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CO. Láncara, el origen del mal

Por Omar Sixto/Cuba Olvidada.

El alcalde socialista de la aldea gallega de Láncara, en Lugo, ha pedido a la embajada cubana en España que retire un busto de José Martí instalado en la choza de donde salió Ángel Castro —un gallego pobre— a hacer fortuna en una Cuba próspera hace más de cien años. El hijo bastardo de ese gallego, Fidel Hipólito Ruz, se apropió durante décadas del nombre de un hombre justo y limpio, y del ideario del fundador de nuestra Cuba libre.

Ángel no tenía nada de ángel. Se hizo de tierras en el oriente cubano, hizo fortuna y dio hijas e hijos a trocha y mocha. Unos ángeles, otros demonios. Y uno de estos últimos —ya reconocido como hijo legal, despojado del burlable Hipólito y arropado con el reconocido Castro— comprendió de inmediato que, si quería figurar en la historia de Cuba (lo cual era lo único que le importaba), tenía que apropiarse de la imagen, el prestigio y el ideario de nuestro gran José Martí.

En realidad, el bastardo —ahora bautizado— echó mano de lo que fuera para hacerse de un nombre, más allá de los calificativos de Bola de Churre, Guajiro o el Loco con los que era conocido. En su carrera a la fama usó todo tipo de maromas para figurar en la prensa. Prensa libre en aquel país en el que nació sin padre legal.

Primero se robó la campana de La Demajagua, bronce con el que la Cuba libre dio su primer grito. Luego embaucó a un grupo de jóvenes limpios y decentes, y los llevó a asaltar un cuartel militar donde pernoctaban cubanos pobres, empleados de las fuerzas armadas de una república mancillada, pero funcional. Los llevó a matar cubanos, a compatriotas, en nombre de José Martí.

Digo los llevó, pues él nunca llegó a la acción. Cobarde fue siempre.

Así es que, luego de unos años, los golpes de efecto de ese bandido —enarbolando el prestigio y la pureza de un hombre limpio, de José Martí— lograron que la mayoría de los cubanos de entonces, en 1959, le entregaran las riendas de sus destinos, hechizados por su imparable verborrea…

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