Por Edgardo Pinell/El Debate.
El padre Alberto Reyes nació en 1967 en Camagüey, en la parte oriental de Cuba, ocho años después del triunfo de la Revolución Cubana liderada por Fidel y Raúl Castro. Sus feligreses de la pequeña parroquia de Esmeralda tampoco conocen otro sistema político que no sea el comunismo y luchan todos los días por mantener encendida la fe cristiana que el régimen ha tratado de extirpar del pueblo cubano durante los últimos 67 años.
Reyes, de visita en Madrid donde ya hace muchos años estudió Psicología Clínica con los que complementó sus estudios de teología en Roma, señala sin ambages que los cubanos «no queremos el comunismo en Cuba, como pueblo queremos un cambio de sistema».
El sacerdote explica que si bien «la Iglesia no está llamada a hacer política partidista… si la Iglesia se calla, es cómplice de la injusticia» porque «ser apolítico sería decir a mí no me importa el sufrimiento de la gente y eso no sería coherente con el Evangelio».
–¿Cuál es el sentir de los cubanos en medio de la situación que viven hoy día?
–El sentimiento es igual en todo el país. Nosotros no queremos el comunismo en Cuba. A nivel de pueblo, creo que el 11 de julio lo dejó muy claro. Nosotros como pueblo, como mayoría, queremos un cambio de sistema, eso está claro.
Durante años han habido manifestaciones continuas en todo el país. La diferencia está en la desprotección. Como sociedad en general somos una sociedad desprotegida. En Cuba no hay un Estado de derecho. En Cuba una persona se manifiesta públicamente pidiendo libertad y te pueden meter preso y condenar a cinco, diez o quince años de cárcel tranquilamente, tengas la edad que tenga. De hecho, ahora está el caso de Jonathan Muir, un adolescente de 16 años que lo acusan de sabotaje. Un niño que en Morón fue con su padre a gritar pidiendo libertad.
–¿Por qué se ensañan incluso contra un adolescente?
–El caso de Jonatan es muy interesante porque es hijo de un pastor evangélico y tiene 16 años, con lo cual yo creo que Jonatan ha sido concebido por el Gobierno como una bandera, es decir, es una advertencia contra los jóvenes. Es una advertencia a los padres y es una advertencia a las iglesias. Ni siendo iglesia estás protegido y ese niño con 16 años está en una cárcel de máxima seguridad.
El otro día lo provocaron y terminaron golpeándolo. Y de momento nadie ha podido hacer nada, porque en Cuba no hay un Estado de Derecho y la sociedad civil es muy vulnerable, está muy desprotegida…
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