Por primera vez en nuestras vidas, la libertad de expresión está a punto de ser criminalizada

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Por Daniel Horowitz*. Traducción Redacción ZoePost.

 

» Nuestras libertades de la Primera Enmienda nos dan el derecho a pensar y decir lo que queramos. Y si nosotros, el pueblo , debemos gobernarnos a nosotros mismos, debemos tener estos derechos, incluso si son mal utilizados por una minoría » . ~ James Madison

 

Nunca pensamos que este día llegaría a Estados Unidos. El año pasado supimos que pueden gritar [políticos y medios de prensa] «COVID» como una emergencia, y nuestra vida, libertad y propiedad desaparecen. Pueden gritar «racismo» y nuestro derecho inalienable a la autodefensa desaparece . Lo último que teníamos era la libertad de criticar lo que está sucediendo, aunque no pudiéramos hacer nada al respecto. Ahora pueden gritar «terrorismo de derecha» o «conspiración de derecha» y decir que la libertad de expresión ya no factible.

 

Los izquierdistas de EEUU afirman que su violencia es discurso y nuestro discurso es violencia. Es por eso que glorificaron los disturbios del año pasado que incendiaron numerosas ciudades, causaron miles de heridos, costaron miles de millones de dólares y elevaron su causa como la queja más urgente que necesitaba reparación. Al mismo tiempo, están presionando para criminalizar no sólo los actos y actores violentos en el Capitolio el pasado 6 de enero, sino cualquier punto de vista, discurso o asamblea que se base en pocisiones conservadoras o NO liberales. Es por eso que parecen estar atacando directamente la garantía de libertad de expresión de la Primera Enmienda para los estadounidenses, incluso cuando planean otorgar amnistía a aquellos cuya presencia completa en este país es ilegal.

 

Mientras todos se enfocan en el mundo corporativo violando el espíritu de la Primera Enmienda al excomulgar a cualquiera con puntos de vista conservadores, observe cuidadosamente cómo los actores gubernamentales están muy cerca de violar la letra de la Primera Enmienda con la fuerza de la «ley» detrás de ella. La gran tecnología puede tener el monopolio de Internet y las comunicaciones, pero el gobierno tiene el monopolio de la violencia, la ley y la capacidad de restringir nuestras libertades. Si no nos despertamos de inmediato, nuestro discurso y nuestra libertad de reunión no solo serán censurados, sino criminalizados.

 

De manera apresurada, está última cruzada comenzó el 6 de enero, cuando Tom Edsall publicó una columna en el New York Times en la que señalaba: «Ha surgido un debate sobre si la protección constitucional, una vez sacrosanta de la Primera Enmienda, se ha convertido en una amenaza para la democracia».  Ésta es una táctica probada de la izquierda: hacer que sus columnistas planteen una idea radical como un «debate», mientras sus actores gubernamentales comienzan a trabajar seriamente en ello.

 

Sólo haga un balance de lo que estamos viendo a la luz. Ahora están arrestando a personas en todo el país simplemente por estar en el Capitolio aquel día, incluso si no se involucraron en actos de violencia, vandalismo o robo. Si este estándar se hubiera aplicado a Black Lives Matter, literalmente habría habido millones de arrestos. Entonces no, no se trata solo de castigar a quienes actuaron con violencia. El FBI está colocando carteles en todo el país pidiendo a la gente que informe a los que estaban en el Capitolio de Washington, algo que nunca sucedió ni en los disturbios más mortales de BLM / Antifa el año pasado, o en la inauguración de Trump hace cuatro años en DC.

 

Lo que estamos viendo es preocupante. Están militarizando la capital de EEUU con 20.000 soldados, cuando la amenaza de violencia contra los invitados inaugurales de Trump hace cuatro años era exponencialmente mayor. Están declarando emergencias en estados tan remotos como Nuevo México sin evidencia de violencia presente. Garrett Soldano, líder del movimiento anti-lockdown (en contra del encierro por COVID)  en Michigan, afirma que el FBI le hizo una visita de dos horas porque un local llamó  y afirmó que es un extremista violento.

 

Si el FBI hubiera hecho algo parecido cuando cientos de ciudades estaban en llamas durante días y días sin control entre los departamentos de policía locales, sentiría que están siendo demasiado cautelosos. Sin embargo, dado que BLM fue promovido como el líder de nuestro discurso cívico y todos estamos siendo tratados como terroristas, deberíamos tener mucho miedo de que vengan por la Primera Enmienda, no por la seguridad nacional. Recuerde, el Departamento de Justicia parece creer que este fue un ataque planeado. Entonces, los cientos de miles de partidarios de Trump que solo vinieron allí para expresar sus puntos de vista no tenían idea de que algunos malos actores estaban planeando esto. El hecho de que estén cazando a cualquiera ya debería asustarnos a todos.

