Por Humberto C. Cruz/Ego de Kaska.
Este artículo reúne no solo mi punto de vista, sino también lo que han publicado muchos cubanos, entre ellos Ulysses Álvarez Laviada, que ha escrito extensamente sobre el tema. Una y otra vez encuentro el mismo argumento: quien no fue preso político, ni se alzó contra la dictadura, no tiene derecho a opinar. Esa afirmación demuestra hasta qué punto algunos no han aprendido nada de la democracia americana: nadie necesita exhibir credenciales de lucha y sufrimiento para tener derecho a pensar y expresarse.
Respeto
Crecí entre dos familias en las que hubo cinco presos políticos. Cuando nací, ya estaban presos, y algunos no fueron liberados hasta los años ochenta.
Mi abuelo materno, Teófilo Cruz Quevedo, capitán de la Marina de Guerra de la República destacado en el puesto de Cojímar, fue hecho prisionero en la Sierra Maestra en diciembre de 1958. No lo fusilaron porque Juan Contino González, esposo de una prima hermana de mi abuela, quien en ese momento estaba en las tropas rebeldes, intercedió por él. Le ofrecieron organizar la Marina de Guerra Revolucionaria a cambio de su libertad, a lo que se negó rotundamente. Sin embargo, era amigo personal de Hemingway y había servido en el Navy durante la Segunda Guerra Mundial, y eso logró su liberación.
Contino, un capitán de la Policía del Segundo Distrito que sintió compasión por unos jóvenes del 26 de Julio, fue descubierto, tuvo que escapar a la Sierra y creyó que la Revolución traería democracia. Fue arrestado en febrero de 1960 en su finca de Guanabacoa, donde guardaba armas y explosivos para alzarse contra Castro, y condenado a 30 años. Conocido en el Presidio Modelo como El Capitán, fue liberado en 1983 y murió tiempo después en Cojímar, con el dolor de ver a su único hijo varón, Juan Contino Aslán, presidir la Unión de Jóvenes Comunistas.
Mi tío, Teófilo Cruz Casasús, fue condenado a 20 años por el sabotaje a un buque en la Bahía de La Habana. Estuvo meses en una celda de castigo en total oscuridad para que hablara y fue enviado al Castillo del Príncipe, donde mató a un preso común al que la Seguridad del Estado reclutó para violarlo, lo cual complicó su condena y casi mata a mi abuela de un infarto. Lo recuerdo en su uniforme gris, escoltado por dos oficiales del MININT en el funeral de mi abuelo en 1982. Murió en Regla en 2025.
Mi tío, Servando Ovies Fariñas, fue arrestado en las inmediaciones de la Plaza de la Revolución en 1962 como parte de un grupo que emboscaba a Fidel Castro con granadas. No vio a sus hijos mayores hasta 1991. Murió en La Habana en 2021.
Mi tío, Enrique Fortún Arango, Kike, fue arrestado en enero de 1961 como miembro del grupo de acción y sabotaje urbano del MRP. Su madre fue cada semana durante meses a buscar su nombre en la lista de los fusilados de La Cabaña. Lo hirieron con una bayoneta en el Presidio Modelo por plantarse y vino al exilio en 1980 como parte de los acuerdos con Carter. Falleció recientemente en Miami.
Durante semanas intento reconstruir sus historias y descubro que no tengo toda la información: faltan fechas exactas, números de causa y otros datos. Busco en internet, hago llamadas, pregunto a familiares y, aun así, quedan vacíos.
Eso se debe a dos razones. La primera es que de estas cosas casi nunca se hablaba. La segunda es más reveladora: esos hombres hicieron ese sacrificio sin esperar nada a cambio, ni siquiera el reconocimiento de sus propias familias.
Admitirlo desgarra, pero también revela que superar el comunismo pasa por preservar esa memoria y rendir homenaje. Por respeto a ese sacrificio y al dolor de tanta gente, yo tengo la obligación moral de escribir esto.
Frankenstein y los Orgones
En Tartufo, Molière demuestra magistralmente que toda estafa necesita de alguien dispuesto a ser estafado. No importa cuán descaradas sean las acciones de Tartufo, Orgón cree ciegamente en su virtud e integridad.
