Relato Mundial

La última Luna

Borges y la Luna. Ilustración Jhon Varon

Por Ulises Fidalgo.

Creamos ideas y conceptos con lo aséptico. La Luna es casi blanca y se muestra en constante ciclo entre la nada y el círculo y viceversa, pero en los momentos peores de nuestras vidas nos alivia. No es más que una porción de la materia que anda por el cosmos, cuya única condición especial que tiene para nosotros, es que nos persigue, y no por afecto. No deberíamos sentir halago alguno por una atracción tan ordinaria como la Gravitación Universal.

Con la Luna recordé a mi amigo Ramón Guevara. Primero anduve hacia el Paseo de la Argentina, en el Parque del Retiro, en Madrid y de ahí, al recuerdo de mi amigo. Fui hacia el cuento “La Forma de la Espada”. Según mi amigo Ramón, John Vincent Moon era Borges enmascarado. Así me contó en su casa de La Habana.

– Al final Borges termina su cuento: “Yo soy Vincent Moon. Ahora puede despreciarme”. Borges era un cobarde… ¿Sabes que mi viejo estudió en la misma escuela de él cuando eran pequeños?… Cuando Borges era niño ya leía libros de filosofía. ¿Te imaginas? En la época en que todos leemos novelas de aventuras, él estaba imbuido en Bacon o Diderot… Nunca fue niño; seguramente por eso tampoco fue anciano.
– Es el colmo, Ramón, ¿también le vas a hacer el psicoanálisis a Borges? Deja a los muertos tranquilos.
– Pero es un caso típico de estudio. Además, se lo merece por ser argentino.
– Pero si vas a perturbar el descanso de los perturbados argentinos, tendrías que empezar por Ernesto.
– Ernesto Sábato aún no ha muerto y parece que vivirá para siempre.

Hace tanto tiempo de éste escrito, amigo lector…. Yo volví:

– No decía otro Ernesto.
– Hemingway no era argentino.
– ¿Vas a escribir la importancia de ser Ernesto?
– Los Guevara no alcanzamos tanta mariconería.
– Claro, cuando aman a los hombres les llaman insignes profetas de la aurora.. Sabes de quién hablo.
– Pero yo quiero hablar de Borges. Era un chivato – mi amigo usaba expresiones cubanas para hablar con los cubanos -. Un día mi viejo escribió sobre una mesa, un pupitre, y Borges lo delató. Entonces mi viejo le metió un piñazo. Tal vez empezó a quedarse ciego desde entonces.
– Un poco violento, ¿no? ¿Es el apellido?
– Borges, como buen narrador que ya era, le contó a la maestra, y a mi viejo lo expulsaron. Estuvo un año completo sin decirlo en su casa y por las mañanas, como no tenía que ir a la escuela, se iba para el puerto a hablar con los estibadores…
– ¿Y fue de ese modo como conoció el padecer de la clase obrera, no?
– Sí – Ramón contestó con una sonrisa reticente.
– Imagino que tu padre habrá influido mucho en tu hermano… Es curioso cómo un hecho en apariencias insignificante puede cambiar la historia de un pueblo completo. Un rayón en una mesa de una escuela de Buenos Aires a principio de siglo, puede ser la causa de que casi tres millones de cubanos tengan que andar errantes por el mundo, y otros once pasemos hambre en la Isla. Tu anécdota seguramente aparecerá como encabezamiento de un libro que se llamará “La Influencia de Jorge Luis Borges en la Sociedad Cubana de Finales del Siglo XX”.

Dicen que la Luna sigue fría y muerta, y que ilumina con la luz de otro, pero que también es el espejo de la vida. Parece una conversación que desvanece en la insignificancia, pero insiste en el recuerdo. Tal vez ya la habríamos olvidado si no la hubieran escrito antes del último rayo del ocaso.

Ulises Fidalgo es Profesor de Matemáticas de Case Western Reserve University.

2 Comments

  1. Raul Izquierdo

    Magnifico y ameno escrito Ulises, preciosa esta frase… “Dicen que la luna sigue fria y muerta, y que ilumina con la luz de otro, pero que tambien es el espejo de la vida”

    • Ulises Fidalgo

      Muchas gracias. Me encanta que te haya sido ameno. Mucho mejor que esa frase es una que el mismo Borges se encargo de traer en una conversación con Octavio Paz y Salvador Elizondo. Se trata de un verso persa: “Luna, espejo del Tiempo”

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