Poco y tarde, Pablito

Pablo Milanés

Por Manuel C. Díaz.

Hace unos días, desde su residencia gallega, Pablo Milanés se pronunció sobre las protestas del 11 de julio en Cuba y dijo: “Es irresponsable y absurdo culpar y reprimir a un pueblo que se ha sacrificado y lo ha dado todo durante décadas para sostener un régimen que al final lo que hace es encarcelarlo”.

En realidad, “querido Pablo”, tus palabras son pocas y llegan tarde. Pocas, porque son apenas tres párrafos con adjetivos que, al igual que los utilizados por Padura y Silvio, concuerdan en género y número, pero no califican al sustantivo. Puro eufemismo.

Y llegan tarde porque pudiste haber comenzado desde mucho antes (“En el año 1992 tuve la convicción de que definitivamente el sistema cubano había fracasado”), cuando andabas por el mundo denunciando a través de tus canciones la desaparición de prisioneros argentinos y el asesinato de comunistas chilenos mientras callabas las atrocidades que se cometían en Cuba.

Como si el desamparo de los vejados, humillados, golpeados y masacrados presos cubanos no fuera el mismo que el de cualquier joven mutilado en Buenos Aires o en
Santiago de Chile.

Recuerdo que cada vez que dabas un concierto en Miami yo esperaba que al fin hubieses encontrado el valor suficiente para acusar a la dictadura castrista, aquí en el corazón del exilio cubano, por los crímenes cometidos.

Pero, no. Nunca lo hiciste. Llegabas, cantabas y te regresabas a Vigo -después de haberte embolsado los dólares de los nostálgicos admiradores de Yolanda– a sentarte tranquilo en la terraza de uno de los restaurantes de “la calle de las ostras” y componer, mientras te comías un arroz con mariscos y te bebías una buena botella de Albariño, alguna nueva canción de protesta.

Como aquella que alguna vez escribiste sobre Chile y que hoy podrías, con solo sustituir unas palabras por otras, dedicarle a tu sufrido país: “Yo pisaré las calles nuevamente/ de lo que fue mi Cuba ensangrentada/ y en una hermosa plaza liberada, me detendré a llorar por los ausentes”.

Quizás podrías también, como una disculpa musical por tu silencio cómplice, cantarla en uno de los conciertos de tu nueva gira, Días de luz, que acabas de comenzar en Valencia.

Podrías abrir con esta estrofa: “Yo unido al que hizo mucho y poco/ al que quiera la patria liberada/ dispararé las primeras balas/ más temprano que tarde sin reposo”.

Y cerrar con esta: “Renacerá mi pueblo de sus ruinas/ y pagarán su culpa los traidores”.

No estaría mal que lo hicieras, Pablito. Después de todo, son tus versos. Pero, antes de hacerlo: ¿no crees que primero debías pedir perdón por tu apoyo de décadas a la criminal dictadura cubana?

Manuel C. Díaz es escritor y crítico literario.

 

          

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