Para que te acuerdes. Y si no sabes, entérate…

Imagen Kurius

Por Denis Fortun.

 

Por estos días el recuerdo de una historia se me hace recurrente, y cómo no, si veo a mi alrededor demasiada estafa y oportunismo, tanta manipulación de una realidad innegable, que se empeñan en esconder los que hoy se sienten “elegidos”, arremetiendo con arengas que procuran únicamente “renovaciones”, “maquillajes”. Por estos días, me viene una pequeña y horrible historia que finalmente me he decido a contar, la del presidio de un hombre que supo enfrentarse con valentía al régimen castrista del mismo inicio de la revolución, que lo perdió todo, con una causa de atentado que a punto estuvo de llevarlo “al palito”, atentado descubierto por una delación, una de tantas. El plan, si bien jamás supe los detalles y nada que ver con la historia, era simple: se resumía en eliminar al “líder” en el Canal 4 cuando se le ocurría aparecer en aquellas maratónicas peroratas egocentristas que se gastaba, vendiendo una utopía que jamás cumplió, porque nada más le preocupaba establecerse en el poder de forma vitalicia, discursos que duraban casi toda la madrugada. Y es que este hombre, el de la pequeña y horrible historia, la historia del recuerdo recurrente, que igual me da la oportunidad de decir otras cosas que pienso, y que murió muchos años después en el exilio “con sus botas puestas”, estaba convencido que al mal había que cortarlo y no solo de raíz, sino desde la cabeza misma que lo provocaba, y por eso se jugó su propia existencia y sufrió una larga condena.

Año 1961, la invasión por Bahía de Cochinos a comienzos del mes de abril es un secreto a voces, al menos así lo registran luego los servicios de inteligencia de la joven dictadura, que aseguran mantenerse al corriente del “evento”, a pesar de no estar muy claros por donde vendría “el enemigo imperialista”. Sin embargo, aun cuando después del “triunfo” hicieron alarde de su “valentía”, que Cuba representaba a partir de ese momento en “la esperanza de los oprimidos del mundo”, que la Isla resultó ser “el primer territorio libre de América y donde por primera vez se vencía al imperialismo yanqui”, una gran monserga esta última afirmación de marras, una farsa como todas en ese gran sainete, existía el recelo en la más alta cúpula que la Brigada 2506 formara su “cabeza de playa” y por consecuencia viniese la temida derrota. Y por ese miedo fueron capaz de lo más terrible e inhumano, y de eso trata esta corta historia que me propongo narrar, que conozco de primera mano porque me la contó ese hombre que menciono al inicio de estas cuartillas, alguien que fue un plantado: su nombre, Justo Gabriel Quintana.

Justo Gabriel Quintana

Justo estaba encarcelado en el Presidio Modelo, Isla de Pino, una de las tantas mazmorras por las que pasó durante los dieciocho años que duró su condena. Se vivía una tensión como nunca, me decía sonriendo con satisfacción al relatarme la historia, sobre todo en la guarnición, tirantez que vino a “explotar” una madrugada cuando despertaron a un numeroso grupo de reclusos, entre ellos él, por supuesto, y los obligaron a colocar sendas cargas de dinamita en las bases de las cinco circulares. La perversa idea consistía en que, si triunfaba la Brigada 2506, se volaría en pleno al penal con su población carcelaria dentro. Años después, en Miami, Justo tuvo oportunidad de realizar un documental del Presidio Modelo y exponer los horrores que vivieron, sin embargo, el testimonio de este audiovisual muchos lo desconocen, unos al amparo de una espuria ingenuidad, y los peores, quienes lo olvidan con sobrado propósito, ignorando con maledicencia que desde el mismo inicio de la revolución castrista hubo hombres dignos que se enfrentaron al poder, dispuestos a todo.

Por eso es importante conocer estas historias, saber de aquellos que sufrieron el peor de los escarmientos a mano de sus carniceros, víctimas de los opresores que, con total impunidad, te obligaban a repletar de dinamita a un edificio, que colaborases con tu propia muerte, muerte súbita en muchísimos casos, lenta en otros, como esa otra historia que Justo gustaba de contarme recién llegado yo a Miami mientras soplaba abundante humo y mi madre lo miraba con ganas que un fuerte chorro de agua apagase el bendito tabaco: la vez que, estando en otra penitenciaria, se perdió una lima chapeando un campo de caña, y el método que se les ocurrió a esas bestias para encontrarla de inmediato, fue que al día siguiente repartieran más limas, más machetes, y desnudar a la brigada de hombres que se ocupaba del chapeo y ponerlos a cortar a ras del suelo un campo de marabú, hasta bien tarde en la noche, para que regresaran ensangrentados, tácitamente vencidos, humillarlos como hombres, reducir su coraje, acabar con la esperanza, algo que definitivamente no consiguieron.

Qué pena, y no lo digo a modo de queja, hoy no se hable de ellos lo suficiente y la legitima intención de reconocerlos sea de unos pocos, como la película Plantados. Claro, entre tanta hojarasca desvirtuándolo todo, desplazándolos, sembrando una suerte de “olvido necesario”, los hay temerosos de traer de vuelta la memoria de hombres como Justo, o Chema Castiñeira, otro viejo preso político de Cienfuegos que tuve el privilegio de conocer, y cientos de hombres más, de cojones y vergüenza, que nunca se amedrentaron…

 

Denis Fortun es poeta y escritor.

4 Comments

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  2. Heidys Yepe

    Mucho dolor y sufrimiento. Gracias por compartir.

  3. Máxima

    Cómo comprendo su recuerdo y denuncia, por eso aprovecho para traer de vuelta (¡siempre!) la memoria de uno de esos cientos de hombres cojonudos y con vergüenza, también de Cienfuegos: Ángel Rosendo Rodríguez Román.

  4. Denis Fortun

    Máxima, gracias miles. Bueno traer de vuelta la memoria de esos hombres cojundos que hoy muchos desconocen o no recuerdan. Reitero, gracias por su comentario. Un abrazo…

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