 

La semana pasada, el vicegobernador de Pensilvania, John Fetterman, dijo enfáticamente que la Primera Enmienda no se aplica a los sentimientos con los que no está de acuerdo. «Esta idea de que decir que Pensilvania fue ‘manipulada’ o que estábamos ‘tratando de robar las elecciones’ es una mentira. Y no tienes el derecho, eso no es un discurso protegido».

 

Por lo tanto, a partir de ahora, los demócratas pueden cambiar unilateralmente la ley electoral en medio de una elección, hasta e incluso abolir el día de votación a favor de las boletas por correo, y cualquiera que la critique u organice una manifestación en su contra está sujeto a enjuiciamiento. Estos comentarios serían cómicos si no coincidieran con las acciones tomadas por su partido al llegar al poder en Washington que se parecen mucho a la ley marcial.

 

En otras palabras, si observamos el lenguaje que usa la izquierda sobre nuestro discurso y las acciones que están tomando la administración Biden y los gobernadores, es bastante evidente que el Big Tech no es lo único de lo que tenemos que preocuparnos. Si nada cambia, predigo que incluso si Parler puede volverse completamente independiente en el mercado privado, el gobierno, que tiene el monopolio final del poder, lo cerrará.

 

La semana pasada, el fiscal general de Minnesota Keith Ellison, el mismo hombre que está procesando a los dueños de negocios y amenazándolos con enviarlos a campos de trabajo forzado para ganarse la vida, dijo en una conferencia telefónica con los fiscales que está investigando a los ciudadanos de su estado que simplemente asistieron a la manifestación.

 

Richard Stengel, el «líder del equipo» de transición de Biden para la Agencia de los Estados Unidos para los Medios Globales, escribió en un artículo de opinión del Washington Post, en el 2019, que la Primera Enmienda necesita una reducción.  «No todo discurso es igual. Y donde la verdad no puede expulsar las mentiras, debemos agregar nuevas barreras. Estoy totalmente a favor de proteger el ‘pensamiento que odiamos’, pero no el discurso que incita al odio», escribió Stengal.

 

Esto es bastante extraño viniendo de un lado de la política que ya controla el 99% de todo el discurso y las grandes empresas que controlan todo lo que expresamos.  ¿De qué tienen miedo exactamente?  En todo caso, somos nosotros los que deberíamos tener miedo de su discurso, dado el monopolio que ostentan.

 

George Washington ya nos advirtió sobre las motivaciones de quienes reprimen el discurso.  En un discurso al Ejército Continental el 15 de Marzo de 1783 exclamó «Porque si a los Hombres se les impide ofrecer sus Sentimientos sobre un asunto, que puede implicar las consecuencias más graves y alarmantes, que puede invitar a la consideración de la Humanidad, la razón no nos sirve; la libertad de expresión puede ser quitada y, mudos y silenciosos, podemos ser conducidos, como ovejas, a la Matanza «.

 

La pregunta a la que se enfrentan los patriotas en los próximos días es simplemente la siguiente: ¿permitiremos que caiga el dominó al final?

 

* Daniel Horowitz es un prominente abogado criminalista y figura mediática como consultor en Radio y Televisión estadounidenses.

 

Imagen de Getty Images

 

2 Comments

  1. Ivan Davis

    Recuerden que no hay nada eterno en la ida,todo cambia,y si stop demócratas siguen con esta política,creo que les ir bastante mal y en las próximas elecciones en el 22,veremos como les irá,sigamos rebatiendo les que es la única forma de vencerlos,viva Trump

  2. Fonseca

    El famoso escritor y filósofo Eric Hoffer, que fue premiado con la Medalla Presidencial de la Libertad, otorgada por Ronald Regan en 1983, dijo esta frase lapidaria:
    “Cuando el poder se alía con el miedo crónico, se hace formidable”.

    A lo antes citado, me gustaría transcribir algunos interesantes párrafos del libro “El Efecto Lucifer”-“El por qué de la maldad” de Philip Zimbardo, que está de plena actualidad y es muy instructivo para todo aquel que desee comprender lo que está sucediendo en este preciso instante. Dice Zimbardo en su famoso e interesante libro:

    “El pecado de Lucifer es lo que los pensadores de la Edad Media llamaron cupiditas. * Para Dante, los pecados que brotan de esta raíz son los peores, los «pecados del lobo», la condición espiritual de tener en el interior de uno mismo un agujero negro tan profundo que nunca se podrá llenar con cantidad alguna de poder o de dinero. Para quienes sufren de ese mal mortal, lo que existe fuera del ego sólo tiene valor si el ego puede apropiarse de ello o explotarlo. En el infierno de Dante los culpables de este pecado se hallan en el noveno círculo, congelados en el lago de hielo. Por no haberse ocupado en vida de otra cosa salvo de sí mismos, están atrapados en un ego helado para toda la eternidad. Haciendo que las personas se centren en sí mismas de este modo, Satanás y sus seguidores les hacen apartar la mirada de la armonía de amor que une a todos los seres vivos. Los pecados del lobo hacen que el ser humano se aparte de la gracia divina y haga del ego su único bien, un bien que acaba siendo su prisión. En el noveno círculo del infierno, los pecadores, poseídos por el espíritu del lobo insaciable, se hallan congelados en una prisión autoimpuesta donde recluso y carcelero se han fusionado en una realida egocéntrica.”

