Nada de nada

Por Ulises Fidalgo.

En el mapa el Caribe y el Mediterráneo son dos bocas de una conversación. Nos miramos a los ojos y en los suyos vi mi reflejo. Aunque no lo viéramos, dentro del reflejo de mis ojos estaba el reflejo de los suyos, y así en sus ojos también los infinitos reflejos de nuestra conversación. Hay momentos que contienen la eternidad. Fue durante una puesta en una playa del norte del Mediterráneo. Aún se veía la otra orilla. La joven parecía una mora salida del romancero, y acercarse tenía el gusto del sacrilegio. Por suerte ella comenzó la presentación:

-Mi nombre es Nada.

-Mi nombre es Nadie -repliqué con una sonrisa torpe. – Es que me llamo Ulises.

La broma había fracasado. Ella sostuvo el silencio durante el tiempo de pronunciar aquella frase: “No llores como una mujer lo que no supiste defender como un hombre”, o tal vez alguna versión moderna adecuada para mi ridículo. No tenía que haber supuesto que ella sabía algo sobre la Odisea. Hacía siglos que no era literatura para todo el Mediterráneo.

– Nada significa Rocío en árabe – aclaró.

Lo supe allí: en árabe rocío también es nombre de mujer. Alguna vez había escuchado una de esas enseñanzas que se le atribuyen a Buda, donde decía que la realidad era como una nube. La vez desde la montaña de enfrente, pero cuando estás dentro de ella te das cuenta de que es sólo niebla. Nada.

Las ideas cambian según sus propias reglas, y aún sin las mismas lecturas, nos entendemos bajos las visiones que han evolucionado hasta nosotros. Al principio (si es que se puede usar la palabra “principio” en sentido absoluto), la Creación consistía en ordenar el Caos, pero no en crear la Realidad desde la Nada. Parece una aberración lógica, pero durante la mayor parte del tiempo de los hombres la Nada no ha existido. Hemos llegado a ella recientemente tras un progresivo vaciamiento de los conceptos, como las expropiaciones que condujeron a “La Nada Cotidiana”. 

Hoy nosotros, ella (Nada) y  yo, compartimos la misma visión de la Creación, y nos preguntamos por qué entre tantas opciones previas en el Mediterráneo, fueron las historias de Israel las escogidas para fundamentar nuestros mitos. La respuesta es similar a la pregunta de por qué triunfó el Tango en París. Hemos visto muchas películas donde un cantante de tango fracasado, se marcha a París, y allí los franceses le dan una gran acogida a su música. Al final el cantante regresa a Buenos Aires como un triunfador. El tango triunfó en París porque ya era francés. Es hijo de la Habanera, que a su vez es hija de la contradanza, la cual incorporaron a la música cubana los exiliados de la revolución de Haití. Algo parecido pasó con el Dios de Israel.

Cuando nos asomamos a la Biblia vemos dos visiones contrapuestas. Una es un tribalismo feroz contra los vecinos, y otra es el universalismo que nos contiene. Lo extraño no es el tribalismo, sino el universalismo. ¿Cómo llegaron a los mitos de unas pocas tribus en una esquina de la civilización, esa visión de que incluso los que no pertenecen a su pueblo, merecen dignidad? El tribalismo (hoy llamaríamos nacionalismo) se pertrecha de reproches contra un enemigo especial: Egipto. De hecho en hebreo la palabra para referir a Egipto es muy próxima a la que usan para angustia. Conocemos ese fenómeno. El nacionalismo se construye contra el Imperio que nos influye hasta definirnos. Y de allí viene el universalismo de la Biblia, de Egipto.

Hace unos meses asistí a unas clases sobre el Éxodo en el marco de los cursos del Limud. Allí  el profesor Cesar Silva nos reveló con argumentos que los levitas en realidad, eran sacerdotes del dios único Atón, exiliados a Judea tras la muerte de Akenatón. Sus descendientes lograron influir sobre los textos para interpolar el respeto a los extranjeros. Aún había reticencia para aceptar a los levitas dentro del pueblo. Así, tal vez aquella promesa a Abraham de que él sería padre de muchos pueblos, fue incluida entonces. Según el profesor Antonio Piñero esa fue la misma promesa que Pablo intentó forzar cuando injertaba a tantos paganos dentro Israel, para así precipitar la llegada del Reino. Lo demás es historia. Historia del Cristianismo y luego del Islam. Todos a ambos lados del Atlántico somos restos del naufragio de Egipto.

Podría contarle a ella todo esto que estaba pensando mientras la miraba a los ojos, pero resolví que no era la mejor manera de empezar una amistad. Ciertamente Nada significa rocío en árabe, pero en realidad esta historia no ocurrió. Nada jamás existió. Existió Leila, y no nos miramos a los ojos porque no la conocí en la puesta, sino en la noche, como su nombre indica. Una noche en que no se podía ver nada.

Ulises Fidalgo es Profesor de Matemáticas de Case Western Reserve University.

5 Comments

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  2. Heidys Yepe

    Que placer leerle amigo. Saludos

  3. Me encanta como escribes. Gracias.

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