Por Gloria Chávez Vásquez.
Antiguamente solía escuchar la versión de Así hablaba Zaratustra (R. Strauss) en la banda sonora de Odisea del espacio 2001, para recargarme de energía positiva. De ese modo, mi vida ha estado conectada a la música, desde siempre, como a un cordón umbilical, en este caso, musical. Más selectiva, gracias a los años, tengo muy claro lo que es la calidad y el papel de la buena música en nuestra vida.
Desde que la tecnología permitió reemplazar el sonido de la alarma de reloj por la música, ocasionalmente dos melodías me sacan del mundo de los sueños con el fruto del ingenio de sus autores: Bolero de Maurice Ravel (1875-1937) y Blue Tango de Leroy Anderson (1908-1975). La primera, apacible y gradual, invita a meditar antes del salto; la segunda, más enérgica, anima a incorporarse de inmediato, para emprender la acción y asumir la agenda diaria.

Tango Azul o Triste
La pieza instrumental del estadounidense, compuesta en 1951, se traduce en azul, pero también en triste. Es una mezcla del ritmo del tango tradicional, con una melodía lírica que evoca la elegancia de la nostalgia, retomada años más tarde, por el argentino Astor Piazzola (1921-1992). A lo largo del tiempo ha tenido múltiples interpretaciones. Es una de las más conocidas de Anderson, por su contagioso ritmo y vitalidad. En la década de los 60s fue interpretada magistralmente, por el trio mexicano, Los Diamantes.
Blue Tango surgió durante un periodo de exploración creativa, en el que su autor mezclaba las formas orquestadas en busca de piezas adaptables tanto a salas de concierto como a las grabaciones comerciales. Al pulso rítmico, añadió la emoción melancólica de melodías más sutiles y de pasiones contenidas; el resultado fue el cruce de la intensidad tradicional del tango con la del jazz más refinado. Compuesto inicialmente para una orquesta con instrumentos de viento, percusión y cuerdas —la genial síntesis musical de Anderson cautivó al público y se convirtió en un clásico de la posguerra. A partir de entonces, las grandes orquestas la han incorporado a su repertorio.

El bolero de Ravel
Como música orquestada, Bolero posee un atractivo irresistible y una popularidad duradera. Se dice que cada diez minutos una representación de la obra, comienza en algún lugar del mundo. Es innegable que hay algo en ella que capta la atención, ya sea la historia de la pieza o la propia música. El arreglo se desliza poco a poco hacia un clímax, desafiando las reglas de la música orquestada. ¿Esperanzadora o llena de desesperación atrapada? Depende de la emoción de quien la escucha. Durante el estreno de la obra en Nueva York, Ravel se quejó de que la interpretación del director, fue demasiado rápida y eso le restó calidad a la pieza.
Maurice Ravel fue un compositor, director y pianista francés, reconocido por haber desarrollado y establecido el impresionismo en la música. Meticuloso y lento, se dedicó a su carrera hasta convertirse en uno de los compositores más importantes de Francia, conocido por sus magníficas composiciones (Pavane pour une infante défunte, La Valse), por su preciosa música impresionista para ballet (Daphnis y Chloé), y por incorporar elementos barrocos, neoclásicos, modernistas y de jazz en su obra. Es sin duda, uno de los grandes maestros de la melodía.
Ravel era el compositor más célebre de Francia cuando compuso Bolero. Europa se había sumido en los ‘locos años veinte’ tras la devastación de la Primera Guerra Mundial, El jazz estaba en su apogeo y fluía por el continente, moldeando la cultura y las artes.
La historia del Bolero de Ravel comienza con el encargo de la famosa actriz y ballerina rusa Ida Rubinstein. Ravel trabajaba en la versión para orquesta de “Iberia” la obra para piano del compositor español Isaac Albéniz. El problema era que los derechos de la pieza ya habían sido concedidos al director español Enrique Arbós. Para cuando el director le cedió los derechos, el compositor ya había empezado una pieza original.

Ravel jugaba con la idea de construir una composición, a partir de un solo tema que creciera a través del ingenio armónico e instrumental. La melodía de Bolero le vino cuando estaba de vacaciones en Saint-Jean-de-Luz, Francia. El compositor había encontrado una idea musical única con la que los bailarines se expresaran al ritmo del ingenioso crescendo.
Bolero se estrenó en la Ópera de París el 22 de noviembre de 1928, con coreografía de la bailarina polaca Bronislava Nijinska, y guion de Alexandre Benois. La orquesta de la Ópera fue dirigida por Walther Straram. Para los efectos, la pieza no tenía una forma en el sentido estricto de la palabra; su modulación es escasa, pero ese fue el plan desde el principio. La melodía se prolonga, de manera circular, hasta que la “explosión” de los platillos, consigue un final abrupto.
La sencillez de la melodía se añade al misterio y a la intriga, cuando se considera en el contexto de todas las obras de Ravel. He aquí un hombre con una amplia gama en su música, y tantas complejidades y matices orquestales exquisitos a su disposición como ocurre en la música para Daphnis y Chloé. El compositor optó por prescindir de todo eso, eligiendo la simplicidad y la contención en la medida.
Como obra para danza, la coreografía y puesta en escena de Bolero contribuyeron a la controversia. El baile era atrevido y sensual, y cruzaba el límite de lo aceptable en la Ópera en su época. Tiene, además, un aire irónico. Según lo admitió el mismo Ravel, en su creación, experimentó y jugó con las formas, pero nunca esperó que la pieza generara tanto revuelo.
Bolero fue estrenada por el famoso director Arthur Toscanini y la Filarmónica de Nueva York en 1929. La calidad y la repetitividad de la música la hicieron memorable. El resultado general sigue siendo fascinante.
Estas cualidades han captado la imaginación artística, influyendo así, en la cultura popular, incluyendo a Hollywood. El Bolero de Ravel es la música de fondo en la película “10” de Blake Edwards (1979) y ha aparecido en anuncios, programas de televisión y otros eventos, incluyendo las ceremonias de apertura de los Juegos Olímpicos de Tokio 2020 y los Juegos Paralímpicos de París 2024.
Cuando los patinadores olímpicos Jayne Torvill y Christopher Dean usaron la música para su rutina y ganaron el oro en los Juegos Olímpicos de Invierno de Sarajevo 1984, la pieza quedó grabada en la mente de las nuevas generaciones.
Tanto bolero como tango se inspiran en el elemento pasional oscuro de la danza española, cuyas cualidades rítmicas fuertes, giros y pisadas caracterizan el baile. En el caso del tango, hay por lo menos seis estilos musicales que dejaron su impronta en la melodía: el tango andaluz, la habanera cubana, el candombe, la milonga, la mazurca y la polka europea.
Gloria Chávez Vásquez escritora, periodista y educadora reside en Estados Unidos.















