Nelsito el Kissiano

Nelson, foto de la época

Por Regis Iglesias Ramírez.

Lo conocí, si no recuerdo mal en casa de Neil. Una casa construida a finales de los 50s por el patriarca familiar, el abuelo de Neil, que había tenido que escapar de la isla cuando la banda de Fidel Castro tomó el poder.

Era una casa espaciosa donde la abuela, la entrañable Esperanza, sus hijas Gisela, Lilian, Magalis y su hijo Juanito, convivían con los nietos: Neil, Dennisse, Alejandro, Ibis, Laura, Danay y  Yusef, y nos aceptaban y toleraban con paciencia estoica a las decenas de rockeros amigos de los más jóvenes miembros de la familia Alamo en los 80s, a pesar de nuestras majaderías de muchachos rebeldes, extravagantes y bulliciosos.

Nelsito era un joven  rubio que se las ingeniaba para esconder las mechas largas de su melena en trenzas y así poder pasar inadvertido por los profesores del Preuniversitario, siempre vigilantes y dispuestos a amargarte la mañana en la puerta del centro de estudios a causa de los centímetros de más en el corte de cabello.

De tal modo sobrevivió a la censura incluso en la universidad. Llevaba jeans ajustadísimos y camisas anchas que combinaba con zapatillas deportivas o en ocasiones botas militares.

Un metalhead en toda regla que intentaba estar al día de las últimas grabaciones de las nuevas  bandas del más pesado rock ochentero norteamericano y europeo y sobre todo de sus amados Kiss aunque hasta hoy no ha podido verles actuar en directo.

Nelson es más devoto de los cuatro enmascarados de New York que toda la Kiss Army.

Recuerdo que Nelson, Félix, Alejandro y Miguelito, decidieron un día crear una banda para amenizar nuestro aburrimiento. Era una banda de formato simple, En realidad eran las dos guitarras españolas de Ale y Migue, con el ocasional sonido de una lata de galletas haciendo de batería en manos de Nelson y Félix. Algo como unos Tenacious D pre Tenacious con unas letras irreverentes y más punk que las de Sex Pistols, escritas por  Nelson y Félix que también las cantaban, o eso intentaban. La «banda» fue bautizada como Metalpene y aun por ahí sobrevive algún cassette con las grabaciones caseras de temas tan hilarantes como Policía tu no eres mi amigoEl rusoMetalpene una temporada en el infiernoLa farmaciaSeñorita siglo XXSi no te gusta el metal, no tenemos nada de qué hablar, entre otras.

Una tarde particularmente ociosa estábamos reunidos y se nos ocurrió maquillarnos como Gene, Paul, Ace y Peter. Ale fue el Starchild, Migue el Gato. yo no otro que el Spaceman y Nelson, por supuesto, el Demonio. Norlan tomó las fotografías y prometió revelarlas con un conocido que se le había pegado en esos tiempos sobre el que teníamos sospechas de colaborar con la policía. No sé qué pasó con las fotos, no se si Norlan se sobrevaloraba como fotógrafo, o si el tipo al que le dio el negativo fotográfico se quedó con él y lo pasó a sus jefes; por cierto, de ser así, me gustaría hacer un llamado desde estas líneas a esos jefes para que nos las devuelvan, si es que aun las conservan, o que las publiquen para intentar desacreditarnos, no importa de tal modo las puedo rescatar de alguna manera y viéndolas rememorar aquellos viejos tiempos.

Cada cumpleaños de Gene Simmons era celebrado en casa de Nelson o donde se pudiera como si se esperara al homenajeado en persona. Recuerdo una vez que fui a su casa con Neil y su hermana Dennisse porque era el cumple del Demonio. No sé de dónde, pero Nelson guardaba una botella de Johnny Walker reservada para la ocasión. Luego me enteré que era un regalo de su abuelo para su padre y que él la había tomado a escondidas para celebrar con nosotros el cumpleaños de Gene. Todo un lujo para nuestro paladar acostumbrado a alcoholes que no podría nombrar a estas alturas sin que mi pobre y resentido estomago no grite de pavor, pero entonces eran lo más barato para amenizar nuestras noches rockeras en La Habana.

Uno tras otro nos fuimos bajar más rápido el contenido de la botella escuchando los cassettes de Nelsito con toda la discografía de Kiss. Cuando el whisky escocés llego a su fin continuamos con una botella de alcohol menos refinado, en realidad sin refinar, de las que vendía Oscarito El Turco, o Sandokan, que de las dos maneras le llaman, y era su extra salarial para sostenerse la vida cuando trabaja en la destilería de Lawton. A Oscar, uno de los legendarios rockeros del barrio, recurrían no solo los frikis durante los fines de semana para garantizar la movida, también toda la fauna de beodos de Lawton y los negociantes del liquido etílico, incluso algún agente de la policía política transformado en eventual administrador de una tienda de licores de la zona.

