EDITO

ED. Trump y Macron

Por Zoé Valdés/El Debate.

La reunión prevista entre el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y el presidente de Francia, Emmanuel Macron, este lunes genera una gran expectación tanto en Europa como en Norteamérica. El encuentro llega en un contexto internacional marcado por la guerra en Ucrania, las tensiones en Oriente Próximo, los desafíos económicos globales y los debates sobre el futuro de la relación entre Estados Unidos y sus aliados europeos. Aunque la agenda oficial puede incluir diversos asuntos bilaterales, existen varios temas estratégicos que previsiblemente ocuparán el centro de las conversaciones. Cuando esta columna se publique tendremos más información, mientras tanto presumiré de suponer agenda entre ambos.

Uno de los temas más relevantes será, previsiblemente, la situación en Ucrania. Desde el inicio del conflicto con Rusia, Francia ha desempeñado un papel activo en el respaldo político, económico y militar a Kiev, mientras que la posición de Trump ha generado debates por su intención de buscar una rápida negociación para poner fin a la guerra. Pero inclusive así, Trump ha movido más fichas por la paz que Macron cuya actuación al inicio con sus manierismos de cualquier tipo lo que hizo fue atizar todavía más el carácter bélico de Vladimir Putin.

Macron ha insistido en numerosas ocasiones en que cualquier acuerdo de paz debe garantizar la soberanía y la seguridad de Ucrania, y de ese punto resulta inamovible, es para aplaudir, pero también es ignorar que eso no es lo que quiere la otra parte de ninguna forma. Por su parte, Trump ha defendido la necesidad de acelerar las conversaciones diplomáticas entre Moscú y Kiev para evitar una prolongación del conflicto y sus consecuencias económicas.

Durante la reunión, ambos líderes podrían intercambiar puntos de vista sobre posibles escenarios de negociación, el nivel de apoyo occidental a Ucrania y el papel de la OTAN en la seguridad europea. Aunque sus enfoques no siempre coinciden, la búsqueda de una posición común será un elemento importante para la estabilidad del bloque occidental. Esa posición común a mi juicio no existe con relación a las invasiones y acciones islamo-comunistas en Occidente.

Otro asunto relevante será el futuro de la Alianza Atlántica. Macron ha defendido desde hace años la necesidad de una mayor autonomía estratégica europea, argumentando que el continente debe ser capaz de asumir más responsabilidades en materia de defensa; sin abundar en cómo hacerlo.

Trump, en cambio, ha insistido en que los países europeos deben aumentar su gasto militar y asumir una mayor parte de los costes de seguridad dentro de la OTAN. Esta cuestión ha sido histórica fuente de tensión entre Washington y varios socios europeos –que han terminado aceptando pagar lo que deben pagar, salvo la España sanchista.

La economía también ocupará un lugar destacado en las conversaciones. Estados Unidos y Francia mantienen una relación comercial intensa, aunque no exenta de desacuerdos en sectores como la tecnología, la agricultura y la industria.

Macron probablemente buscará garantizar un entendimiento de cooperación económica estable entre ambas potencias, en un momento marcado por la competencia global con China y por los esfuerzos para reforzar las cadenas de suministro occidentales.

Podrían abordar cuestiones relacionadas con las inversiones, la política industrial, las energías renovables –otro cuento chino– y la competitividad de las empresas europeas frente a las ayudas públicas estadounidenses destinadas a sectores estratégicos –o sea, nula competitividad.

Francia comparte algunas preocupaciones sobre la creciente influencia china, aunque suele defender una posición más equilibrada que combine competencia y cooperación. Durante la reunión, Trump y Macron podrían debatir cómo coordinar sus estrategias respecto a cuestiones como el comercio internacional, la seguridad tecnológica, las infraestructuras críticas y la estabilidad en la región indo-pacífica.

La situación en Oriente Próximo también estará previsiblemente presente en la agenda. Los conflictos regionales, la lucha contra el terrorismo y la seguridad energética continúan siendo elementos fundamentales para la estabilidad internacional.

Francia ha mantenido tradicionalmente un papel diplomático activo en la región, mientras que Estados Unidos sigue siendo uno de los principales actores externos en los asuntos de Oriente Próximo. Ambos mandatarios podrían analizar la evolución de las crisis regionales, las relaciones con Israel y los países árabes, así como los esfuerzos para reducir la inestabilidad.

Aunque las prioridades de ambos líderes han diferido en el pasado respecto a las políticas climáticas, la energía seguirá siendo un tema importante. Europa continúa impulsando sus desastres de descarbonización y transición ecológica, mientras que Estados Unidos busca fortalecer su seguridad energética y su capacidad industrial…

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