Macron y Sánchez en la segunda ola

Por Redacción.

Los rebrotes del bicho (coronavirus) del PCCH están aumentando de manera considerable en España, Francia e Inglaterra. Sin embargo, al parecer en Alemania de sólo hablar Ángela Merkel el bicho se hace el bobo y mira para otro lado, y en Italia desde que se contaminó Silvio Berlusconi ya no importa nada ni nadie más, sólo se habla del bicharraco en el cuerpo semi ajado de un muñecón extraído de un frasco de formol llamado Berlusconi, ni siquiera ha perdido su increíble bronceado.

El hecho es que contrariamente a lo que hicieron en la primera ola ahora no habrá confinamiento, impondrán algo que han llamado “paradas aisladas” o “parcializamientos”. Dios mío, pobre diccionario.

Sí, contrario a lo que hicieron, al menos a lo que hizo el presidente francés Emmanuel Macron, quien declaró hasta seis veces en su primera intervención aquello de que estamos en una guerra; aunque no hay que olvidar que Pedro Sánchez, el presidente español, que conocía a esas alturas muy bien las consecuencias no vaciló en lanzar a la gente para la calle a manifestar y a que se contaminara. Ocurrió el el 8 de marzo pasado, día internacional de las feministas y ‘feministos’; recuerden aquello de “el machismo mata más que el coronavirus”, lema de su indignante manifestación populista.

Pues eso, así lo han dictaminado, no habrá confinamientos. ¿Será que desde el primer día el presidente Donald Trump estuvo en lo cierto con aquello de que no se debía detener el país? ¿Sucederá que ahora la prensa y la izquierda (valga la redundancia) criticarán a Macron y a Sánchez como lo hicieron en su día con el “rubio indeseable”? No, seguramente ahora, que el virus ande campeando por sus respetos, deteniéndose muy campechano él solamente (vaya, cuánta inteligencia) en aquellos lugares donde se ha aislado parcialmente, no tendrá la menor importancia. Como al parecer tampoco la tiene que los médicos y el personal sanitario sigan alertando ante la indiferencia de los políticos de que los hospitales vuelven a colapsar otra vez .

¿Y los aplausos de las ocho desde los balcones y las terrazas? ¿Y los cantos? ¿O debiera decir himnos? Bien, gracias. Y gracias también a la divina providencia, porque con un día más de aplausos y ‘canturrerías’ irían a colapsar también los manicomios.

Redacción.

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