Pero LMOA no es precisamente un Tartufo. Es un Frankenstein engendrado por sí mismo y por especialistas en promoción artística, un auténtico hijo del Período Especial del todo-vale-porque-no-hay-mas-ná, dispuesto a ser rico y famoso a toda costa, con suficiente osadía como para bailar alrededor de un poste en pleno 23 y L en hilo dental con mariachis, desfilar un 1.º de Mayo con una cabezota de Fidel Castro o vestirse de bailarina de Tropicana. Por momentos es Cristo o el Dalai Lama; después, Niurka Marcos, Basquiat, Yarini, Tania Bruguera o el Divo de Placetas. Ninguna de sus vulgares declaraciones sobre temas y órganos sexuales, por descabelladas y fuera de contexto que parezcan, es casual. Son parte de su identidad de marca como provocador a ultranza, con una pequeña diferencia: Miami, aunque a duras penas, aún no es la Centro Habana Repartera.
Aquí los Orgones son muchos, con diferentes roles e identidades. Algunos son los cerebros pensantes y gestores de este marketing plan; otros, los publicistas de artículos, entrevistas, metatrancas curandoriales, documentales y defensas terraplanistas en las redes. Están también los miembros de las Casas de Cultura Cubana Socialista en el Exilio; líderes de la oposición, como José Daniel Ferrer, por pura cobardía y solidaridad gremial; el zurderío woke de los racismos y machismos patriarcales; las universidades progre Coco-Fuskianas; y galeristas, coleccionistas e instituciones del exilio, como la FNCA, que por no quedarse fuera del circo mediático o por simple ingenuidad e ignorancia de la realidad cubana, se han montado en este carnaval de absurdos. El pobre Mas Canosa aún debe estar revolcándose en su tumba de ver al Luisma con una gorra de Plantados.
San y Circo, Camino al Éxito
En un post reciente de Cuban Art Space, Arturo Cortez decía que ningún artista cubano había llegado a Miami con tanto impacto mediático, ni siquiera Bedia. Y es cierto. Pero tampoco ninguno había tenido una campaña de marketing tan descomunal como LMOA. Eso no se puede entender sin repasar cómo evoluciona, crea San Isidro, va a prisión y llega al exilio.
LMOA comenzó como escultor autodidacta en la sección de talla en madera de la ACAA y obtuvo algunos reconocimientos, pero entendió rápidamente que ese camino jamás lo conduciría al éxito. En 2017, 14ymedio resumió que soñaba con “ser famoso, tener dinero y mejorar el mundo”; en 2018 dijo a Havana Times: “Yo también quiero tener dinero, yo también quiero ser famoso”; y en 2019 reiteró a Yucabyte: “Siempre quise ser un superstar, me gusta el reconocimiento, la fama”, añadiendo su interés por el money, viajar y “la buena vida”.
Pero…¿cómo dar ese salto sin grandes habilidades técnicas y fuera del circuito oficial?
En 2014 conoce a Yanelys Núñez Leyva, historiadora del arte y trabajadora de la revista Revolución y Cultura y de su espacio expositivo. Con ella comienza a desarrollar proyectos independientes y, en 2016, crean el Museo de la Disidencia en Cuba. Cuando en 2017 el Gobierno pospone la XIII Bienal de La Habana, Otero y Yanelys impulsan la #00Bienal, realizada en mayo de 2018 mediante una red de espacios independientes y campañas de crowdfunding que recaudaron fondos dentro y fuera de Cuba. Ese mismo año, el Museo de la Disidencia recibe el Freedom of Expression Arts Award de Index on Censorship, un reconocimiento internacional para el proyecto de Otero y Yanelys.
De la campaña contra el Decreto 349 y de esa misma red de artistas y activistas surge, meses después, el Movimiento San Isidro. Para entonces, Yanelys ya era curadora, gestora cultural y pieza central de esos proyectos. Claudia Genlui, graduada de Historia del Arte en 2016, trabajaba entre 2017 y 2019 como especialista principal de Factoría Habana y desarrollaba proyectos curatoriales independientes, incorporándose después al entorno de San Isidro como curadora y asesora de artes plásticas.
