Nuestros tiempos virtuales

Imagen Mohamed Hassan

Por Lucimey Lima Pérez.

Hace apenas unos años, calculo que más de 30, quizás 40, lo cual me hace tan vulnerable ante el transcurrir del tiempo, comencé mis primeras experiencias virtuales. Realmente no es de destacar con exactitud cuánto tiempo atrás, pero sí que fue monumental. Esto es, cuando obtuve mi primera computadora de uso personal, asignada por el mejor Tutor de Doctorado que hubiera podido tener. Soy absolutamente sincera en esta aseveración. Era una IBM, la cual fue de ¨temor¨ para algunos, pero para mí fue un gran reto, la acepté y fue ¨mía¨. En la misma, ni la secretaria ejecutiva, que era una chica muy capaz y diría con propiedad, que también inteligente, no la usaba mucho, solo para comunicaciones menores. Era una privilegiada o puede que osada, pero acepté el reto. En la misma escribí nuestros artículos y mi Tesis completa. Se usaba WordStar, lo cual facilitaba mucho la escritura y la corrección. No había posibilidades de hacer figuras o diagramas, pero teníamos nuestras manos y nuestras herramientas para representar. Este avance tecnológico, entre otros para la época, lo considero el gran impulso en la comunicación. ¡Pues! ¡qué maravilla!

Poco a poco surgieron medios muy útiles que favorecían el contacto expedito en la distancia. No quisiera incluir los llamados ¨medios sociales¨, porque si bien tienen sus grandes ventajas, se aprecian complicaciones de envergadura y deletéreas, otro punto a tratar dentro del fabuloso adelanto.

No es posible volver atrás y tampoco lo queremos, hay muchos beneficios. El buen uso es el delicado punto, y desde luego no solo el concepto, sino su ejecución.

Nunca pensé que una consulta médica se realizara por ¨Telehealth¨. Ya que el médico general debe hacer un examen físico exhaustivo. Parcialmente posible ¨online¨, pero jamás completo, qué deficiencias. Aquí tengo mis grandes dudas, las cuales trasmito: conductas que han sido impulsadas de suaves y lentas, a abruptas y rápidas. Las circunstancias…

Voy a mi punto. El tratamiento de personas con afectaciones de salud mental, sean desórdenes o situaciones, es un punto de honor y también técnico. Mi ejecución terapéutica ha dado buenos resultados en la consulta online. Trabajamos (pacientes y mi persona) para construir un ambiente favorable de comunicación sana y expedita.

¿Cómo comencé? Pues inicialmente fue el teléfono. Muy útil, por cierto, pero no de mi completa complacencia, los silencios no eran fáciles de manejar, y el paciente manifestaba que le intimidaba. No niego que fue un avance, y que la personalidad del paciente con la del terapeuta y su estilo tienen mucho que ver con el progreso y el éxito de las intervenciones. Luego siguió el correo electrónico, por demás muy útil. Sin embargo, se presta a tantos intríngulis. Confío en su poder y apertura, solo si se trata de pacientes previamente conocidos.

Así llegamos a nuestros tiempos, y manifiesto con determinación y énfasis que tanto Skype como Zoom han sido las herramientas de la época. Es como estar en vivo, desde luego, si es manejado con la fluidez y el apoyo que ameritan. Si bien me refiero a psicoterapia, también ha sido muy buena la experiencia en conferencias, recibidas o dictadas.

Sí, las circunstancias nos han impulsado, con nombre y apellido: la COVID-19.

Múltiples trabajos científicos y muy variados enfoques han sido organizados por personal experimentado para que la atención se afecte lo menos posible. Sin embargo, sigo en el punto crucial: no estamos listos para un contacto virtual total, no sabemos cuánto tiempo será necesario realizarlo y, positivo, ha habido un avance en la adaptación al mismo.

Señalo dos aspectos tomados en cuenta por grupos de expertos: i) la relación colaborativa luego de una primera evaluación que podría incluir diagnóstico y tratamiento inicial se sostiene en la psicoeducación, el ¨rapport¨ y al apoyo directo; ii) un primer encuentro personal, si posible y permitido, seguido de continuidad fluida e individualizada, aunque sea por imagen. Creo que aun estamos en un período de ajuste, que amerita de una entrega total al cambio de vernos a través de las cámaras. Escucharnos y observamos ya es un adelanto. Quizás no muy lejanamente podríamos estrechar manos.

Caso 1. Elena (36) ha sido mi paciente por varios años. La relación terapéutica comenzó en un país común. Debido a la cronicidad de su condición y a su situación personal, la psicoterapia se mantiene regularmente con buenos resultados. El reforzamiento ha sido elemental. Las migraciones nos llevaron a la necesidad, por su solicitud mayormente, a continuar las sesiones. En ambas posiciones nos hemos sentido cómodas y hemos podido acordar los tiempos propicios para cada una. Los encuentros de semanales pasaron a quincenales y ahora son mensuales. Si bien el refuerzo de lo avanzado es muy importante, ha habido un buen desarrollo emocional de Elena que le ha permitido enfrentar nuevos retos.

Caso 2. Margarita (66, jubilada, pero activa dos veces por semana) consultó por una situación familiar disfuncional con uno de sus hijos. Ella no es una persona muy extrovertida, pero explicó muy bien sus inquietudes en cuanto al comportamiento de su hijo adulto y a lo que ella llamó ¨sobreprotección¨ de su parte. Durante 20 sesiones en 12 meses, hubo un avance hacia la funcionalidad entre ellos, lo cual ella realizó firme y amorosamente con establecimiento de límites. Luego de la COVID-19 a comienzos de 2020 tuvimos 4 sesiones por teléfono. Margarita no quería usar otro medio, pero tampoco se expresaba como en persona. No sé qué hubiera sucedido si hubiéramos continuado, pero hubo mudanzas que afectaron la continuidad.

Estoy segura de mi apertura al respecto, y de mi apoyo total, sin embargo, no deseo que sea por muy largo tiempo, aunque no parece haber tiempo tope, y, además, impresiona como una modalidad creciente.

Lucimey Lima Pérez es Psiquiatra, Psicoterapeuta, Máster y PhD en Neuroquímica. Investigador Emérito del Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas (IVIC).

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