Políticamente deseable

Cayetana Alvarez de Toledo attending a reception at Royal Palace during the known as Dia de la Hispanidad, Spain’s National Day, in Madrid, on Thursday 12 October, 2017

Por Julia Nieto.

Acabo de terminar el libro de Cayetana.

Si tengo que subrayar dos características extrañas por fascinantes son su descarnada sinceridad (empezando por ella misma) y el excelente análisis de la llamada “batalla cultural”.

Cayetana se conoce muy bien. Como buena socrática sabe de sus virtudes y sus limitaciones.

Ambas aparecen de manera natural en este libro.

La virtud de su inteligencia y capacidad de análisis de la que se enorgullece con motivo y con razón.

No hay nada más absurdo que la falsa modestia.

El quizá defecto de su falta de empatía, que cada vez me parece más sensato, y la constancia objetiva de su superioridad intelectual en un país de políticos más que poco cualificados que presumen de sus conocimientos de Wikipedia.

Un país cainita que la ha sometido a un fuego amigo y enemigo propio de una guerra sin cuartel.

Cayetana, puro constitucionalismo, sabe que la batalla a ganar es la cultural. De ella dependen la institucional, la económica y todo el resto que queramos colocar detrás.

Su crítica fundamentada al separatismo, al pensamiento acomodaticio y al feminismo de nuevo cuño son de antología.

El libro me deja un sabor agrio y poco dulce.

La constatación de que, una vez más, la política española deja caer una gran oportunidad de regeneración en el amplio sentido de la palabra.

Cayetana en política es altamente deseable.

Y siento que su partido no comparta mi opinión.

Julia Nieto es autora e historiadora.

3 Comments

  1. Pingback: Políticamente deseable – – Zoé Valdés

  2. La mediocridad, por no hablar de lo que ni a eso llega, suele odiar y temer lo superior y hacer todo lo que puede en su contra. Esta mujer es demasiado para mucha gente que no le llega ni al tobillo, y su actitud ante ella me recuerda una línea del Quijote: «Pagareis por vuestra demasía.»

  3. Pobre, le ha tocado cohabitar con idiotas.

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