EDITO

Pablo… y Silvio

Por Zoé Valdés.

Fuente Libertad Digital.

No iré a deshojar la margarita de quién entre los dos es mejor cantautor, tampoco dedicaré demasiado tiempo a analizar sus obras y trayectorias artísticas respectivas.

Nadie dudará a estas alturas de que para gustos se han hecho colores, y que el público juzgó hace mucho tiempo situándolos en sus peanas individuales.

Pero… Ha muerto Pablo Milanés, Silvio Rodríguez vive todavía, y en las redes sociales las comparaciones han sido inevitables. En esas equiparaciones han primado, como es natural, dado el suceso, las emociones a la razón; en diversos puntos el desconocimiento ha aportado desinformación nauseabunda del lado de los justos para encumbrar a los injustos.

A modo particular, pues los conocí a ambos, admitiré que cada uno en su estilo y con su carácter, me fueron cercanos como a la mayoría de los cubanos, por ausencia de elección. No había nada más. Nos prohibieron a los artistas de antes de 1959, también a los artistas extranjeros de habla inglesa (el problema no era sólo que algunos géneros musicales molestaban, también el idioma inglés fue considerado “idioma del enemigo”). La ‘vieja trova’ fue amargamente tildada de decadente, como el resto de la música tradicional cubana, entonces surgió la Nueva Trova con un plan detrás que, aunque revindicaba a su manera a los patriarcas de la ‘vieja trova’ hicieron lo posible por teñir de profundos tintes políticos inclusive los temas de amor más profundamente líricos.

Pablo Milanés provenía del ‘filing’, un estilo musical perteneciente a la noche habanera de los años ’50, que contó en sus filas a los mejores exponentes creativos de aquella maravillosa época, quienes se producían en clubes emblemáticos como ‘El Gato Tuerto’ y ‘El Pico Blanco’; sitios ubicados en el corazón de la burguesa barriada del Vedado, que no dejó de ser aburguesada con el advenimiento de los barbudos castristas, sino que los antiguos burgueses propietarios, al ser expulsados del país por esos churrosos abundantes de pelos y cochambre, fueron sustituidos por éstos, que pasaron a ser en muy breve tiempo los aburguesados revolucionarios dueños de todo y, que que una vez en el poder, se olvidaron de aquellas pavorosas melenas que lucieron al descender de las montañas de la Sierra Maestra, y se dieron a la tarea de rapar las cabezas de jóvenes que intentaron imitar a los melenudos del rock and roll, la música que detestaban los Castro; aunque Fidel Castro, confesado por él mismo, sólo amaba los himnos, y ni bailar sabía.

Silvio Rodríguez proviene del poblado de San Antonio de los Baños, su madre apreciaba cantar, y él empezó más bien como un autor de lo que en Francia se llama ‘varietés’, dentro de este estilo más bien en la ‘chanson’ romanticona ligera, bastante poco interesante. Debió de aprender a tocar la guitarra con Leo Brower cuando a los dirigentes revolucionarios comunistas Alfredo Guevara y Haydée Santamaría se les ocurrió inventar el Grupo de Experimentación Sonora del ICAIC (Instituto de Arte e Industria Cinematográficos) con la intención de vincular el cine con una pretendida música protesta y poner a ambas artes en función del marxismo cultural y de la política de ese régimen elitista, aunque afirmaban que del poder del proletariado.

Silvio creció como artista, Pablo, después de ser enviado a los campos de concentración de las UMAP (Unidades Militares de Ayuda a la Producción) cuyas eufemísticas siglas ocultaban el horror de la persecución contra homosexuales, religiosos, y desviados ideológicos, que desataron los guerrilleros en aquella isla, enquistó su obra en melosas letras, algunas muy sensibles y contundentes. Sin embargo, en breve tiempo, tanto Pablo como Silvio devinieron símbolos de esa emoción castradora que las ideologías de ultraizquierda imponen. Fueron y siguen siendo armas sumamente convincentes para un objetivo muy claro de los Castro: exportar su producto de marketing más eficaz, la revolución castro-comunista a Sudamérica mediante un arte llamado protesta, que permitía protestar contra todas las supuestas injusticias que a sus ojos ocurrían en el resto del mundo, menos contra las que de verdad sucedían en Cuba.

