Por Omar Sixto/Cuba Olvidada.
En mi vieja Cuba, cuando alguien sobrevivía a algún hecho inesperado o negativo, decían: “Sigue vivito y coleando”. Así está la Junta Militar de Barrigones cuatro meses después de que la administración Trump declarara su maligno Estado fallido como un “peligro inusual para la seguridad nacional de Estados Unidos”.
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Los Panzones ahí siguen, haciendo lo que mejor hacen; y miren: son ineptos en producir algo material, pero son excelentes en ganar tiempo, en manipular la narrativa, en hacerse las víctimas, en convencer a otros países cómplices para que los sostengan y —no por último lo menos nocivo— en reprimir. No me crean a mí: créanles a los hechos.
No han liberado a todos los presos políticos como se les exige. Y los pocos que han sido excarcelados han salido con medidas preventivas. A otro nos lo mandaron con una virgen rota y a balbucear por todos lados. El resto, incluyendo a los valientes que salieron en busca de la libertad el 11 de julio de 2021, siguen secuestrados en esos corrales inmundos que ellos llaman prisiones. Ah, y excarcelan a un puñado mientras día a día encierran a decenas.
No me extenderé hoy en lo expertos que son en ganar tiempo y en todo lo demás ya dicho, pero sí en lo de los países con regímenes cómplices que se mantienen sosteniendo a esa dictadura moribunda pero aún peligrosa. Uno pensaría que las sanciones de la administración Trump a estos regímenes significarían el cese del apoyo a la hiedra que genera mucho del resentimiento mundial hacia la democracia y hacia los Estados Unidos.
Las sanciones anteriores nunca funcionaron con el petróleo de turbio manejo que les enviaban Venezuela y Rusia a estos glotones de riqueza y defecadores de miseria. Aquel que revendían en el mercado fantasma internacional mientras los cubanos disfrutaban de sus autóctonos apagones. Esos millones de barriles de crudo mafioso solo dejaron de fluir hacia Cuba después de que los chicos de la 160.ª Aerotransportada se llevaran a Nicolás Maduro de paseo a Nueva York y de que los chicos de Zelenski no se amilanaran frente al oso ruso y a golpe de drones tuvieran a los rusos ahorrando para sí el combustible que no les explotan los de Kiev.
Cuando estos dos dejaron de mantener a los vagos ineptos de la Junta Militar de Barrigones, dio el paso al frente la compañera Claudia Sheinbaum Pardo, gerente de ese bello país llamado México. País convertido en un narcoestado autoritario en el que la guerra entre los cárteles del crimen organizado y la inseguridad pública cobra más vidas al año que los muertos en la guerra de Ucrania.
Durante todo el gobierno de Andrés Manuel López Obrador (AMLO), jefe y santo patrono de la camarada Claudia, México fue plataforma para la coordinada invasión migratoria que La Habana desató contra Estados Unidos. También fue de los pocos países que pagó millones de dólares a la dictadura cubana por vacunas contra el COVID-19. Y fue otro de los países que acogió —y que acoge— a miles de profesionales de la salud pública, esclavos de la dictadura cubana.
Todo esto siendo México el principal socio comercial de Estados Unidos y sabiendo que en su vecino del norte viven más de treinta millones de personas de ascendencia mexicana. No solo la autodenominada Cuarta Transformación —que no es cuarta, es de cuarta— es cómplice del cáncer cubano, sino que lo es, además, de la mayoría de los países y organizaciones enemigas de la democracia y de Estados Unidos.
Pero con Cuba y los envíos “solidarios” de petróleo robado a los mexicanos se toparon con Trump y los interrumpieron, al menos los de grandes cantidades. No crea que eso los detuvo: los comunistas, eso que se llama “la izquierda internacional” y los bandidos, siempre encuentran el modo de evadir la aplicación de sanciones o regirse por criterios de decencia y transparencia…
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