Esto me consta porque una tarde que esperaba a Oscar en su casa llegó uno de mis perseguidores urgido del Turco para negociar con él unas botellas de alcohol. El sujeto se dio un susto cuando me vio y no sabía qué tema de conversación darme para disimular. Me preguntó cómo me iba en el Movimiento Cristiano Liberación y le dije que trabajando mucho para cambiar la situación de nuestro país. Él respondió: «Esto no tiene arreglo», y aunque no esperaba esa salida aproveché para aclararle que estaba equivocado, que sí lo tenía y que verle a él comprando alcohol de contrabando y a otro de los muchachones del G2 que nos interrogaban a cada rato en el cuartel de Acosta, vendiendo picadillo de res que robaba de uno de los mataderos, también del barrio, era esperanzador porque ellos antes presumían de ser abogados y oficiales policiales y ahora andaban infringiendo la ley con negocios turbios, lo que significaba que el fin de todo estaba cerca. Me miró como niño descubierto bajo la cama comiéndose todas las golosinas de la fiesta y solo dejó escapar un «Bueno…» resignado ante la realidad del fracaso del régimen.

Estos agentes de la policía política eran contemporáneos en su mayoría con nosotros. Hubo un tiempo en que el agente traficante de alcohol fue compañero de batería mío en los Tigres de 10 de Octubre, el equipo de béisbol del municipio por el que yo lanzaba antes de fastidiarme el brazo siendo juvenil, y él era mi catcher.

Pero ellos prefirieron unirse temprano al carro de la tiranía por prebendas que luego no les alcanzaron para cubrir sus necesidades ni sus expectativas de grandeza. Se unieron a los jóvenes comunistas, a las misiones intervencionistas de la tiranía en África y América Latina, mientras Nelsito, Félix, Freddy, Judith, Dennisse, Luisito, Alejandro, Pedro, Norlan, Ivan, Pupo, y tantos otros, optamos ser perseguidos y rebelarnos contra la opresiva ideología que aun amordaza nuestra isla.

Algunos creímos que no sólo debíamos escuchar rock y ser rebeldes al punto de participar en varias reyertas contra la policía y terminar en los calabozos de La Habana cada dos por tres.  Por eso al enterarnos de la fundación del MCL muchos nos unimos y hasta hoy, pasados más de 30 años todavía continuamos creyendo y defendiendo aquellos principios y valores. El proceso no fue de un día para otro. Oswaldo, Ramón y Dagoberto tuvieron que lidiar con nuestra desordenada y no acostumbrada a la disciplina manera de ver las cosas.

Si digo que Nelson es el mejor de nosotros todos, quienes le conocemos estaremos de acuerdo. Aparte de aquella botella de whisky y alguna más de alcohol de la destilería no acostumbra a beber. Es un buen hijo, buen hermano y sobre todo buen esposo y padre. Uno de los mejores amigos. Pese a su apariencia metalera siempre ha sido una persona responsable y muy inteligente que no sólo se preocupa del sonido de las guitarras de sus ídolos musicales.

Nelson no militó organizadamente en Liberación, pero pese a las presiones mientras estudiaba la carrera de medicina y luego de graduado como médico que sufrió para que dejara de tratarnos o delatarnos, jamás lo hizo, jamás cedió al chantaje y las amenazas.

En enero de 1998 vino donde nosotros a decirnos que un oficial del G2 había ido a su hospital y en una reunión con el personal médico y sanitario les comentó sobre la intervención de la noche anterior en un canal de televisión  que extraordinariamente la dictadura había permitido al Cardenal Jaime Ortega con motivo de la visita de Su Santidad Juan Pablo II a la isla.

El tipo se había explayado en difamaciones y ataques al Cardenal al que sólo unas horas antes sus jefes habían permitido aparecer por primera vez en la tv estatal, única admitida en el país.

«Intenten tener cuidado», nos dijo Nelson a Freddy y a mi. «El tipo del G2 nos advirtió que la oposición intentaría protestar durante la misa del Papa y habrían entre la multitud decenas de agentes policiales para golpearles discretamente y trasladarlos a los improvisados puestos sanitarios que se levantarían en la Plaza para atender a cualquiera que tuviera problemas de salud debido al calor y la aglomeración ese día.  Así que tengan cuidado ustedes».