¿Cómo se sostiene entonces el mito de que San Isidro era un proyecto comunitario de un humilde artista negro de la barriada de El Cerro, un “outsider” sin vínculo institucional y sin formación artística?
Marketing Plan y Creación del Relato
Con Yanelys y, después, Claudia en la curaduría, LMOA había descubierto el malabarismo de los artistas cubanos “contestatarios”: jugar con la cadena y dejar al mono tranquilo. Es decir, crear un arte simbólico que criticara algo, pero sin decir claramente: Abajo la dictadura. Muerte al comunismo. A eso habían jugado con éxito Kcho y sus balsas, que terminaron siendo admiradas por Fidel Castro, y Tania Bruguera, con su Cátedra Arte de Conducta y colocando un micrófono abierto con la certeza de que nadie se atrevería a usarlo, para terminar como jefa del departamento de performance en Harvard University. Casi nada.
La fórmula de Luisma para convertirse en estrella era simple: sustituir el oficio por el gesto, la provocación y el conflicto. En Cuba, el performance tenía una ventaja perfecta: una acción mínima podía provocar censura, vigilancia o arrestos, y la reacción del Estado pasaba a formar parte de la obra. Afuera, ese mismo conflicto se convertía en prensa, legitimación y valor simbólico. Si los coleccionistas compraban humo, ¿por qué no venderles performances? Tania ya había abierto el camino. Luisma solo tenía que descubrir hasta dónde podía llegar, construir el relato y avanzar despacio antes de acelerar. En marketing, eso se llama second-mover advantage.
Los performances estuvieron precedidos por Los héroes no pesan (2011), una serie escultórica sobre veteranos cubanos de la guerra de Angola mutilados física y psicológicamente. ¿Podía la Gestapo quejarse de que un humilde artista honrara a los gloriosos combatientes internacionalistas? De ahí pasó a lo religioso y ritual —Los perros también van al cielo (2012–2013), La Caridad nos une (2013) y Peregrinación a San Lázaro (2017)—, terrenos que, aun con tensiones, la satrapía toleraba desde hacía años.
En paralelo fue descubriendo el espectáculo y la autopromoción. En Por un socialismo próspero y sustentable se introdujo en el desfile del Primero de Mayo con las figuras de Fidel Castro y Hugo Chávez. En 2015, Bodas de papel. Unidos por el WiFi lo llevó a bailar prácticamente en hilo dental alrededor de un poste de 23 y L, acompañado por mariachis; en Welcome to Yumas / Miss Bienal recorrió la XII Bienal vestido de bailarina de Tropicana y repartiendo tarjetas como “Miss Bienal”; y en Materialización del objeto soñado, vestido de Superman, llegó a incorporar explícitamente estrategias de marketing para promocionar su propia aparición. Antes de enfrentarse frontalmente al Estado, ya había descubierto que el cuerpo, el espectáculo, el escándalo y la autopromoción podían formar parte de la obra. Cualquier tema venía bien, siempre que lo empujara en la dirección correcta.
Después escaló hacia los héroes y símbolos nacionales: ¿Dónde está Mella? (2017), Se USA, ¿Que la patria os contempla orgullosa?, Réquiem por la patria y Drapeau (2019). ¿No es ese Mella el fundador del Primer Partido Comunista de Cuba junto a Carlos Baliño en 1925, cuyo rostro aparece en el escudo de la UJC? ¿En qué momento dejó Luisma de jugar con la cadena y le dijo al mono que enarbola la bandera lo que se merece?
En febrero de 2020, tras la muerte de tres niñas de 11 y 12 años aplastadas por el derrumbe de un balcón en La Habana, recorrió la ciudad con un casco de constructor que decía: “Los niños nacieron para ser felices, no para morir en derrumbes”. Visibilizar la tragedia implicaba una acusación a la desidia estatal, pero era todavía una protesta que el régimen podía achacar al Poder Popular, a Comunales, a Áreas Verdes o al Cruel Bloqueo Imperialista.
Catapulteo.
