Por Omar Sixto.
Cualquier solución a la catástrofe humanitaria en la que se hunden y mueren nuestros hermanos debe ser agradecida. Aun si es negociando con esos bandidos asesinos. A mí me encantaría que esa solución iniciara borrándolos a todos de la faz de la tierra, pero a estas alturas ya he tenido muchos deseos incumplidos. Mar como mar, lo primero, repito, es regresar un poco de civilización a la triste existencia diaria de los cubanos de la isla. Una cosa es cierta: de una forma u otra, Cuba será libre. Lo será pronto. Lo será aunque esa libertad —aquella dama hermosa con gorro frigio, encarcelada, fusilada o exiliada en 1959— tenga que atravesar un pantano lodoso, manchando sus blancas telas en fango, para devolverle a Cuba, a los cubanos y al mundo la república que nos robaron. Acompáñeme, no lo demoro.