De modo que los trovadores cubanos de la canción protesta no sólo no podían protestar contra absolutamente ninguna de las numerosas fechorías cometidas por el régimen de su país, sino que también, y por el contrario, debían callarse, y en cambio cantar loas al sistema que oprimía al pueblo que le admiraba cada vez más, porque no había otra opción, porque no tenía dónde escoger.

La fama de ambos trascendió y con ellos arrastraron a artistas sudamericanos y españoles de renombre. Pero, al resto de Europa jamás pudieron acceder exitosamente con su música, y no solamente debido al idioma español, sino porque Europa se bebía los tempos musicales por las melodías norteamericana e inglesa. Ningún artista francés dedicó sus tímpanos a la Nueva Trova cubana, los tenía demasiado ocupados con los Beatles, Los Rolling Stones, entre otros, ni siquiera tanto, fíjense ustedes, en Bob Dylan. Debió llegar Compay Segundo, descubierto por un norteamericano, después de una larga traversée du désert, para que los franceses se decidieran a dar sus cómicos saltitos (ellos lo consideran baile) en las fiestas navideñas al son de Buena Vista Social Club, lo que recordarán enfureció bastante a Silvio. A Pablo no, Pablo se sintió identificado, aunque al inicio de lejos.

Hablando de Silvio y de Bob Dylan, en cuanto Fidel Castro dio la orden tardía, ya a una edad avanzada, de que los cubanos podían dejar de aprender el ruso para meterse de a lleno en el inglés, tras el derrumbe del bloque comunista de los países europeos del Este, turismo oblige, a Silvio se le ocurrió autoproclamarse el ‘Bob Dylan’ cubano, al parecer queriendo imitar a Dylan, no sólo con su voz rajada y a veces chillona, sino además especulando quizás con el improbable hecho (o probable por simpatía ideológica) de recibir un Nobel literario.

Silvio siempre ha sido más racional, Pablo más sentimental. Los Estudios de Grabación Abdala creados por Rodríguez fueron autorizados por Fidel Castro y según dicen se hicieron en buena medida con el dinero del estado, que no es más que el dinero del pueblo cubano. Silvio les dio el enfoque y prestigio internacional, aunque limitado, o sea se dedicó a producir artistas internacionales reconocidos, que no sólo le dieran dinero a él, además al castrismo, eso le permitía y le permite su supervivencia. Una de esas artistas fue la caboverdiana Cesaria Évora.

La Fundación PM creada por Pablo Milanés constituyó una institución que de cierto modo y tal vez sin proponérselo competía con el Ministerio de Cultura, al atender a artistas del patio, ahí se jodió; pues para colmo, en lugar de proveer sumas astronómicas contrajo sustanciales pérdidas. Se comentó entonces que sólo en llamadas telefónicas desde un teléfono con línea internacional autorizado, colocado en el vestíbulo, y donde media Habana iba a robar llamadas hacia el resto del mundo, aquel proyecto se montó en el doble de su inversión original, subrayo: sólo en gastos telefónicos. La inversión corrió a cargo del propio Pablo Milanés, aunque la Fundación fue liderada por Nancy Morejón, poeta negra muy cercana al poeta y presidente de la UNEAC, el mulato Nicolás Guillén, al que Pablo Neruda llamó en sus memorias ‘Guillén el malo’ frente a ‘Guillén el bueno’, refiriéndose al poeta español Jorge Guillén.

El suceso de su muerte, en el origen de este artículo, contradice y traiciona el mensaje político de Milanés dirigido a los pueblos que lo amaron y veneraron. Pablo Milanés no se quedó con “todas aquellas cosas”, como presume en su canción contra los Marielitos compuesta en 1980, vivió más en España que en Cuba debido a su enfermedad, una de las tantas que padeció, atendido por la sanidad de un hospital español, y no por la “potencia médica” de mediocre calidad que tanto predica el castrismo. Murió, sin embargo “revolucionario”, tal como él pretendía en una de sus últimas entrevistas en El Mundo, aunque inhibido, porque según cantaba “pisar tierra firme me inhibe”. Dedicó canciones sensibleras y vergonzosas al tirano Fidel Castro y al carnicero de La Cabaña, el Che Guevara; sin embargo, aunque se lo pidieron jamás dedicó una palabra a los presos políticos cubanos, ni a la libertad real de Cuba, mucho menos a los jóvenes manifestantes pacíficos del 11J del 2021 condenados injustamente a largas penas de prisión, ni a sus madres, ni a las Damas de Blanco… Con la edad devino crítico del sistema, aunque por arribita, hasta donde se consideraba permitido.

