Victoria sobre las rastras

Imagen RENE RAUSCHENBERGER

Por Chicho Porras.

 

“Que piensen lo que quieran, pero no pretendía ahogarme. Tenía intención de nadar hasta hundirme –pero no es lo mismo.”           Joseph Conrad

 

Mamá, ¿dónde pusiste el camafeo con la cara de Eva?  No lo encuentro y busca que busca y rebusca; lo tocas todo, lo viras todo al revés.  Necesito ese camafeo que me regaló Amencia, mi mejor enemiga.  No lo encuentro por ningún lugar y mira qué hora es ya, mamá, mamporrera, mamarones…

Petronila, espérate un instante, hija, que Victoria me está llamando, bueno, llamándome no, sino vociferando como una fiera desde el otro lado de la casa.  Mamá, deja el teléfono y ayúdame a encontrar ese camafeo.  Si no lo encuentro, no salgo de esta pocilga más nunca.

Déjame colgar, Petronila y te llamo en unos minutos, cuando esta hija mía se haya largado de la casa para siempre.  Sí, hija, ya se va, con el favor de Dios.  ¡Cuánto hemos esperado!  Yo soy una vieja y mártir a la misma vez. ¿Qué te parece?  Dice ahora que no encuentra un camafeo viejo que le regaló no sé quién.  No puedo creer que tenga que lucir tan emperifollada para acabar de matarse.  Cuando uno se quiere matar de verdad, no encuentra excusa alguna. Ya ella lleva cinco años en este jelengue y ninguna muerte es suficientemente buena para ella, ¿te imaginas?

Mamááááááá.  Hablo contigo después, Petronila.  Hasta luego que la cosa por esta casa no está muy buena. ¿Qué quieres Victoria María?  ¿Es necesario armar esa algarabía para llamar a tu madre? Yo tengo muy buenos oídos y lo oigo todo muy bien, gracias a Dios.

Es que te enganchas el teléfono en la oreja y pareces una maldita muerta. ¡No hay quien te lo despegue! Lo haces todo con el teléfono a rastro. Es más, creo que ya apestas.

Desde que me abandonó tu padre, solo el teléfono me da placer, hija.  No hagas a tu madre sufrir.  Sin ese teléfono sagrado, qué hubiese sido de nuestras vidas.  Porque no me dirás que yo te he apoyado en todas tus decisiones sin jamás darte la espalda.  El teléfono me ha dado ese espacio necesario para ser yo misma y la otra, tu madre.

No hables tanto y busca el camafeo.  Ese regalo de mi peor enemiga.  Lo tengo que llevar conmigo hacia el final…lo juré y lo seguiré jurando.

Hablando de camafeos, hija. míralo ahí está sobre la cama.  ¿Ves que lo tenías delante de los ojos y no lo veías?   Ahora, ya está todo bajo control.  ¿Te sientes mejor, Victoria María? Tengo que ser sincera: mirándote de arriba para abajo me doy cuenta de que luces hermosa.  Tienes más luz que una estrella.  Te has vestido como una reina, quiero que lo sepas bien.  Ese vestidito blanco con el encajito azul vitral por las mangas te queda precioso.  ¿Ves por qué no me quería dar candela, mamá?  Se hubiera echado a perder este vestidito tan lindo que me lo compuse yo misma.  Hija, la verdad que tengo que reconocer que desde hace unos seis meses para acá que decidiste matarte finalmente, hasta luces más hermosa.

¿Qué me dices de la posición en el banco que me ofrecieron?  Me siento tan completamente realizada.  ¿No sabes las ronchas que he levantado con todas esas solteronas pellejudas que me envidian?

Ven acá y dame un beso, mi Victoria querida.  No, no me beses que me embarras de tu sudor y se me fastidia este maquillaje. ¿Ves que bello es?  Por los ojos, sombra azul pavo real, y el creyón de labios se llama azul vaquero.  Estos ramalazos por entre la nariz y las orejas con de color azul almirante que te impone ese tipo de realidad espesa sobre la cara.

¿Te gustan estos tacones chinos que llevo puestos?   Me gustan mucho, Victoria.  Te dan un tipo de libertad sensual.  Los chinos son divinos para hacer cosas para los pies.  Desde los ungüentos hasta los torniquetes, no hay nada como la cosa china para realzar la belleza.  Tu tía, que en paz descanse, ¿qué tía?  Marchanta, la hermana de tu padre.  Esa era toda una princesa real.  Antes de lanzarse de un cuarenta piso hacia la acera se puso una toca de enfermera y unos espejuelos de sol que- los que la vieron morir- decían que era un ser que había volado de otro mundo.

