie de huelga para ser escuchados marchándose a La Habana aquella misma noche.

Los del Partido comunista estallaban si les pinchaban, me dijo Alfredo. En los pueblos cubanos los vecinos pasan el año ahorrando para fechas de carnaval y decirles que no habría fiesta porque los habaneritos sonidistas se habían negado trabajar en aquellas condiciones sería un problema serio.

El grupo de alrededor de 18 sonidistas distribuidos en 8 módulos de audio  y los camioneros habían abordado el ferri y desde cubierta se mofaban de los del Partido que llegaron en sus automóviles rusos justo en el momento que zarpaban a Batabanó y les amenazaban con virulencia por aquel «acto contrarrevolucionario que no quedaría sin castigo».

Pero desde mi punto de vista mis compañeros no cometían un terrible acto contestatario contrario a «los fines y principios del Estado socialista». Nada comparable a la campaña de recogida de firmas que en 1990 habíamos iniciado desde el Movimiento Cristiano Liberación que proponía, con la participación de todo el pueblo cubano, un Diálogo Nacional que abriera el camino al desmantelamiento del sistema totalitario. Los de la EMPI jugaban con la cadena, no con el mono, y probablemente todo quedaría como un mal entendido que se solucionaría con un simple paso hacia atrás de los del Partido de Isla de Pinos brindando mejor alojamiento a los operadores de sonido que trabajarían 16 horas garantizando a las orquestas que asistirían al Festival de la Toronja equipos y técnicos para sus actuaciones. Al fin y al cabo, la EMPI estaba dirigida por un connotado ex agente de la contrainteligencia del régimen del cual se decía que el Rolex que lucía estaba grabado por el propio George Bush en sus tiempos de Director de la CIA y que este en persona le había regalado.

Cierta o no la anécdota lo importante era que la Empresa de Promoción e Intercambio no era cualquier empresa y sus jefes tampoco unos don nadies para el régimen, sino un negocio que tenia vínculos con el CAME, aquel conglomerado ineficiente del campo comunista y tenía varios almacenes de mercancías, donde había comenzado yo como estibador unos años antes de pasar al departamento de sonido, que daban una «entrada extra» a sus trabajadores y a varios vecinos de Muralla o Villegas con los que se negociaban ropas, perfumes, bisutería y algunos electrodomésticos pasado el horario laboral o durante el mismo cada vez que los mayorales de la administración se descuidaban en su vigilancia.

En efecto, al día siguiente aun yo dormía con mi amiga cuando escuché el jolgorio de mis compañeros que habían regresado en avión desde La Habana triunfantes porque los del Partido que la noche anterior les amenazaban si no aceptaban dormir en unas cabañas inmundas, se habían reunido con los jefes de la EMPI y algunos de los sonidistas y habían aceptado mejorarles la estancia en Nueva Gerona.

Me alegré mucho ver de vuelta y sobre todo alojados esta vez en el mismo motel donde yo estaba con la nueva generación del Septeto Nacional Ignacio Piñeiro, a mis compañeros Chicho, Julio el Negro, Tati, Yuri, Miguelito, Javier y todos, pues los carnavales donde trabajábamos nos daban la oportunidad de reunirnos y pasábamos las horas de trabajo visitándonos de un modulo a otro divirtiéndonos como podíamos y también en ocasiones discutiendo con la fauna beoda local, que de cierto era muy hospitalaria con nosotros pero a veces pensaban que debíamos quedarnos junto a ellos poniéndole banda sonora a sus borracheras 24 horas.

No fue la única vez que algo así pasó en mis tiempos de sonidista.

Recuerdo protestas parecidas en Las Tunas, Caibarién, los carnavales donde más me gustaba trabajar, los de ese pueblo costero de Las Villas, por el ambiente distendido de sus gentes.

Pensando he estado estos días en aquellos tiempos y me venía también a la memoria una metáfora de un conferenciante sueco que nos decía mas recientemente a un grupo de cubanos en Estocolmo que un elefante no se podía comer entero sino parte a parte. Si, cómo no. Ponle un paquidermo asado a un grupo de zulúes que llevan varias temporadas de no probar bocado y luego cuéntame.

