Por Zoé Valdés/La Gaceta de la Iberosfera.
Referirse a la música popular cubana del siglo XX sin mencionar a Meme Solís sería dejar un vacío irremplazable. José Manuel Solís Fernández, conocido artísticamente como Meme Solís, es reconocido como pianista, compositor, arreglista, cantante y director de grupos vocales, y su trayectoria lo sitúa entre las figuras más influyentes y respetadas de la cultura musical de Cuba y del ámbito iberoamericano. Meme Solís es un orfebre de voces, y un piano man.
Meme Solís nació el 23 de septiembre de 1939 en Mayajigua, Yaguajay (actual provincia de Sancti Spíritus, Cuba). Desde muy temprana edad mostró una inclinación natural por la música, iniciando estudios de piano a los seis años en el Conservatorio Rita Chapú de Santa Clara. Siendo muy joven tuvo la oportunidad de acompañar al piano a Olga Guillot en el teatro Cloris de esa ciudad, experiencia que marcaría definitivamente su vocación artística.
En 1958 se trasladó a La Habana, donde comenzó su carrera profesional como pianista acompañante en el Salón Caribe del hotel Havana Hilton. Fue allí donde entró en contacto con los creadores del feeling (filin), una corriente musical que fusionaba el bolero tradicional con armonías modernas influenciadas por el jazz. Este entorno definiría el carácter refinado, íntimo y profundamente emocional de su obra. Durante esta etapa acompañó a figuras esenciales de la música cubana como Esther Borja, Xiomara Alfaro, Rosita Fornés, el cuarteto D’Aida y René Barrios, consolidándose como uno de los pianistas acompañantes más solicitados y admirados del país.
Un capítulo central en la carrera de Meme Solís fue su relación artística con Elena Burke. Juntos trabajaron extensamente en teatros, centros nocturnos y grabaciones discográficas. En 1959, Solís participó como pianista y repertorista en el álbum La Burke canta, considerado uno de los más importantes de la cantante. En él aparecen composiciones suyas como “Qué infelicidad”, “Para seguirte adorando” y “Es una verdad quererte”, piezas que hoy forman parte del canon del bolero cubano. Esa exitosa colaboración entre ambos ha tenido continuidad en la estela que hoy también triunfa en los teatros con la hija de Elena, la inigualable Malena Burke, y con su nieta, la también compositora, cantante y productora, Lena Burke.
En 1960, Meme Solís fundó el Cuarteto de Meme Solís, también conocido como Los Meme, una agrupación que dominó el panorama musical cubano durante toda la década de los sesenta. Inspirado por los cuartetos vocales estadounidenses, el grupo introdujo armonías sofisticadas y una nueva concepción escénica, influyendo decisivamente en generaciones posteriores. Con Los Meme se presentó en escenarios emblemáticos como Tropicana, El Gato Tuerto, el Hotel Riviera y el Teatro Amadeo Roldán, y alcanzó enorme popularidad con canciones como «Otro amanecer·, considerada un himno emocional para muchos cubanos.
El catálogo de Meme Solís supera las 300 composiciones, interpretadas por artistas de primer nivel, entre ellos Olga Guillot, Libertad Lamarque, Omara Portuondo, Beatriz Márquez, Malena Burke, Luis Alberto Fernández, Rubén González y Paquito D’Rivera. Su obra se caracteriza por la elegancia armónica, el lirismo contenido y una profunda sensibilidad melódica. Lejos de quedar en el pasado, la obra de Meme Solís continúa siendo celebrada. Meme y Malena fueron nominados a los Grammys en 2025, por su álbum, Malena Burke canta a Meme Solís. Este mes de abril fue distinguido en Madrid con el Premio a la Excelencia durante la Gala Acción Social de los Premios de Radio y Televisión, en reconocimiento a la trascendencia y vigencia de su trayectoria artística. En esa ocasión también se destacó su influencia como formador de artistas y su aporte decisivo a la música cubana dentro y fuera de la isla. La grandeza de Meme Solís reside en su virtuosismo al piano o en la belleza de sus composiciones, en haber creado un estilo reconocible, íntimo y eterno, capaz de conmover a distintas generaciones. Su nombre permanece ligado a lo mejor del bolero, del feeling y de la canción cubana, consolidándolo, con justicia, como una figura insuperable de la música.