    En este párrafo podemos vislumbrar el comportamiento actual de muchos políticos y dirigentes, empresarios multibillonarios y las élites del poder en todas sus variantes. Pero lo más elucidador se puede leer en otro párrafo mucho más explícito y contundente que referencia una serie de componentes que se están dando en la actualidad con absoluta rotundidad en hechos puntuales que todos (hasta los más “ciegos y sordos”) podrán reconocer.

    La historiadora Elaine Pagels plantea una turbadora tesis sobre el significado psicológico de Satanás como espejo de la humanidad:

    Lo que nos fascina de Satanás es su forma de expresar cualidades que van más allá de lo que habitualmente reconocemos como humano. Satanás evoca algo más que la avaricia, la envidia, la lujuria y la cólera que identificamos con nuestros peores impulsos, y algo más que lo que llamamos brutalidad, que atribuye a los seres humanos una semejanza con los animales («brutos»). Por lo tanto, el mal, en su peor especie, parece tocar lo sobrenatural, lo que reconocemos, con un estremecimiento, como el inverso diabólico de la caracterización que Martin Buber hace de Dios como «totalmente otro».2 Tememos el mal, pero nos fascina. Creamos mitos de conspiraciones malvadas y llegamos a creer en ellos lo suficiente para movilizar nuestras fuerzas en su contra. Rechazamos al «otro» por diferente y peligroso porque nos es desconocido, pero nos fascina contemplar excesos sexuales y violaciones de códigos morales cometidos por quienes no son como nosotros. El profesor de estudios religiosos David Frankfurter concluye su búsqueda del «Mal encarnado» centrándose en la construcción social de este «otro» malvado. [L]a construcción del Otro social como caníbal-salvaje, demonio, brujo, vampiro o una amalgama de todo ello, se basa en un repertorio coherente de símbolos de inversión. Los relatos que narramos sobre los pueblos de la periferia juegan con su salvajismo, sus costumbres libertinas y su monstruosidad. Al mismo tiempo, es indudable que la combinación de placer y horror que sentimos al contemplar esta «Otredad» —unos sentimientos que influyeron en la brutalidad de los colonos, los misioneros y los ejércitos que entraron en las tierras de esos Otros— también nos afecta en el nivel de la fantasía individual.3

    Empecemos con una definición de la maldad. La mía es sencilla y tiene una base psicológica: La maldad consiste en obrar deliberadamente de una forma que dañe, maltrate, humille, deshumanice o destruya a personas inocentes, o en hacer uso de la propia autoridad y del poder sistémico para alentar o permitir que otros obren así en nuestro nombre.

    Cuando se producen conductas aberrantes, ilícitas o inmorales en el seno de una institución o un cuerpo dedicado a la seguridad, como los funcionarios de prisiones, la policía o el ejército, se suele decir que los autores son unas «manzanas podridas». Esto lleva implícito que constituyen una rara excepción, que se encuentran en el lado oscuro de la línea impermeable que separa el mal del bien, y que al otro lado de esa línea está la mayoría que forman las manzanas sanas. Pero, ¿quién establece esta distinción? Normalmente la establecen los guardianes del sistema con el objetivo de aislar el problema, de desviar la atención y la culpa de quienes están más arriba y pueden ser responsables de haber creado unas condiciones de trabajo insostenibles o de no haber ejercido la debida supervisión. Pero esta atribución disposicional que habla de «manzanas podridas» pasa por alto que el cesto de las manzanas puede corromper a quienes se hallan en su interior. El análisis sistémico se centra en los creadores de ese cesto, en quienes tienen el poder de crearlo. Los creadores del cesto son la «élite del poder», que con frecuencia actúa entre bastidores; son los que organizan en gran medida las condiciones de nuestra vida y nos obligan a dedicar nuestro tiempo a los marcos institucionales que construyen. El sociólogo C. Wright Mills ha iluminado con sus palabras este agujero negro del poder: La élite del poder está formada por hombres cuya posición les permite trascender los entornos ordinarios de las personas ordinarias; están en la posición de tomar decisiones que tienen repercusiones vitales. Que tomen o no esas decisiones es menos importante que la posición que ocupan: el hecho de que no actúen, de que no tomen decisiones, es en sí mismo un acto que suele ser más importante que las decisiones que puedan tomar. Y es que están al mando de las principales jerarquías y organizaciones de la sociedad moderna. Dirigen las grandes empresas. Dirigen la maquinaria del Estado y reclaman sus prerrogativas. Dirigen a la clase militar. Ocupan puestos de mando estratégicos en la estructura social que les ofrecen el medio para conseguir el poder, la riqueza y la fama de que gozan.10