También un diputado español que justo antes del secuestro por tres años de Eduardo Cardet por parte de la policía política cubana nos decía que había que participar de cualquier espacio que se abriera, refiriéndose como espacio abierto a las votaciones para delegados de circunscripción en las que media docena de personas con identidad disidente habían prometido participar.

La idea que del lobo es valido tomar incluso si fuera un pelo parece atractiva a muchos, sobre todo muchos que no necesitan abrigar su cuerpo y su alma en este interminable invierno de la tiranía castrista.

Por eso cualquier acto de disensión que logre llamar la atención, ya sea por reclamos animalistas, culturales o sociales, peor, la inútil convocatoria por internet a un pueblo necesitado de derechos y necesidades más tangibles que el desafío onanista cuando no oportunista de algunos vividores bien parapetados en sus casas y apartamentos climatizados en el exilio que incluso pueda anunciarse exitoso siéndolo o no, a medias o de ninguna manera, encuentra una repercusión mediática como si recordara el sonido seco de los martillos derribando el Muro de Berlín.

Yo me alegro -¿cómo no hacerlo?-, cuando los cubanos logramos tomar un simple pelo a ese lobo feroz que no ha dejado de dar dentelladas. Me alegro aun cuando no se ha arrancado sino recogido entre la hierba luego de la muda.

No nos confundamos, los lobos mudan y dejan su antigua pelambre llena de pulgas esparcida por todo el bosque, pero solo para disfrutar una nueva protección que les permita pasar un nuevo invierno.

Aquellos que impidieron la expulsión de varios compañeros míos tras su desafiante y carnavalesca «huelga de la toronja» fueron los que me impidieron luego trabajar con mis amigos en la inauguración y clausura de los juegos del hambre, digo, los juegos panamericanos de 1991, porque Fidel Castro iba a estar presente.

Fueron los mismos que me expulsaron por negarme a hacer trabajos como agricultor cuando a Castro le dio por enviar al campo a miles de empleados y trabajadores de disimiles oficios y profesiones.

Como fui el único entre mis compañeros sonidistas que no esgrimí falta de calzado y ropa apropiados para trabajar en la agricultura o por tener problemas familiares sino que no iba a trabajar en esos campamentos precisamente porque era una «tarea orientada por Fidel y el Partido» como para impresionarme me dijo uno de aquellos jefes de la EMPI, ex oficial del G2, y que yo no creía ni en ese Partido comunista ni en su ‘comandola‘, me quedé en la calle y nunca mas pude trabajar como sonidista.

El elefante del sueco y el pelo del lobo del refranero popular puede ser motivo de lanzar fuegos artificiales, nunca mejor dicho, para los entusiastas.

Cuando llevas tantas décadas intentando en medio de la ventisca cazar primero al lobo y de su piel hacerte un abrigo cálido para cubrirte y no seguirte congelado esperando que mude y así ir tejiendo camisa, cuando la tribu ya esta famélica no puedes complacerte ni proclamar el fin ni el cercano fin de la hambruna por tomar de la bestia una pezuña o una rodilla curtida y arrugada. Vas por elefante entero, por la piel completa del lobo que no te cuenten milongas porque tienes frio y hambre.

 

Regis Iglesias Ramírez es escritor, poeta, ex preso político de la Primavera Negra de Cuba, portavoz del Movimiento Cristiano Liberación. Fue desterrado y reside en Madrid.

3 Comments

  1. Félix Antonio Rojas G

    Esos que ahora han descubierto el bosque y los que buscan desesperado el pelo del lobo para mostrar su patriotismo lejos de las garras, cuando asesinaron a Oswaldo y Harold, si fueron por casualidad al Versailles fue para tomar guarapo y comer pastelitos de guayaba…

  2. Miguel Rodriguez Dariad

    Jiiiii….buenisimo

  3. Zoe Valdes

    Una parábola muy bien estructurada.

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