Relato dominical: Ahorro de champú

Imagen Pixabay

Por Oliet Rodríguez.

Con quince años por donde quiera que pasaba dejaba mi huella, pero no de la manera en que hubiera deseado, sino en forma de caspa crónica. El polvo blanco que me perseguía resultó la protesta de mi cuero cabelludo ante las frecuentes lavadas de cabeza con jabón de lavar. Yo siempre preferí que nevara desde mi cabeza a tener peste. Claro que cuando tuve que comenzar a recoger los copos de nieve con palas me alarmé y fui al médico.

El doctor, un buen amigo de la familia, me recetó champú de “breacina” y hasta me regaló dos pomos de unos 250 ml que sacó de una gaveta. Los efectos anticaspa se hicieron notar desde las primeras lavadas, no me importaba sentirme un poco Satanás echando fuego por el cráneo, el fin justifica los medios. También tenía la ventaja de que la cabeza se impregnaba de un olor fuertísimo a yerbabuena y me confundían con un mojito, lo que sin duda mejora los ánimos de la gente.

A punto de terminarse el primer pomo ya prácticamente se había eliminado la caspa y me propuse por tanto ahorrar al máximo el champú que me quedaba. Los primeros experimentos que realicé tenían el objetivo de determinar la cantidad exacta necesaria para el lavado óptimo de cabeza con brea. Tras algunas pruebas y con la ayuda de la experiencia anterior la cantidad óptima quedó definida en dos tapitas de pomo hasta el tope. Entonces tuve la genial idea de recordar a Arquímedes y no por el hecho de correr en pelotas mientras gritaba Eureka, sino porque el científico griego había descubierto la ley de flotación de los cuerpos en el agua. El líquido universal es la base de todo (lo siento, pero no es la limonada) y la solución de la mayoría de los problemas.

El lechero que quiere producir más le echa agua a la leche, el barman que desea vender más tragos le pone más hielo a los mismos (el hielo es agua congelada, pero eso lo sabían), la cocinera si llegan más invitados y necesita que alcance la comida, pues se le echa más agua a la sopa y una tremenda picazón, solo se quita con agua y jabón.

Con el nuevo rumbo que tomaban mis experimentos me dirigí tranquilamente al baño con los dos pomos, el vacío y el lleno. Cerré la puerta para concentrarme mejor y dividí a la mitad el contenido del pomo en los dos recipientes gemelos, los rellené con agua del grifo y se hizo la magia de la duplicidad.

Orgulloso del resultado científico comencé a dar saltos de alegría que casi desembocan en tragedia pues volé por los aires de un resbalón e imposibilitado de amortiguar el golpe con las manos ocupadas en el champú me golpeé la espalda. El dolor me dejó un rato sin aire, pero feliz de que los dos pomitos de breacina repletos seguían en mis manos. Temblé de emoción cuando llegó el momento de lavarme la cabeza. Solo había un pequeño problema, antes de la duplicidad para que hiciera buena espuma usaba dos tapitas llenas, después tenía que echarme cuatro.

CV OLIET.

10 Comments

  1. Silvia

    Muero de risa, es tan real, aunque parezca una historia de ciencia ficción.

  2. Manny Beltran

    Ese es un ejemplo de la nouvelle teoría pedagógica “Common Core”

  3. Caridad Luaces Lópe

    Jajaja…!
    A todos nos pasó.
    Otro tanto nos sucedía a
    las damas con el esmalte de uñas; le poníamos a ecetona…

    Excelente relato,te felicito!!
    Gracias por compartirlo.

  4. Champú de brea…

    Gracias por el paseo por la memoria y el tiempo.

  5. Lazaro

    Medir en tápiate es muy de la isla. El agua no es allí que l doliente universal, más bien el extensor en jefe. No fue por gusto que Breton llego y decidió regresar unas horas después de su arribo . Su frase magistral queda en los añales de la descripción de cuba “ me regreso. No tengo nada que hacer aquí, el surrealismo es este país y no lo que yo he creado”. El perro no debió ser andaluz, sino habanero.

  6. Nancy Rodriguez Cid

    Que lastima que como dicen tus amigos tu cuento
    Sea verdadero.
    Gracias a Dios yo salí de Cuba en 1967, y aunque ya la vida estaba difícil nuestra tía Berna en su peluquería hacía un shampoo con jabón de lavar y aceite de coco.
    Gracias primo!

    • Zoe Valdes

      Ese champú con jabón Batey y aceite de coco mi mamá lo buscaba como una loca porque le habían hablado de él como algo casero que hacía alguien y que era muy bueno. Cuánto hemos vivido.

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