San Isidro no improvisaba su promoción. Su propio informe de 2019 describe una estrategia de comunicación perfectamente reconocible: acciones de impacto, documentación inmediata, redes sociales, sobre todo Facebook, prensa independiente como primer amplificador, figuras públicas como multiplicadores y, finalmente, acceso a BBC, The New York Times, El País o CNN. Segmentaban públicos, buscaban aliados, mantenían redes de activistas y clictivistas y adaptaban el mensaje según la audiencia. Hasta la represión entraba en la ecuación: si el Gobierno permitía la acción, avanzaban; si reprimía, las imágenes de artistas detenidos alimentaban la campaña internacional. En 2020, con las directas, los hashtags y Damas 955 convertido en un reality show político transmitido por redes, el mecanismo alcanzó otra escala.
Mientras tanto, la promoción internacional avanzaba. Su arresto de marzo de 2020 provocó una campaña respaldada por casi 900 figuras del ámbito cultural, amplia cobertura en la prensa internacional y su designación como preso de conciencia por Amnistía Internacional. En mayo, Americas Society lo presentó en su serie In the Studio y, entre junio y diciembre, el USF Contemporary Art Museum lo incluyó en Life During Wartime, junto a figuras reconocidas del arte contemporáneo.
Todavía no llegaban los grandes premios personales, pero Luisma ya había dejado de ser un fenómeno del circuito alternativo cubano: la represión estaba haciendo exactamente lo que el performance necesitaba: internacionalizar el personaje. Era hora de escalar. Pero aquí surge una pregunta clave: si el objetivo era usar el arte para liberar a Cuba y en San Isidro había espacio para poetas, raperos, trapecistas, magos, curadoras, curanderos y otras frutas tropicales, ¿por qué LMOA terminó convertido en el artista plástico y rostro central del relato?
Pincha al Mono, que yo te Cargo la Jaba… tal vez por no mucho tiempo
Y empezaron a pinchar al mono. La confrontación escaló: vigilancia, arrestos y confiscaciones pasaron a formar parte del relato artístico, hasta El garrote vil (2021) y las huelgas de hambre y sed, donde prácticamente desaparece la frontera entre performance, activismo y desafío directo a la Seguridad del Estado.
En una de sus entrevistas, LMOA dijo que “quería tener la experiencia del presidio”. Nada indicaba que sería algo cruento. Tania Bruguera nunca fue condenada. El 4 de mayo de 1990, durante la inauguración de la exposición colectiva El objeto esculturado, en el Centro de Desarrollo de las Artes Visuales, Ángel Delgado realizó el performance La esperanza es lo último que se está perdiendo. Colocó en el suelo un ejemplar de Granma y defecó sobre él delante del público. Lo condenaron a seis meses por “escándalo público”. El Sexto (Danilo Maldonado) pasó diez meses preso sin juicio por intentar llevar al Parque Central dos puercos pintados con los nombres de Fidel y Raúl y, además, ganó el Václav Havel International Prize for Creative Dissent de la Human Rights Foundation. Lo de Luisma parecía un chiste comparado con eso.
LMOA fue arrestado el 11 de julio de 2021, alrededor de las 3:00 p. m., cuando se dirigía a participar en las protestas del 11J. Antes, había publicado un video anunciando que saldría a manifestarse y llamó a su pareja para decirle que iba hacia una protesta en el centro de la ciudad. Lo único que le faltó fue llamar a la Guardia Operativa del Edificio del MININT, o a Atención a la Ciudadanía del Consejo de Estado para que fueran a buscarlo y ahorrarse la caminata. Días más tarde se supo que estaba recluido en Villa Marista, desde donde posteriormente fue trasladado a la prisión de máxima seguridad de Guanajay.
Por solidaridad, sentido de la justicia y ansias por la libertad de Cuba, cubanos de todos los colores políticos, incluyendo a los Trumpistas Charco-e-Sangre que menciona el komsomol Carlos M. Che Guevara Álvarez en uno de sus acostumbrados bodrios, apoyamos decididamente la liberación de LMOA, pese a que sabíamos que era woke hasta la tambora. Pero en ese ardor, se nos escaparon las siguientes preguntas:
¿A quién rayos le importaba, durante la COVID y en la Cuba muerta de hambre de 2021, que un puñado de artistas e intelectuales metatrancosos se “acuartelara” a leer poesía y bailar en la calle porque el Gobierno había aprobado un decreto contra su libertad de expresión, si en Cuba nadie tenía verdadero derecho a expresarse desde 1959? ¿Con toda esa proyección internacional, por qué protestar solo contra ese decreto en particular y no contra toda la falta de libertad de expresión?
