Tu arma favorita

Por Ray Luna.

El gobierno cubano ha vuelto a ser incluido en la lista de países patrocinadores del terrorismo. Una noticia que la disidencia debe tomar con mucha cautela porque podría tener un efecto devastador. ¡Ya sabemos cómo se las gasta el régimen! Si con la vuelta de los demócratas al poder se suponía un aumento de la represión, esta noticia da ahora todavía más validez a la hipótesis.

¿Qué sigue entonces? ¿Con qué nueva artimaña represiva podría responder el régimen? Porque el sistema totalitario cubano reprime apoyándose en un andamiaje legal, tan bien dotado, que le permite reajustarse a cualquier situación, por compleja que sea.

Verás, el arma represiva número uno del castrismo no son los perros entrenados, ni los policías de las tropas especiales, o los agentones del DSE. No, el arma más letal del régimen es el código penal.

Piénsalo, si fueras dictador ¿cuál sería tu arma represiva favorita? Bueno, la del régimen comunista cubano es la figura legal del predelito. 

REPORTE MINORITARIO

Seguramente recuerdas la película de Steven Spielberg Minority Report, si no, no importa. (Se estrenó en 2002 y está basada en un cuento de ciencia ficción de 1956 del escritor estadounidense Philip K. Dick llamado The Minority Report.) En la película, Spilberg narra cómo el sistema de justicia norteamericano utiliza a tres mutantes para predecir el futuro. La información le sirve para combatir el crimen, sobre todo los homicidios. Una vez presagiada la intención criminal de un ciudadano equis, las visiones de los mutantes —a los que Dick llamó precognoscientes— son procesadas y analizadas por un apparatus. Enseguida, la computadora genera un reporte que desestima una de las tres visiones y al que se le denomina reporte mayoritario. Naturalmente, ello implica la existencia de uno minoritario.

Es así que la policía suele detener al criminal antes de cometer el delito.

Si esto le suena conocido es porque sabe de la existencia en Cuba de una ley predelictiva [véase, Código Penal de Cuba, Título XI, El estado de peligrosidad y las medidas de seguridad, Cap. I, Arts. 72 y ss.], prescrita, en principio, para proteger a la sociedad de lo que se considera un estado peligroso [estado criminal de la mente] que, según, quedaría demostrado mediante la observación de aquellas conductas antisociales que atentan contra la «moral socialista».

Volvamos brevemente a la trama de la película. El agonista, el comisionado de la Unidad de Precrimen de la Policía, John A. Anderton, intercepta un día una premonición que dice que él mismo cometerá un asesinato. A partir de ahí comienza su lucha por conseguir el reporte minoritario que podría demostrar su inocencia.

La premisa de esta historia retoma la vieja discusión —que en la Edad Media protagonizaron agustinianos y tomistas— sobre el libre arbitrio frente al determinismo. ¿Una vez conocido el futuro, éste puede ser alterado? Otra de las cuestiones que la historia bosqueja es la de la profecía autocumplida, pues, en ocasiones el solo hecho de acusar a alguien desencadena una serie de eventos que conducen a ese alguien a la comisión del delito del que se le acusa.

Evidentemente, otros sistemas totalitarios implementaron en el pasado reciente leyes parecidas a la cubana. Sin embargo, hay un inconveniente legal con el que el predelito siempre tendrá que lidiar, ora en la ficción, ora en la realidad. Y es que por medio de dicha ley se llevan a cabo arrestos de ciudadanos que no han violado ninguna ley.

En la película se intenta demostrar, mediante un ejemplo de la física, que impedir un suceso no cambia el hecho de que, con absoluta certeza, iba a suceder. Como cuando se deja caer un objeto que luego es detenido justo antes de tocar el suelo. Pero las acciones humanas no responden sino a circunstancias meramente humanas. En efecto, justo antes de apuñalar a mi enemigo puedo optar por no convertirme en un homicida así sin más ni más. Pero ¿cómo saberlo si, el Estado, jugando a ser Dios, coarta mi libertad sin tomar en cuenta que lo que es en potencia, es un no-ser en acto?

Es ésta, por ende, una ley que sólo puede prescribirse en aquellos países en donde no existe el estado de derecho, allí donde no existen Principios Limitadores del Derecho Penal claros. De lo contrario esta ley entraría en contradicción directa con el Principio de Intervención Mínima y, lógicamente, con el propio Principio de Lesividad expuesto en la definición helénica de crimen: un daño voluntario contrario a la ley. Lo que no daña a nadie no se puede castigar. Además, en el caso de la ley cubana se viola el Principio de Máxima Taxatividad Legal e Interpretativa, dado que es en exceso ambigua. ¡Ni qué decir de su violencia punitiva!

No queda claro si la película de Spielberg legitima o critica un futuro Estado Paternalista de Seguridad del que nadie puede librarse, muy parecido al de 1984, salvo que aquí la vigilancia es electrónica. Ciertamente, una ley predelictiva puede ser en principio una cosa y otra muy diferente en la realidad. En la experiencia cubana, superadora de toda ficción, el abuso de poder es uno de los peligros constantes a los que los ciudadanos se ven expuestos y de los que son a ratos víctima porque no se cuenta con un sistema legal autoregulatorio y esto representa, de cara al futuro —lejano— un grave problema transicional.

En la película de Spielberg, el Estado posee una maquinaria, en apariencia, precisa y eficaz. El estado cubano, por otra parte, no cuenta con los medios para demostrar explícitamente la comisión en potencia de un crimen, so pena de ser omnipresente, omnisciente y omnipotente. Esto último plantea un problema filosófico mayor, pues, si el futuro puede determinarse, entonces, colegimos, no puede alterarse. De lo contrario no se trataría de un pronóstico infalible, sino de un futuro condicionado.

ESTADO DE SEGURIDAD

El cuento de Philip K. Dick, es un producto de la paranoia por la seguridad que surgió en el período de la post guerra. Después del 9/11 el Gobierno estadounidense implementó medidas de seguridad que coartan la libertad del ciudadano común, lo que ha estimulado la discriminación racial e impulsado la extinción de la vida privada. No viene al caso hablar aquí de los escandalosos Wikileaks, ni de las recomendaciones de Edward Snowden y Elon Musk acerca de no usar las redes sociales.

En el caso cubano, sabemos que, aunque con menos tecnología, el Estado liquidó hace años la vida privada y para Él todos tienen cara de delincuentes. Lo que es en sí tremendamente fascistoide. Allí donde sólo existe la presunción de culpabilidad, no hay inocentes en potencia.

Vienen tiempos difíciles o, como se les conocen en Cuba: tiempos.

Ray Luna es filólogo y bloguero reaccionario

2 Comments

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