Fui yo quien nominó a Meme Solís para este reconocimiento, apoyado de inmediato por la productora artística y escritora María (Galas) Cansino y la gran compositora, cantante, artista, productora, y escritora, Lucrecia. El origen de esa nominación tiene una anécdota, además de mi admiración por la obra de Meme Solís, la logré esbozar en breves palabras al entregarle el Premio junto al reconocido José Manuel Parada.
En 1989 el compositor francés Michel Legrand anunció que deseaba estrenar su Concertoratoria con el texto integral de la Declaración de los Derechos Humanos en La Habana, aquello fundió las obtusas mentes de la plana mayor del régimen, Fidel Castro se opuso. Sin embargo, alguien le aconsejó que después de los fusilamientos de tantos generales aquel mismo año, lo que se llamó la Causa 1 contra el tráfico de estupefacientes, quizás debía dar una oportunidad al artista francés, con tal de lavar internacionalmente la imagen de la Revolución, que había quedado muy degradada tras el Caso Ochoa y demás generales involucrados, y que sin duda ninguna Castro conocía y de lo que había sido el jefe, pero que de cara a Estados Unidos, debía corregir y salvarse. De modo que autorizó el estreno propuesto por Michel Legrand, con la condición de que se efectuara durante el Festival de Cine, en diciembre, tal como se había acordado con el ICAIC (Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficos), dado que Legrand no sólo es un compositor musical, además había compuesto música para el cine, y era director y actor.
Mi relación con el cine, por mi trabajo y amistades, mi conocimiento del idioma francés, facilitaron que me contrataran para preparar los tres coros que requería Michel Legrand, en lo que sería la pronunciación y dicción, además de ritmos lingüísticos acompasados con la melodía, de los tres coros que intervendrían, y de atender durante la estancia —en calidad de intérprete personal— a él y a su esposa, además de al pianista acompañante Erick Berchot. Legrand había enviado una lista de artistas cubanos con los que quería trabajar en la magna obra, pero ya eso no era de mi incumbencia. De la lista me enteré estando ya el compositor en la isla.
Entonces ocurrió lo imprevisto: teniendo presente al oficial de la seguridad del Estado, ubicado para vigilar los pasos de cada artista invitado, Michel, quien enseguida estableció conmigo una comunicación magnífica, comentó: «Zoé, qué lástima que no pueda contar con el gran Meme Solís para el proyecto, qué pena que ha muerto; siento tanta admiración por su obra. Cuando este señor me lo anunció me provocó mucha tristeza». El “señor” era el chivato, pero Legrand no lo sabía. Yo me quedé de piedra, Meme se había ido del país tras haber sufrido uno de los peores tratos y represiones que se le puede aplicar a un artista; lo solté sin pensarlo demasiado: “Meme no ha muerto. Meme se fue del país, ya no podía más, dicen que le hicieron todo muy difícil”. Nunca olvidaré el rictus de sospecha en el rostro de Michel Legrand, pero menos olvidaré la ira en el rostro del seguroso. Me citaron en la oficina que había montado el G2 en el Hotel Nacional, me dieron una advertencia y su consabida forma de amedrentamiento; la dirección del Festival se desentendió del tema. Años después, tras mi exilio, también regaron lo de mi muerte, la agencia AFP cayó en la trampa y reprodujo la noticia, a mi madre por nada le da un infarto en Cuba.
Así son ellos, cuando no pueden asesinar físicamente, mienten y matan con sus mentiras a quienes se niegan a seguirle la rima. De modo, que hace sólo unas horas estábamos en el Teatro Nuevo Alcalá, vivitos y coleando. El insigne Maestro Meme Solís más vivo que nunca, feliz, radiante, más artista, y más verdadero que nadie; rodeado por Félix Romeo, por sus amigos, y todos los que lo queremos y admiramos, como mismo lo admiraba el Maestro Michel Legrand.