    Cuando los diversos intereses de estos dueños del poder coinciden, acaban definiendo nuestra realidad de la forma que George Orwell profetizó en 1984. El complejo militar-industrial-religioso es el megasistema supremo que hoy controla gran parte de los recursos y la calidad de vida de muchos seres humanos.

    Cuando el poder se alía con el miedo crónico, se hace formidable. Eric Hoffer, “The Passionate State of Mind”.

    El poder de crear al «enemigo»

    Los poderosos no suelen hacer el trabajo sucio con sus propias manos, del mismo modo que los capos de la mafia dejan los «accidentes» en manos de sus secuaces. Los sistemas crean jerarquías de dominio con líneas de influencia y de comunicación que van hacia abajo y rara vez hacia arriba. Cuando una élite del poder quiere destruir un país enemigo, recurre a los expertos en propaganda para crear un programa de odio. ¿Qué hace falta para que los ciudadanos de una sociedad acaben odiando a los ciudadanos de otra hasta el punto de querer segregarlos, atormentarlos, incluso matarlos? Hace falta una «imaginación hostil», una construcción psicológica implantada en las profundidades de la mente mediante una propaganda que transforma a los otros en «el enemigo». Esta imagen es la motivación más poderosa del soldado, la que carga su fusil con munición de odio y de miedo. La imagen de un enemigo aterrador que amenaza el bienestar personal y la seguridad nacional da a las madres y a los padres el valor para enviar a sus hijos a la guerra y faculta a los gobiernos para reordenar las prioridades y convertir los arados en espadas de destrucción. Todo esto se hace con palabras e imágenes. El proceso se inicia creando una imagen estereotipada y deshumanizada del otro que nos presenta a ese otro como un ser despreciable, todopoderoso, diabólico, como un monstruo abstracto que constituye una amenaza radical para nuestras creencias y nuestros valores más preciados. Cuando se ha conseguido que el miedo cale en la opinión pública, la amenaza inminente de este enemigo hace que el razonable actúe de una manera irracional, que el independiente actúe con obediencia ciega y que el pacífico actúe como un guerrero. La difusión de la imagen visual de ese enemigo en carteles y en portadas de revistas, en la televisión, en el cine y en Internet, hace que esa imagen se fije en los recovecos de nuestro cerebro primitivo, el sistema límbico, donde residen las potentes emociones del miedo y el odio. El filósofo social Sam Keen describe con brillantez cómo usan la propaganda prácticamente todos los países que van a la guerra para crear esta imaginación hostil, y revela el poder transformador de estas «imágenes del enemigo» en la psique humana.11 En realidad, las justificaciones del deseo de acabar con la amenaza surgen después, en forma de explicaciones pensadas para la historia oficial que no sirven para el análisis crítico del daño que se va a causar o que se está causando. El caso más extremo del poder de esta imaginación hostil es cuando justifica el genocidio, el plan de un pueblo para eliminar de la faz de la tierra a todo el que considere su enemigo. Conocemos los métodos usados por la maquinaria propagandística de Hitler para transformar a vecinos, compañeros de trabajo e incluso amigos judíos en enemigos despreciables del Estado merecedores de la «solución final». Este proceso se había sembrado en los libros de texto de primaria mediante imágenes y palabras que describían a los judíos como seres despreciables que no merecían compasión. En este punto me gustaría considerar brevemente un ejemplo reciente de intento de genocidio y del uso de la violación como arma contra la humanidad. Después mostraré que un aspecto de este complejo proceso psicológico, el componente de la deshumanización, se puede investigar por medio de experimentos controlados que aíslan sus rasgos fundamentales para someterlos a un análisis sistemático.

    Hasta aquí algunos párrafos de “El Efecto Lucifer” de Philip Zimbardo.

    A modo de una “reflexión” ante todo lo anteriormente expresado por Zimbardo, sólo añadir que la frase de Eric Hoffer nos trae directamente al presente, al “aquí y ahora” a la vista de los terribles acontecimientos que se suceden como un “bombardeo mental” contra todos los pueblos para crear un “terror psicológico” que permita la imposición de un sistema tiránico global.

    Ojalá y algún dormido sea capaz de despertar a esta realidad y ayude a formar una “cadena de despertares” que sirva para revertir los planes de aquellos que quieren llevarnos a la esclavitud para, finalmente, aniquilarnos.

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