La música cubana actual en franca decadencia

Sindo Garay

Por Zoé Valdés.

No haré un estudio profundo sobre lo que significa la música cubana actual en el mundo, se trata de una apreciación básica y somera frente a un fenómeno al que estamos asistiendo incrédulos los que conocemos y amamos la música cubana de toda la vida. Para nadie es un secreto que la música de la isla se encuentra en franca decadencia. Menos mal que nos quedan los clásicos y los populares: Trío Matamoros, Sindo Garay, Benny Moré, Rita Montaner, Celia Cruz, la Lupe, Olga Guillot, Chano Pozo, Dámaso Pérez Prado, Bola de Nieve, Ñico Membiela, Barbarito Diez, Elena Burke, y los que faltan, hasta más p’acá los conocidos y etcétera… Menos mal que podemos tirar de las gavetas de los antiguos y tradicionales repertorios, porque de lo que existe ahora mismo no se pueden ni aguantar dos segundos de ese ruido infernal que no se entiende ni en qué jerga emiten, caso que emitiesen algo.

La música aquella de las esferas de Salinas, el pobre, que en Cuba era más bien la de Ñico Saquito, se fue a bolina. La politización castrista y enajenación elemental totalitaria dio al traste con todo y se ha amparado del espectrum y, el espectro resulta de un verdadero pavor, salvo nombres que se han mantenido fieles a la tradición y a sí mismos.

Hablando con un productor musical hace unos días por privado me comentó que lo mismo sucede en todo el mundo, que entre los ritmos nuevos todos iguales con letras más o menos mediocres e idénticas y los shows televisivos en los que se requiere mayormente a gritones histéricos y no a almas artísticamente potentes y sensibles, el canto y la idea de la música como belleza y arte escasean; no se sabe cuándo y cuánto se podrán recuperar. Insistió además que a él le entristece profundamente el caso de Cuba, porque sabe por experiencia, que allá y en el exilio de Miami es donde probablemente queden todavía músicos de auténtica calidad creativa, pero esos músicos saben que con semejante autenticidad y linaje por nobleza no les saldría ni un concierto, y ni un sólo seguidor en YouTube les daría a la campanita aprobatoria.

¿Y entonces? Pregunté alarmada. «Entonces habrá que adaptarse o, yo como productor y músico, me moriré de hambre, y lo mismo ocurrirá con el resto…».

Más tarde traté de hacer una pequeña encuesta entre jóvenes europeos, dado que me dije que al yo pertenecer ya a otra época probablemente la edad y mis gustos me impidieran observar el ‘inmenso’ fenómeno. Situé la pregunta acerca de la música cubana en un sitio de estos (Skyrock) de encuestas de jóvenes entre 15 y 30 años, de manera anónima, meramente expuse lo siguiente: ¿podrían citarme un título o fragmento de alguna canción cubana de cualquier época? Las respuestas fueron todas admirativas en dirección de la música tradicional cubana. Pocos jóvenes -entre ingleses, franceses, alemanes, españoles (incluso), italianos (los que más conocían los nuevos engendros), sudcoreanos, japoneses, libaneses, israelíes- citaron nombres de reguetoneros y/u reguetones del momento de los que se oyen en Miami o en Cuba. De modo que, si un público existe para estos nuevos productos y sus ejecutores pudiera considerarse extremadamente local, resulta más bien limitado en cuantía, y supondría que dada la rapidez con la que va la vida, los éxitos, si los hubiere, serían breves. Aunque, lo que sí queda claro, con toda seguridad, es que a nivel internacional no pegan, nada de nada.

La nueva música cubana no es abanderada como en los años dorados, porque no da el plante, no tiene con qué. Lo único que logra, apenas, es reemplazar a medias y por cortos plazos la joya universal que todavía poseemos, la música cubana patrimonial de los grandes, la que el castrismo quiso borrar y de la que recién tuvo que echar mano para hacer caja (y eso mediante los segundones). Un tesoro que debiera ser declarado, si todavía no se ha hecho, Patrimonio de la Humanidad. Con lo cual… ‘bájate de la acera, mira que te tumbo», o como cantaría yo: anda, trapea por aquí que el piso sigue mojado, no vayas a resbalar.

Zoé Valdés es escritora y artista. Fundadora y Directora general de ZoePost y Libertad Prensa Found. Fundadora del MRLM.

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