#SaveOurChildren. El problema de la pedofilia: Si es normal, ¿por qué ocultarlo?

 

 Por Dr. Lucimey Lima Pérez  

Las teorías del desarrollo infantil son variadas y consistentes. Desde Piaget hasta nuestros días se ha evolucionado mucho, los aportes de variados enfoques, ya sea social, emocional, sexual y cognitivo han sido valiosos. La visión contemporánea de la vida sexual de los niños no ha modificado su esencia, porque simplemente no es modificable, y los grupos etarios se mantienen en el mismo rango. Los niños no son versiones pequeñas de los adultos. Quien se atreviera a obviar estos elementales principios del ir creciendo sería un violador de la ética y de la ley.

La diversidad sexual es evidente y completamente aceptable. Sin embargo, fue solo en 1973 cuando se eliminó de las clasificaciones de desórdenes mentales, tal como la Organización Mundial de la Salud (OMS) lo hizo con la homosexualidad. Sin embargo, es absolutamente falso e irresponsable divulgar que la OMS haya considerado la pedofilia como ¨normal¨. Tanto la Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE-11 aun no aprobada) como el Manual de Estadística y Diagnóstico – 5 (DSM-5, 2013) de la American Psychiatric Association (APA), la pedofilia está incluida en los trastornos parafílicos.

Me permito destacar lo conocido como infrecuente o fuera de la ¨normalidad¨ durante el desarrollo. Hasta los 5 años no existe conocimiento de actividades sexuales específicas, e incluso ni idea sobre conversaciones relacionadas. Entre los 6 y los 8 años no hay concepto alguno sobre la tenencia de relaciones sexuales de cualquier tipo con adultos. De 9 a 12 años aún no hay deseo o conducta sexual con adultos. De 13 a 16 años no es habitual masturbarse frente a otros ni el interés sexual hacia chicos más jóvenes.

Existen principios basados en la evidencia en diferentes culturas o grupos sociales. Los resumo: i) tener conocimiento de la sexualidad del adulto; ii) el papel de los padres en la educación sexual; iii) la sociedad, la comunidad, la escuela y el compromiso en educación sexual; iv) concepto de protección a sí mismo, lo que implica decisión consolidada.

El pedófilo siente atracción por niños prepúberes o púberes. De acuerdo con la CIE debe tener al menos 16 años y ser atraído por niños de al menos 5 años menos. El mundo mental del pedófilo es angustiante, por lo intenso del deseo, por la recurrencia y por la necesidad de ocultarlo. He aquí uno de los principales vetos, si es ¨normal¨ ¿por qué ocultarlo?

Este punto no es solo un componente social, es un llamado de la conciencia a esconder lo aberrante, reconocido internamente como tal. En mi experiencia he atendido pocos pedófilos, llevados a consulta por sus familias, capaces de aceptar su conducta abusiva, seres muy sufrientes, pero depredadores. Esto es conciso, pero el volumen de adultos que quedaron marcados por la conducta pedofílica de otros, tales como familiares, amigos de casa, maestros, entre otros, es numeroso y el trauma, inaudito. Cómo cielos puede considerarse esto aceptable de alguna o ninguna manera. La huella es casi indeleble, y toma tiempo de psicoterapia y de apertura para sanar la herida. En forma simple, cómo se puede admitir forzar a un indefenso, delito máximo, intolerable. El pedofílico sufre, cierto, y lo repito, pero no puede adentrarse en el espacio del otro.

El pederasta ejecuta, sufre y actúa. El punto más relevante es el abuso a personas que no están completamente desarrolladas, incluyo a las personas con discapacidad mental. Pero por encima de todo no consienten los actos sexuales que ni siquiera entienden. El trauma de un menor abusado se extiende a toda su vida, y les cuesta poder hablar de lo sucedido. Cómo aceptar una conducta de esa baja categoría moral, si es más que un trauma, es un delito, un crimen.

Un pedofílico no es un pederasta, pero si se deleita y consume pornografía infantil, ya está en el acto.

Resumo: i) no hay maduración; ii) no hay consentimiento; iii) la experiencia apunta a huella deletérea en el funcionamiento psico-social del abusado. Es inaceptable.

Lucimey Lima Pérez es Psiquiatra, Psicoterapeuta, Máster y PhD en Neuroquímica.

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