Salud mental y pandemia. Aquí y ahora

Por Lucimey Lima Pérez.

Los temas en salud mental son cruciales, para mi entendimiento de la educación de todos y para muchos otros pendientes de conservar la estabilidad emocional propia y de otros. Siempre tengo varios tópicos en mente, dado a la experiencia y al estudio, pero muy particularmente a los consultantes, son los libros más completos y auténticos que siempre me dejan huella en cada uno de los casos. Tenía varios tópicos en el bolsillo, sin embargo, la situación que atañe a toda la humanidad no puede ser eludida. No estamos hablando de “moda”, pero sí de grandes dificultades.

En primer lugar, señalo que existe mucha información no fidedigna y para nada basada en la evidencia contundente y sustentada, todo es tremendamente dramático, cierto, pero la procedencia y calidad de cada dato debe ser revisada cuidadosamente por los expertos, incluso por los no expertos, ellos pueden consultar a los que sí lo son, bueno, si tienen esa oportunidad privilegiada en minorías.

No pretendo comentar sobre las características de las vacunas con las que contamos, producidas a toda carrera. Ese es un tema candente tanto por la urgencia científica (y los intereses económicos) por lo que implica de decisiones personales, y, para tomar decisiones nuestra mente, además de documentada, debe estar en tranquila calma. Los Especialistas, empezando por los virólogos (dentro de estos no todos son expertos en coronavirus), se activan o puede que se inhiban, porque la avalancha es indiscriminadamente precipitada e incierta.

No pretendo parcializarme porque todos somos iguales ante la enfermedad y la muerte, nos diferencia nuestra condición física, tales como el estatus, la profesión, el oficio o la condición social. Sin obviar el poder adquisitivo que, muchas veces, salva vidas. A pesar de las diferencias, la igualdad se implanta en las bases del conocimiento, mas no en el pensar y actuar de muchos.

Me alarma que a nivel mundial se hayan reportado 17,000 profesionales de la salud fallecidos en el mundo (Amnistía Internacional), y quizás son más. Algunos países tienen estadísticas más o menos estrictas y por tanto creíbles. Sin embargo, me permito, como homenaje a TODOS estos entregados trabajadores, mencionar algunos de tierras mías, cercanas y remotas.

-Catalina Londoño, Fisioterapeuta, 29 años, un hijo de 2 y medio, 22 semanas de gestación. Barranquilla, Colombia.

-Guillermo Solar, Neumunólogo, 73 años activo, Santiago de Chile, Chile.

-Libia Fuenmayor Flores, Trabajo en Emergencia, 62 años y Alejandro Fuenmayor, 28 años, su hijo, Coordinador de Ambulancias La Victoria, Maracaibo, Venezuela. Ambos en Perú.

-Jesús Barrera Jiménez, Enfermero, 52 años, también su padre y tres hijos. El Salvador.

-Janet Ballinas Hernández, Ginecólogo, 50 años, Hospital General de Tepeaca, Puebla, Méjico.

-Yridis López, Traumatólogo, 66 años, Hospital del Seguro Social de Naguanagua,; Profesora Universitaria, Valencia, Venezuela.

Excusas por no incluir casos en Europa, EE.UU., entre otros…

Ante este dolor inmenso, con solo representantes de una población aplastante nos queda la protesta (vacunados, protegidos adecuadamente…???), local o más amplia, cada cual en su sistema de comunicación. Pero más aún, tenemos la responsabilidad de cuidarnos a nosotros mismos. ¿Será que el cuidado es el tapabocas, la distancia física, el estar en casa, la anulación de reuniones sociales…? Claro y obvio, imprescindible e insuficiente. En mi condición de defensora de la salud mental, indefectiblemente ligada a la salud integral, es el momento de ser solidarios, acompañantes silenciosos y distantes. Lo más relevante es mantener el equilibrio mental, el miedo paraliza, y los amigos y la familia son soportes afectivos invaluables. Si aún persisten los temores, no dudemos en tener un terapeuta, que padece como cada cual, pero que utiliza técnicas que los neófitos (no peyorativo) no pueden ofrecer. ¿Qué es lo que más se siente en “el aquí y el ahora”: miedo, desprotección, rabia, angustia, tristeza, desacato por “insensato”, disminución-falta de control, desesperanza, conductas adictivas, alteraciones alimentarias, disputas familiares. Esto es un tema diario en una consulta especializada. Y no deseamos que la población sucumba, sino que surjamos con más fuerza luego de la crisis.

Necesitamos cordura, cuidado extremo y una paciencia fuera de serie. Ha ocurrido un gran cambio en las actividades de vida y hay muchas estrategias para superar la crisis. Busquemos ayuda terapéutica, no es un bastón, el cual puede quebrarse más fácilmente que la solidez mental, es la oferta de herramientas para que el YO sea el generador de fuerza emocional.

 

Lucimey Lima Pérez es Psiquiatra, Psicoterapeuta, Máster y PhD en Neuroquímica.

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