¿No recuerdas que tú querías que yo hiciera lo mismo, mamá, lanzarme de un edificio para abajo?  Eso no sirve para nada.  El que imita, fracasa. Las cosas se tratan una vez y ya. La novedad le proporciona sabor a la vida.  Yo necesitaba mi propia autonomía, mis propias ideas.  ¿Comprendes?  Es que te demorabas tanto con matarte.  Un día con una navaja, otro que te ibas a tirar en la jaula de leones del zoológico, hasta el día en que pensaste en comer y comer hasta reventar.

Nunca has comprendido que soy una mujer original y siempre lo seré.  Esta vez, tirándome frente a una rastra me llenará de gloria.  Lo sé y lo presiento, hija mía.  Recuerda, y no lo tomes a mal, ir hasta la calle 127 y la avenida Okeechobee.  Por ahí pasan unas rastras maravillosas.  De esas con el acero níquel brillando desde el parabrisas hasta el parachoques.  Fíjate bien que tenga 18 ruedas.  Las cuentas todas si es necesario.  Es mejor tomarse el tiempo y hacer las cosas bien.  No seas como el tonto de tu padre que hasta para dejarme inventó la excusa de que lo llamaban del más allá y tenía que acudir.

¿Y esa estola, amor?  Mamá, la estola va sobre la cabeza, ¿ves?  La cosa virginal.  La idea de la perfección en un ser humano como yo. No ha habido un día de mi vida que no haya sido perfecto y tú lo sabes bien. Cierto, hija mía.  Mejor que tú no la quiero.  Muy auténtica la estola.  Además, te cubre la cara, o sea, da la impresión de que eres muy penosa.  La gente penosa tiene más derecho a vivir que cualquier otra.  ¿Quién va a ahora a criticarte cuando te vean muerta bajo la rastra?  Parecerás una mujer a todas, no sabrán descifrarte ni vivos ni muertos, y muchos menos los malandros que viven en esta ciudad calentona.

Bueno, nos vemos.  Cuando te enteres y todo haya salido bien, te pido que vendas todo lo mío. No regales nada.  El dinero me lo entierras al lado de mi tumba.  No se te olvide.  No le des un centavo a nadie. Que tú eres muy caritativa con la plata ajena.  Yo te doy potestad sobre mis cosas.  No quiero que se queden metidas en esta casa sin progresar.  Contigo en el teléfono, no hay forma de que el mundo avance.  Ah, y llama mañana a mi trabajo y le das la noticia de mi muerte a mi jefe.  Aquí te dejé el teléfono de su oficina.   Está bien, haré todo lo que me pidas y buena suerte, hija.

Petronila, ¿eres tú, mi querida amiga? Sí, ya al fin se fue. Tenía unas ganas que se acabara de ir a matar que no sabes cuanto me molestaba.  Era día y noche escogiendo lo que se iba a poner o lo que quería que botar de su cuarto, o esto o lo otro.  No tenía final.  Al menos, ahora pienso, y creo que estaré en lo cierto, que no va a regresar.  Mira, Petronila, si hay alguien que le conviene acabar con su vida es a esa hija mía.  Todo lo que toca se descompone, aunque tengo que admitir que para el trabajo es muy buena…lo demás, es por gusto.  Sí, ya sé que me desespero, Petro, pero, amiga, es el tiempo que pasa y esta hija mía sigue en veinte lugares al mismo tiempo.  Mira, mi prima Zulma, el día que decidió matarse se sentó en la mesa a la hora de la cena y los soltó así de rápido: mañana a esta hora soy hueso y polvo.  No le creímos nada. Pero si tú supieras que se metió candela como toda una yegua y cuando llegaron los bomberos lo quedaba de la pobre Zulma era una pila de baba prieta y unos mocos largos. Fíjate que creían que era una aparición de esas extraterrestres…Al verle el diente de oro que ella tenía nos dimos cuentaa…Ay, Petro, alguien me está llamando.  Espérate un segundo y te llamo de vuelta.  Esto me suena a llamada de policía, muertos, ese misterio.  Sí, sí, nos hablamos.  Hola, ¿quién habla?  ¿Quién? ¿Victoria María? ¿Cómo? ¿Qué? ¿Dónde?  No lo puedo creer…Serás tan mala hija.             ¿Qué te vas a vivir con el rastrero de marido?  Pues a mí no me vuelvas a llamar ni a buscar jamás en tu vida. Olvídate de que eres mi hija…y la tumba que esperaba tu cuerpo, voy mañana mismo y me voy a defecar en ella.  Ay, tengo que llamar a Petronila o me da algo.

Chicho Porras es poeta y narrador.

 

3 Comments

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  2. Juan Fernandez

    Muy refrescante 👏👏👏excelente

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