Existe una diferencia entre Pablo y Silvio, esa distinción reside en una canción, mejor dicho, en dos. Pablo no tiene una canción tan contestataria como ‘Resumen de Noticias’ pues, aunque su propio autor niegue para quiénes fue escrita, la evidencia de la letra delata lo opuesto. De otro lado, Silvio no cuenta con una canción como ‘Yolanda’, porque esa peculiar Yolanda no existió jamás en la vida de Silvio.

Como sé lo que es perder a un padre, verlo morir en el exilio, tengo un pensamiento para sus hijos, en especial para Haydée Milanés. Aunque seguramente ellos no lo tuvieron cuando murió el mío, ni lo tendrán cuando morirán otros padres de tantos exiliados cubanos, que nadie sabe cómo, -yo no me lo explico debido a la falta de coherencia- han logrado apartar el tema político para homenajear al artista. No he podido, no podré. Dios no ha obrado todavía ese milagro en mí. Haré lo imposible para que no lo obre. A estas alturas, en el único milagro en el que creo es el que permita que ese pueblo deje de ser tan patéticamente pasional y consiga convertirse en una poderosa máquina de ideas y acciones con un único fin: derrumbar esa tiranía.

 

Zoé Valdés. Escritora y artista cubana e hispano-francesa. Nacida en La Habana, Cuba, 1959. Caballero de las Artes y Letras en Francia, Medalla Vermeil de la Ciudad de París. Fundadora de ZoePost.com y de Fundación Libertad de Prensa. Fundadora y Voz Delegada del MRLM. Ha recibido numerosos reconocimientos literarios y por su defensa de los Derechos Humanos.

 

 

6 Comments

  1. Ah directora y ud cree aun en los milagros, fijese si ese pueblo es arrastrado que hoy le haran un homenaje al difunto en el Malecon de la Ermita en Miami cuando se dice ideas y acciones, muy buen articulo aun cuando yo no transijo nisiquiera en lo artistico fueron y son dos mediocres y arrastrados , en la vida hay que tener pelotas y ellos nisiquiera dos avellanas

  2. Bravo. Yo me pregunto si en la Alemania post nazi, la gente cantaba con nostalgia las canciones nazis. Aquí, hasta se tararea, con una profunda nostalgia, Yo me quedo, “canción contra los Marielitos compuesta en 1980”.

  3. Raul Izquierdo

    Zoe, no puedo estar más de acuerdo contigo y no se puede decir mejor, has sido justa y hasta prudente, pero clara y terminante. Mis escritos de estos días ante el hecho, han estado en total sintonía con este tuyo, también los conocí a todos los nuevatroveros cuando solo eran conocidos en Cuba, pero no me debo extender en personalismos, solo decir que lo se todo tal cual. A Pablo hay cosas recientes que lo podrían salvar de la quema que no se salvará Silvio, pero se que cuando esté muera, los de mala memoria e ignorancia política con su poquito de síndrome de “estoeselcolmo” de nuevo harán prevalecer lo emocional sobre lo racional, como que no se tiene nada y sigue la diaspora, pareciera que habría que tener algo que de “orgullo nacional” aunque la gloria que no se vivió, haya provocado que lo que queda, que no se queda, prefiera ahogarse en el mar, que antes soportar la infamia que se ha vivido y Fidel indignifico. Un abrazo y lo comparto

  4. Pingback: Pablo Milanés: Nuestra banalidad del mal

  5. Mercedes Jiménez-Hart

    ¡Excelente!

  6. BRAVO!!!
    SIN MÁS QUE DECIR…ALLEZZZ.

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