Por Gloria Chávez Vásquez.
Esa música… se parece a las tallas de la Alhambra, esos arabescos peculiares que no dicen nada con sus vueltas y formas, pero que son como el aire, como el sol, como los mirlos o como los ruiseñores de sus jardines.
Isaac Albéniz (1860-1909).
El guitarrista clásico Andrés Segovia escribía en 1947: «¿Qué artista o qué crítico, por severo que sea, puede condenar las transcripciones de las obras de Albéniz para la guitarra? Son una verdadera restitución al instrumento que proporcionó la inspiración original.»
Muy cierto es, que la guitarra, ocupa un lugar privilegiado en la música española. Esto significa que cuando los compositores intentan capturar el idioma musical español, escogen el sonido característico de sus cuerdas, aunque escriban para otro instrumento.
Imitando el sonido de la guitarra en el piano, e inspirado en la música folclórica andaluza, Isaac Albéniz estilizó los sonidos tradicionales españoles que nos dan la impresión de que, como en el jazz, se está improvisando la música. Fue así como surgió la pieza que se convertiría en una de las más importantes del repertorio para guitarra clásica.

Asturias, preludio o leyenda
La interpretación, de seis minutos de duración, fue compuesta originalmente para piano. Albéniz la llamó simplemente Preludio. Publicada por primera vez por Juan B. Pujol & Co. en Barcelona (1892) forma parte del conjunto de tres movimientos titulado Chants d’Espagne.
Una obra anterior, que Albéniz título, Asturias, era parte del conjunto de piezas de música folclórica de toda España, pero su partitura se perdió. El nombre Asturias se lo dio (póstumamente) al Preludio de Cantos de España, el editor alemán Hofmeister, quien la incluyó en la “versión completa” de 1911 de la Suite española. Aunque el dramatismo de la música concuerda con el paisaje de la región de Asturias, Albéniz nunca tuvo la intención de incluirla en esta suite.
Walter Aaron Clark, biógrafo de Albéniz, afirma que Asturias, la leyenda, está escrita en la forma característica de Albéniz, como “flamenco andaluz puro” con ritmo de bulería (forma flamenca rápida). Las marcas semejan, tanto los sonidos de la guitarra, como el taconeo de un bailarín flamenco. La segunda sección se apoya en la copla (verso cantado). La música alterna entre el solo y el acompañamiento, típico del flamenco. La sección central de la pieza está escrita en el estilo de una malagueña, otra pieza de estilo flamenco.
Aunque fue compuesta para imitar la guitarra con el piano, la pieza no puede transcribirse nota por nota para guitarra. Francisco Tárrega, fundador de la escuela moderna de guitarra, interpretó la pieza ante Albéniz, quien desde entonces prefirió la versión en ese instrumento. Otros artistas como Miguel Llobet la interpretaron magistralmente y según el erudito guitarrista Stanley Yates, la primera transcripción para guitarra de Asturias, fue la de Severino García Fortea, y la versión de Andrés Segovia, a mediados del S. XX, fue la más elogiada. Actualmente varios intérpretes reconocidos, así como orquestas de prestigio internacional, la incluyen en su repertorio.
El niño prodigio
Isaac Albéniz era uno de los compositores más influyentes de España, cuando partió de este mundo en 1909. Director, empresario, intérprete y compositor aportó al renacimiento del nacionalismo español, con obras que personifican la energía y espíritu de la cultura ibérica.
Comenzó su carrera componiendo música de salón, y luego, piezas musicales dramáticas de gran profundidad emocional. Creó texturas musicales con líneas simples y coloridas, sugiriendo ritmos y elementos melódicos en el paisaje español. Sus obras para piano como Iberia y Suite Española son admiradas por su autenticidad y brillantez técnica.
Nacido el 29 de mayo de 1860 en Camporodó, un pueblo de la provincia catalana de Gerona. Albéniz fue un niño prodigio que se presentó al público como pianista a los cuatro años y compuso su primera pieza musical a los siete. Cursó estudios de música en el Conservatorio de Madrid, interrumpidos por su espíritu inquieto y necesidad de aventuras. En su adolescencia viajó como polizón, por Suramérica y el Caribe. Estuvo en Puerto Rico y Cuba antes de regresar a su casa en 1875.
Sus estudios superiores fueron guiados por profesores de alto calibre como Antoine François Marmontel, en París. Su mentor, pionero del nacionalismo musical en España, Felipe Pedrell, influyó decisivamente en el joven, enfocando la misión de Albéniz en crear una identidad musical propia, fusionando elementos folclóricos con la sofisticación de la música artística europea.
Óperas teatrales
Sus primeras obras, piezas de salón y zarzuelas, tuvieron mucho éxito comercial. Compuso óperas como Pepita Jiménez y Merlin. En su música, Albéniz introduce varios estilos regionales, los cuales sofisticó en piezas de concierto. Contrario a otros compositores de la época, el nacionalismo de Albéniz fue profundamente estructural, con elementos folclóricos entretejidos en sus composiciones. Entre sus primeras obras de esa categoría está la Suite Española, Opus 47, estrenada en 1886.
Como creador de una “música nacional con acento universal” Albéniz se convirtió rápidamente en el líder del nacionalismo musical español, reavivando el interés por las tradiciones folclóricas durante un periodo de redescubrimiento cultural.
Para 1885, Albéniz se había establecido permanentemente en Madrid. Enseñaba y daba conciertos. Había compuesto más de 50 obras, principalmente para piano. En 1887 ofreció un concierto, interpretando su propia música. Sus composiciones formaron parte de una serie de 20 conciertos, en el pabellón francés, de la Exposición Universal de 1888 en Barcelona. Realizó, además, varias giras con sus conciertos, en París y Londres.
Legado Magno
Su obra magna Iberia fue compuesta entre 1905 y 1909. El organista y compositor francés Olivier Messiaen (1908-1992) la describió como “la obra maestra de la música española”. Se trata de una suite en la que cada pieza es un poema sinfónico, que mezcla elementos folclóricos como el flamenco, el cante jondo y las danzas regionales con armonías impresionistas y virtuosismo en el piano. Iberia es en sí, una exploración sofisticada y ambiciosa de la identidad cultural y musical de España, fusionando el nacionalismo con el modernismo.
Albéniz falleció el 18 de mayo de 1909, en el suroeste de Francia, afectado por una nefritis crónica. Su muerte significó la pérdida de un visionario cuya influencia es evidente en las obras de compositores como Enrique Granados, Joaquin Rodrigo, Manuel De Falla y Joaquin Turina.
Isaac Albéniz y Claude Debussy fueron contemporáneos, y sin duda se influyeron mutuamente. Maurice Ravel estaba tan fascinado por Albéniz, que buscando orquestar algunas piezas de la península ibérica para un ballet, acabó creando Bolero.
La conjunción de tradiciones folclóricas ibéricas con la música clásica, inmortalizó a Albéniz. A través de obras como Asturias, la Suite Española e Iberia, capturó vívidamente la esencia del alma de su país, trascendiendo así las fronteras nacionales y dotándola de un atractivo universal.
Gloria Chávez Vásquez escritora, periodista, educadora reside en Estados Unidos.















