Por Carla Gloria Colomé/El País.
No es La Habana de los sesenta, sino el Nueva York de hoy, pero el pianoman ha sentido, alguna vez, que son lo mismo. Despierta al mediodía en su apartamento de un piso 25 en Manhattan, con una vista de edificios maquetados en el horizonte, donde todo lo humano parece extinguirse de momento. El pianista siempre quiso vivir en Nueva York y aquí está. Ayer se fue a dormir tarde…
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