Yo duermo tranquila

Ailer González Mena en el centro

Por Ailer González Mena.

Estuve 10 años en la oposición dentro de Cuba. Fundé un proyecto que en sus inicios tuvo un matiz artístico, cívico e intelectual, me pude quedar en esa línea, haciéndome la artista o la ¨artivista¨ (palabrita de estos tiempos), pero cuando hubo que salir a buscar o presionar en las estaciones de policía por los activistas arrestados pallá fui. Cuando tocó salir a protestar en la calle allí me vieron, con los opositores más humildes, los anónimos. Puse luz sobre sus rostros y sus testimonios. Viví actos de repudio y respiré cada segundo de esos años la presión sicológica de una tiranía cobarde y tenebrosa, cercos policiales, agentes de la seguridad convertidos en sombra. Experimenté en piel la violencia física de los cancerberos castristas, estuve en calabozos pestilentes y asfixiantes, en interrogatorios amenazantes, en hospitales custodiada por militares frente a médicos amordazados por el temor, hasta un pinchazo me dio alguien de las turbas de respuesta rápida en medio de una protesta.

Mi madre y mi hija no vivían del susto, cada llamada que no respondía era una angustia, el miedo acechante de no verme más.

En esos años murieron en circunstancias inexplicables varios activistas que eran amigos cercanos y nuestra querida Evita, también envenenaron a Laika.

Un día, después de acumulación de episodios, que me hicieron comprender cómo se maneja el tema de la libertad de Cuba, darme de cabeza contra la ilusión y caérseme la venda de la ingenuidad, decidí marcharme.

Cargué una maleta con mis pocas cosas y viajé como tantas veces, Habana-Santiago para estar con mis padres, con mi hija y mi nieta. Una tarde pasé por la casa de mi abuela y me despedí de ella, aunque no sabía si me permitirían salir.

Lo que sí estaba claro para mí, y creo que para ellos, que conmigo no cabía el chantaje, ni conversadera ni escoltadera a cambio de mi salida.

A mi madre y a mi hija les dije: ¨Como se hagan los graciosos viro patrás¨.

Al amanecer llegué al aeropuerto, hice la cola, acuñaron mi pasaporte y entré a la sala de espera.

Antes de despegar llamé a mi mamá, a mi hija y a Claudio, ahora sí me despedía.

Era Semana Santa del 2019.

Salí al exilio como casi todo lo que hago en mi vida, por elección, exhausta física y mentalmente, pero con mi frente alta y el corazón sereno. Yo duermo tranquila.

Ailer González Mena es artista plástica, audiovisual, de las artes escénicas, y activista política. Jefe de Redacción de ZoePost. Reside en Miami. Este texto fue publicado por la autora hace siete años en su perfil de Facebook.

Ailer González Mena con las Damas de Blanco, sentada en el sueño en el centro derecha de la foto

3 Comments

  1. Félix Antonio Rojas G

    Ya somos 2…

  2. Pingback: Yo duermo tranquila – – Zoé Valdés

  3. Justo A Ruiz

    Aunque fui clandestino y no a pecho descubierto como tu, tambien pague mi precio en hospitales de castigo en medio de la nada, sin haber cometido una sola falta mas que decir lo que pensaba en voz alta, y fui regulado por mucho tiempo, saboteado profesionalente una y otra vez. Un dia de 1994, tras comprender cómo se maneja el tema de la libertad de Cuba, darme de cabeza contra la ilusión y caérseme la venda de la ingenuidad, tambien decidí marcharme. No pude despedirme de nadie salvo de mi esposa, de nadie mas, ni de mis padres ni de mis hijos, pues tenia prohibida la salida del pais y despedirme fue suficiente para frustrar mi salida en 1993. Se cuando me fui, pero no supe cuanto hasta hace pocos dias, en que volvi a irme de Cuba, esta vez tras comprender que todavia era ingenuo tras mas de 2 decadas de exilio. Tambien duermo tranquilo. Un abrazo.

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