Como en efecto, la madrugada antes de la misa Papal cuando Freddy regresaba de casa de su suegra con su esposa y sus hijas pequeñas vio a dos agentes del G2 apostados en la entrada del pasillo donde se hallaba el apartamento donde yo vivía. Horas después cuando pasó a recogerme para unirnos al grupo de nuestra parroquia Santa Clara de Asís para trasladarnos  en autobuses a la misa, los mismos individuos continuaban en su vela. Salimos de casa con la familia y los del G2 detrás de nosotros. Sólo pudimos despistarlos cuando una vez en la Plaza dejamos a nuestros familiares en un lugar seguro y nos escabullimos para unirnos a Ramón Antúnez, uno de los líderes fundadores de Liberación y percatarnos que él tenía sus propios «guardianes».

A Nelson le negaron la posibilidad de ir a Sudáfrica. En esos días el régimen exportaba sus médicos a países necesitados y aprovechaba para incluir una quinta columna que fomentaría el comunismo en el mundo, aun lo hace.

Pero nuestro amigo no es de los que se rinden fácilmente, sobre todo porque Sudáfrica era un destino apetecido por los mal pagados médicos cubanos y era la posibilidad de reunir un poco de dinero.

Logró solicitar una entrevista con la embajadora del país más al sur del continente africano y esta sorprendida le dijo que no se explicaba como no habían autorizado su traslado a Sudáfrica más que nada porque ellos, los sudafricanos habían mostrado interés en su impecable curriculum.

De alguna manera la embajadora logró que los del Ministerio de Salud Pública cubano le permitieran viajar y Nelson pudo ampliar su bisutería de Kiss.

Siempre estuvo al tanto de mi situación los siete años y medio que fui secuestrado por el régimen y nunca dejó de relacionarse como siempre con Ernesto Martini, Freddy.

En 2017 un amigo saudí fue quien intervino para lograr llevarlo a la tierra de Mahoma como médico. Los cubanos intentaron torpedear su solicitud una vez más cuando él pidió ir a trabajar a ese país. Nelson hacía años se había casado y tenía dos hijos. Vivían en el apartamento de su abuelo que falleció poco tiempo antes.

Al llegar a Arabia Saudí se declaró de inmediato desertor. Su esposa y sus hijos fueron desalojados de su vivienda en Cuba, pero él logró sacarlos del país y reunirse con ellos de una manera rocambolesca mientras continuaba trabajando en un hospital de Jizan, al sur de la península.

Pudo salir una vez reunido con su esposa e hijos rumbo a Occidente, llegar a España, donde yo vivío, se lo propuse varias veces o ir a Estados Unidos donde están la mayor parte de nuestros amigos. Pero su compromiso con el médico saudí que le ayudó a escapar de Cuba pesó más.

Cada vez que podemos nos conectamos todos por Whatsapp o Messenger y rememoramos viejos tiempos, comentamos las novedades de Kiss y hacemos planes de futuro.

Desde hace un tiempo su salud no es para nada buena, pero Nelson resiste, él no es de los que se rinden al menor contratiempo o ante la más violenta tormenta. Su meta es trasladarse con su familia a España o preferiblemente Estados Unidos porque ya se sabe que las cosas por acá no van bien.

Yo estoy seguro que algún día nos reuniremos todos nuevamente. Las cosas solo son fáciles para los oportunistas y los cobardes que saben disimular.

Por ahora sólo podemos apoyarle en la medida de nuestras fuerzas y medios, pero si Nelson necesita de nuestra ayuda siempre estaremos para él y su familia. Nuestras manos son las suyas, nuestros pies, nuestro corazón y nuestra esperanza. Él sabe que puede contar con sus amigos como nosotros siempre hemos podido contar con él para con una firma apoyar cada iniciativa ciudadana que ha intentado devolver la soberanía al pueblo cubano. Con cada información para intentar protegernos y su solidaridad a toda prueba.

Él sabe que no está solo porque cree que la magia en nuestros corazones nunca se irá… Keep hope alive yes deep inside and your dreams will never die. We are one.

Nelsito y su esposa

Regis Iglesias Ramírez es escritor, poeta, ex preso político de la Primavera Negra de Cuba, portavoz del Movimiento Cristiano Liberación. Fue desterrado y reside en Madrid.

Nelson y su familia necesitan de nuestra ayuda, para hacer una donación aquí, por favor. Muchas gracias.

One Comment

  1. Félix Antonio Rojas G

    Qué el Dios del Trueno lo resguarde y lo ilumine en estos momentos difíciles 🤘

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