Política

Los rugidos del dragón

Roland J. Behar

Por Roland J. Behar.

El secretario de Defensa de los Estados Unidos, Lloyd Austin, ante el Fórum Nacional de Defensa Ronald Reagan, llevado a cabo el pasado día 4 de diciembre en California, citó las palabras del presidente Biden: “China es el único país, que combinando sus capacidades y poderes diplomáticos, militares, económicos y tecnológicos es capaz de representar un reto constante a la estabilidad y existencia de nuestro actual sistema internacional estable y abierto”.

Pese a los multibillonarios recursos que nuestras fuerzas armadas, incluyendo a nuestros servicios de inteligencia, tienen a su disposición, el Sr. Austin establece que no se pudo evitar que: “durante los últimos veinte años el gobierno chino y sus fuerzas armadas han realizado un esfuerzo titánico y han logrado modernizarse hasta convertirse en un adversario considerable para los Estados Unidos en Asia y eventualmente alrededor del mundo”.  Esto lo ejemplifica al establecer la presencia militar china con bases alrededor del mundo. Esto incluye la más reciente (según fuentes de inteligencia norteamericana) en Guinea Ecuatorial.  Al mismo tiempo nota que incrementa sus capacidades, con misiles tierra/tierra, aire y mar, así como alta tecnología de defensa anti submarinos, guerra cibernética y aeroespacial. Agregó Mr. Austin que Beijing moderniza e incrementa sus capacidades nucleares ofensivas.  Insisten conseguir contar con 1000 cabezas nucleares capaces para el 2030, mientras modernizan y optimizan su alcance.

A pesar de reconocer los abusos a los derechos humanos de sus ciudadanos y la exportación de su sistema autocrático en otras partes del mundo, la respuesta de esta administración ha sido clara. No buscamos ni una confrontación, ni un conflicto, ni una nueva Guerra Fría. Tibia respuesta a los jerarcas chinos quienes han expresado su malestar con el statu quo de la supremacía estadounidense en ciencia, poder militar y tecnología. Alardean de su confianza en poder superarnos en un futuro no muy lejano. Nuestra última experiencia en Afganistán contradice la imagen que de nuestras fuerzas armadas se espera. Veremos.

China no es un dragón dormido, ni ha campeado por sus respetos en su zona de influencia por casualidad. El desastre económico que la marxista Revolución Cultural de Mao Zedong impuso, detuvo el desarrollo chino por décadas.  Posteriores administraciones chinas, por más pragmáticas, no menos crueles e, inicialmente, con la ayuda de sus propios exiliados en Taiwan y Hong Kong, lograron este obscuro fenómeno neofascista que es el milagro chino.

Mientras tanto, me pregunto si tendrá esta administración la perspicacia y cordura de no rechazar, como en tantas otras circunstancias lo ha hecho, eliminar los empeños y logros de administraciones precedentes con el objetivo de proteger nuestros intereses y la estabilidad en la zona indo-asiática, como en los casos de las interrumpidas negociaciones para incorporar a Indonesia y Mauritania a los Acuerdos Abraham, los que, al parecer, se prohíbe mencionar.

La administración anterior estuvo a punto de conseguir convenios con Mauritania e Indonesia para su incorporación a los Acuerdos Abraham y ser los próximos países musulmanes en normalizar sus relaciones con Israel para disfrutar de los beneficios que a ambas naciones y a la paz mundial su participación representaría.

Mauritania es un país con una población pequeña (quizás 4-5 millones) que está situada en la encrucijada de la región del Magreb y el África subsahariana. Aproximadamente cuatro quintas partes de su territorio está ubicado en el Desierto del Sahara.

Pese a que la anterior administración canceló los beneficios comerciales que Mauritania disfrutaba en 2018, debido a resistirse a abolir la esclavitud, no cejó en su empeño y ofreció las ventajas que su incorporación a los Acuerdos Abraham podría representar. Mauritania, como Guinea Ecuatorial, cuenta con una fuerte presencia china.

Indonesia con población de más de 270 millones, es el país musulmán más grande del mundo. Un valor agregado de este pretendido acuerdo habría coadyuvado la realidad de que el conflicto israelí-palestino no tiene por qué ser un obstáculo para la paz entre el estado judío y los mundos musulmán y árabe.  Esto ha sido un vector de odio omnipresente y una traba al desarrollo.

Prueba de lo que iba en marcha es el hecho que Indonesia y Estados Unidos firmaron un acuerdo de 750 millones de dólares para financiar proyectos de comercio e infraestructura, mientras ambos países buscan fortalecer las relaciones económicas. Esto puede considerarse un primer paso.  Sería el inicio de una financiación para el desarrollo de Indonesia de un monto de 2 billones de dólares. Hasta se llegó a hablar de vuelos directos entre Yakarta y Tel Aviv.

Todos asumimos, con razón, que usualmente los países responden más a sus intereses que a los sentimientos. Estas alianzas entre dispares en zonas de tanto interés nos acercarían a una paz posible. ¿A Ud. no le parece? A mí, sí.

Roland J. Behar. Middle East & Latin American Politics.

 

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