Apenas tres meses antes del 11 J, el 30 de marzo de 2021, LMOA declaró en una directa de Facebook: “La intención de nosotros no es tumbar una dictadura sino construir una democracia” y el Movimiento San Isidro difundió ese mismo día la idea de forma todavía más directa: “Nosotros no queremos tumbar la dictadura, nosotros queremos construir la democracia en Cuba”. ¿Cómo pudimos creer que LMOA era un opositor legítimo y no ver que San Isidro no era más que un muy bien montado marketing plan para promover su carrera artística?
¿De dónde salió esa mentira de que fueron LMOA y el Proyecto San y Circo los que encendieron las protestas del 11J?
Tras un juicio celebrado el 30 y 31 de Mayo de 2022, LMOA fue condenado a 5 años de prisión, pero lejos de sufrir las privaciones del resto de los presos políticos y con el beneplácito de la Gestapo, convirtió su presidio en una residencia artística con alojamiento, alimentación, pabellón y promoción internacional. Él lo explica diciendo: “Sabían que, si no me dejaban pintar, me moría”. ¿En serio? La respuesta es mejor en inglés: Bullshit. Dejaron morir de hambre a Orlando Zapata y asesinaron descaradamente a Oswaldo Payá, Premio Sájarov, y no pasó nada.
Nace una Estrella… Solitaria. La Disidencia como Pedestal y la Infame Colaboración
Desde su encarcelamiento en 2021, los premios y reconocimientos se multiplicaron. Ese año, LMOA fue incluido por TIME entre las 100 personas más influyentes del mundo, en la categoría Icons; recibió el Oxi Courage Award de la Washington Oxi Day Foundation y el Premio López-Pons de Derechos Humanos del Centro Latinoamericano para la No Violencia. Paralelamente, el Movimiento San Isidro recibió el Dissident Human Rights Award de la Victims of Communism Memorial Foundation y el Democracy Courage Tribute del World Movement for Democracy, mientras ArtReview incluyó al MSI y al 27N en su Power 100 de 2021. En 2022, LMOA y Maykel Osorbo recibieron el Freedom Award de Freedom House, y LMOA fue uno de los seis laureados con el Prince Claus Impact Award. Ese mismo año, MSI y 27N subieron al puesto 67 del Power 100 de ArtReview. En 2024 recibió el Rafto Prize for Human Rights y, en 2025, el Václav Havel International Prize for Creative Dissent de la Human Rights Foundation.
Esos premios, además de aumentar el valor de sus obras en el mercado al validar la narrativa que las sostiene, vienen en muchos casos acompañados de importantes sumas de dinero. Por eso Luisma dice, con razón, en una de sus entrevistas, que él tiene más dinero que la media de los cubanos y que “si quisiera estaría millonario en New York”.
Sin embargo, la verdadera razón de la mayoría de esos galardones no es su arte, sino el carácter político de sus acciones y el capital simbólico que estas le aportan.
A lo anterior se suman fondos, donaciones de muchos cubanos y el producto de las ventas de obras mientras estaba en prisión. Según Yotuel Romero, en diciembre de 2023, durante la exposición Patria y Vida. The Forbidden Art en Miami, se habían recaudado unos 200.000 dólares en el primer día por la venta de obras, muchas de ellas realizadas por LMOA desde prisión. La muestra abrió el 6 de diciembre de 2023 y, para el día 8, medios como CiberCuba reportaban, citando a Yotuel, que la mayoría de las más de 90 obras expuestas ya se habían vendido.
Sin contar las ventas realizadas desde su llegada al exilio, estamos hablando de una maquinaria económica de varios cientos de miles de dólares alrededor de su figura.
