EDITO

ED. Los Castro temen a Marco Rubio

Por Zoé Valdés/El Debate.

No existe una confirmación oficial que demuestre que la familia Castro «tema» personalmente al secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, en un sentido literal o psicológico. Lo que sí se puede afirmar, con base en fuentes públicas recientes, es lo siguiente: existe tensión política real entre Washington La Habana a causa de Rubio, quien ha adoptado una línea muy dura –como debe ser– contra el régimen castrista, calificándolo públicamente de «desastre» (lo que es una evidencia) y defendiendo la salida del régimen como condición para cualquier cambio sustancial en la relación bilateral –inexistente hasta ahora.

Circulan rumores y versiones contradictorias sobre contactos indirectos. Diversos medios (AxiosMiami Herald…) han informado sobre conversaciones exploratorias entre personas del entorno de Rubio y Raúl Guillermo Rodríguez Castro (nieto de Raúl Castro). Sin embargo, hasta hace poco, el régimen castrista había negado oficialmente que existiesen negociaciones o contactos formales, calificándolos de «especulación». Bien, ya lo han reconocido por fin.

Congresistas estadounidenses cercanos a Rubio también han negado que mantenga negociaciones directas con la familia Castro. No obstante, el silencio y reacciones irónicas desde el entorno Castro, se ha hecho notar. Figuras como Sandro Castro (nieto de Fidel Castro) han respondido con ironía y burla en redes sociales, lo que muestra atención al tema, lo que a mi juicio prueba miedo real enmascarado bajo el típico choteo, ese mal endémico de la sociedad cubana del que escribió magistralmente Jorge Mañach; lo que además refleja una estrategia comunicativa defensiva ante la presión de Estados Unidos.

Ha habido reconocimiento de encuentros oficiales limitados, cierto. En abril de 2026, La Habana confirmó un encuentro con enviados del Departamento de Estado, encabezado por la diplomacia estadounidense, sin aceptar ultimátums ni plazos, subrayando que no hubo imposiciones –lo que siempre hacen llenándose la boca e inflando las barrigas más de lo que las tienen.

Cualquiera diría que no hay pruebas verificables de «miedo personal» de los Castro hacia Marco Rubio. Lo que no se puede negar es que sí hay incomodidad política y presión estratégica, debido al papel de Rubio como principal impulsor de sanciones, del cumplimiento cabal de la Ley Helms-Burton, aislamiento diplomático y exigencias de cambio de régimen. Lo que yo interpreto como que están jiñados en los pantalones.

Reconozco que la narrativa del «temor» pudiera traducirse sobre todo en retórica política y mediática, utilizada tanto por opositores al régimen como por comentaristas para enfatizar el impacto de la política estadounidense. Lo que sí es una realidad es que Marco Rubio comparado con otros secretarios de Estado frente a Cuba, e inclusive frente a China, es el mejor que haya tenido históricamente Estados Unidos, y de paso los cubanos. Porque no olvidemos que Henry Kissinger se bajó los calzoncillos delante de la China comunista.

Tanto The Washington Post como en el magnífico artículo de Carmen de Carlos aquí en El Debate sostienen, con matices distintos, que la cúpula castrista evita o teme dialogar directamente con Marco Rubio, aunque lo expresan en términos políticos y estratégicos, no psicológicos.

A continuación, lo explico ciñéndome solo a lo que dicen los medios, sin añadir inferencias propias. El artículo de El Debate del 22 de abril de 2026, titulado La dictadura prefiere negociar con Trump y marginar a Marco Rubio, es muy claro en su tesis. Afirma que «lo que más le preocupa al régimen es la presencia y el poder de Marco Rubio». Señala que el régimen de Miguel Díaz Canel, que no es más que el de los hijos y nietos de los Castro, y el entorno de Raúl Castro, buscan deliberadamente esquivar al secretario de Estado, intentando un canal directo con Donald Trump para evitar tener que negociar con Rubio.

Presenta a Rubio como el eje de la estrategia estadounidense para acabar con el régimen (lo que sin duda alguna lo es) y subraya que, por su origen cubano y su posición política, no es un interlocutor cómodo ni controlable para los Castro. En ese sentido, Carmen de Carlos describe una preocupación directa del régimen ante el papel personal y político de Rubio en el dosier cubano. Y lleva razón, yo lo traduzco como miedo.

Aunque el artículo del Washington Post no formula la idea en términos tan explícitos como El Debate, sí sostiene –según lo recogido por medios que lo citan– tres puntos clave: que los contactos estadounidenses evitan los canales oficiales cubanos, lo que refleja reticencias del régimen a dialogar abiertamente. Que Marco Rubio y su equipo consideran que el verdadero poder sigue en manos de Raúl Castro, y que el régimen comunista teme aparecer debilitado en una negociación directa frente a Rubio. Que el régimen cubano prefiere conversaciones indirectas, discretas o negables (como si ellos lo hubieran sabido hacer alguna vez), en lugar de una discusión frontal con Rubio, a quien identifican como arquitecto de la presión política y económica contra la isla. O sea, están haciendo la errónea transferencia de nivelar a Marco Rubio con Edmundo González María Corina Machado para Venezuela

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