Para el próximo debate de la Asamblea General de la ONU sobre los abusos contra los presos políticos en Cuba, Bruno Rodríguez Parrilla lleva un texto redactado por un agente de Villa Marista que dice:
“A un connotado enemigo de la Revolución no solo se le garantizó su integridad física, atención médica y alimentación adecuada, en algunos casos enviada por otros contrarrevolucionarios desde Estados Unidos, sino también las condiciones para que pudiera crear más de 4 mil obras, la autorización para el ingreso de materiales de arte y la posibilidad de sacarlas de prisión y del país, pese a ser contestatarias, así como exhibirlas en el extranjero como propaganda enemiga. Además, se facilitó su comunicación constante con otros apátridas en Miami desde un teléfono del MININT y tiempo de llamada suficiente para conceder varias entrevistas desde prisión. Pese a las duras condiciones impuestas a Cuba por el criminal bloqueo imperialista, se le alojó en una casa de visita con todas las condiciones, incluyendo piscina, comida, cerveza, ron y whisky (chino), para que disfrutara con su familia durante 11 días, tras los cuales este traidor no pudo dejar de reconocer el trabajo de los gloriosos oficiales a cargo de cuidarlo, quienes humildemente aceptaron sus abrazos de despedida. Quienes calumnian a Cuba pueden comprobar ahora lo que la Revolución siempre ha dicho, que los llamados disidentes no son otra cosa que asalariados del Imperio, enriquecidos por traicionar a su patria”
Bruno ni siquiera tendría que molestarse en mostrar evidencia. El propio LMOA, su equipo de trabajo, varias publicaciones, los Orgones de todas clases y las instituciones que se han prestado para este circo se han esmerado en confirmarlo.
¿No tienen LMOA y Anamely Ramos la obligación moral de explicar por qué durante años se proyectó hacia afuera una narrativa de abusos y presidio político mientras, al mismo tiempo, existía otra realidad de privilegios, producción artística, comunicaciones y facilidades excepcionales? ¿Cuál es entonces la historia completa?
¿Bajo qué condiciones se obtuvieron esos privilegios que jamás le han concedido a otro preso político desde 1959?
¿Cómo se gestionaron esas llamadas para las entrevistas con Che Guevara Álvarez de El Estornude?
¿Cómo entraban esos materiales, dónde se almacenaron esas 4 mil obras en prisión, o salían según eran producidas?
¿Quién gestionó su salida de prisión? ¿Quién organizó la logística para transportarlas? ¿Quién obtuvo el permiso del Registro Nacional de Bienes Culturales y coordinó la revisión en aduana de más de 4 mil obras, una por una, como es el procedimiento para cada artista?
Pese a que no aparece un carcelero por ninguna parte, los Orgones metatrancosos nos dicen que “las pinturas reflejan el presidio”. Genial. ¿Qué esperaban? ¿Imágenes tras barrotes de los leones famélicos del Zoológico de 26? ¿Cómo explican que la piscina de la casa de visitas del MININT aparezca pintada dentro de los calabozos de Guanajay antes de que LMOA dejara la cárcel?
¿Cuánto dinero se movilizó alrededor de LMOA gracias a su condición de disidente y preso político, premios, donaciones, fondos públicos y ventas, quién lo administró y qué responsabilidad existe frente a quienes aportaron dinero, prestigio y apoyo creyendo que respaldaban una causa colectiva, así como frente a los otros presos y disidentes que han luchado o siguen en prisión por la misma causa de la libertad de Cuba?
¿No tienen ellos el derecho moral a preguntar cuánto valor económico produjo la causa que ayudaron a construir, quién se benefició de él y si aquello que se presentó como una lucha colectiva terminó funcionando como el pedestal de una carrera individual?
Sobre todo, ¿cuánto de esos cientos de miles de dólares se usó para ayudar a otros presos políticos que no tenían, ni tienen esos privilegios, o a sus hijos?
¿Todo un equipo de trabajo, en el que había al menos dos curadoras, una de ellas antropóloga social y profesora universitaria, con años en la disidencia y un profundo conocimiento del valor simbólico del arte, además de periodistas y otros profesionales disidentes, no se dio cuenta de que le estaba dando a la Seguridad del Estado exactamente lo que necesitaba para construir una falsa narrativa del presidio político y desmoralizarnos a todos, incluyendo al Gobierno Americano?
¿Qué funcionario del Gobierno Americano va a volver a poner su capital político por otro preso cubano después de todo esto? ¿Alguien con un mínimo de vergüenza se atreve a decir que el precio de todo esto no lo están pagando ahora mismo quienes aún están en prisión?…
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