La inquisición virtual de las redes sociales

Por Gloria Chávez Vásquez.

 

La libertad de expresión es la base de los derechos humanos, la raíz de la naturaleza humana y la madre de la verdad. Matar la libertad de expresión es insultar los derechos humanos, es reprimir la naturaleza humana y suprimir la verdad.

                              Liu Xiaobo

(Defensor de los derechos humanos y Premio Nobel de la Paz en 2010)

 

Ya nos lo había advertido Salman Rushdie en su momento: que “la libertad de expresión es un bien escaso” y que “sería terrible dejar a los fanáticos marcar los límites”. Ese día ha llegado y son los gigantes cibernéticos quienes dictan ahora los límites.

El terrible abuso de la censura en plataformas como Facebook (propietario de Instagram), YouTube y Twitter es posible porque sus egocéntricos dueños le han dado el poder de control a individuos ignorantes y disfuncionales, convertidos en espías virtuales, para violar el derecho a la libertad de expresión de los usuarios. En el caso de Facebook, Mark Zuckerberg emplea a más de 15.000 revisores a nivel mundial. Cada revisor, bajo la estricta vigilancia de un supervisor, tiene una cuota de 500 decisiones diarias y 30 segundos para analizar cada caso. Los errores, intencionados o no, bastan para cerrar una cuenta.

No es que los amos del espacio cibernético no hayan admitido su agenda política. Es que el mundo aun no se lo cree. Que las redes sociales actúan como la moderna inquisición o el vehículo del supuesto nuevo orden mundial.  Y lo peor es que estén cubiertos por el Acta de Decencia en la Comunicación, Sección 230, en la ley de comercio de los Estados Unidos. Esa ley, activada en 1996, protege a esas plataformas de las demandas de los usuarios por violaciones a su privacidad y al derecho a la libre expresión. El aumento en las protestas de demócratas y republicanos empujó al congreso y al senado a tomar las riendas de una investigación dirigida a reformar esa ley.     

La investigación, que ha tomado más de un año, cobró impulso después de que Facebook cerró la cuenta de dos populares comentaristas de derecha, Diamond & Silk, famosas por su estilo abierto y humorístico. La excusa de Facebook para la drástica censura nunca fue clara y apeló diciendo que la “marca y contenido” (traducción: apoyo al presidente Trump) de las comentaristas, “representaba un peligro para la comunidad.” Dichas damas testificaron ante el comité del senado que investiga la censura y su página social tuvo que ser reinstaurada. Desde entonces Facebook se guarda de dar razón alguna cuando elimina una cuenta. Los críticos de las redes sociales alegan que los criterios de aprobación de la red “son tan confusos como sus algoritmos” y los expertos reclaman la necesidad de transparencia. 

El senador republicano por Missouri, Roger Wicker que dirige el comité de Comercio conminó a los ejecutivos de dichas plataformas a testificar voluntariamente, pero en vista de su renuencia amenazó con enviar citaciones. El comunicado subraya la urgencia de esos testimonios ya que las deliberaciones son clave para la enmienda de la ley. El senador observa, que la moderación en el contenido de las decisiones de estas plataformas, “parecen limitar cada vez más el discurso público”. 

Innumerables son ya las figuras conservadoras o de derecha “guillotinadas” por los “inquisidores” de las plataformas. El actor y activista republicano James Wood, es uno de ellos. La comediante Roseanne Barr vio arruinada su carrera tras un comentario humorístico que hizo en Twitter. El mismo presidente Trump ha sido censurado y amenazado por la guillotina virtual.  El músico e inversionista  Roger McNamee, considera que Facebook “es una amenaza a lo que queda de la democracia en Estados Unidos”. 

 La más reciente violación prendió la alarma entre los seguidores de Zoepost, el periódico digital que publica desde Paris la novelista y librepensadora cubana, Zoé Valdés. El 24 de septiembre, Facebook  desactivó su cuenta, sin explicación alguna y de manera definitiva. La denuncia no se dejó esperar, así como las protestas de sus seguidores que buscan una solución a la invasión de la privacidad en los medios sociales.  

En su reporte publicado por Real Clear Politics, Kalev Leetaru, investigador asociado al Center for Cyber & Homeland Security de la  universidad George Washington,  afirma que los propietarios de las plataformas digitales “creen que el público no tiene derecho a entender cómo funcionan” y mantienen secretas sus operaciones. “De hecho, Silicon Valley se ha convertido en el Ministerio de la verdad” dice Leetaru.

El New York Post publicó, la semana pasada, un artículo examinando la personalidad anárquica de los ególatras de la Internet, comenzando por el finado Steve Jobs y pasando de Bill Gates a Zuckerberg y los demás chicos de club.  Pero la señal de que los “magos digitales” se han pasado de la raya en su comportamiento normal y profesional , se refleja en la amenaza publicada en  Twitter, por el ex ejecutivo Dick Costolo: Su mensaje «Los capitalistas del Yo –primero que creen que pueden separar la sociedad de los negocios, van a ser la primera gente alineada contra el paredón y ejecutados en la revolución. Con mucho gusto hare un video con los comentarios”.  Por supuesto nadie cuestiona a Costolo ni se atreven a señalar su evidente acción de sicopatía. 

Ahora que se acercan las elecciones en Estados Unidos, es obvio que las plataformas sociales le han declarado la guerra a escritores y librepensadores que combaten contra la desinformación de la izquierda. Y los enanos que controlan la palanca de la censura se excusan en que “lo dice el inquisidor y san se acabó”. 

Roger Wolfe, el poeta, narrador y ensayista inglés se quejó con amarga ironía que “el individuo tiene derecho a expresar libremente lo que le está permitido decir”. Mientras que George Orwell siempre supo que la libertad de expresión no se extendía más allá de “decir lo que la gente no quiere oír.” Y la mayoría de la gente teme a la verdad. 

Cabe recordar que la libertad de expresión es el derecho de todo individuo a expresar ideas libremente, y por tanto sin censura. Es un derecho fundamental recogido en el artículo 19º de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. A ver cómo, y si estamos dispuestos a defender ese derecho.

Si Ud. no ha violado los estándares comunitarios y Facebook (u otra plataforma) se niega a darle una explicación     POR FAVOR LLAME A  (202)224-1251 (llame entre 9am y 4pm EST).

O ESCRIBA A:

SENATE MAJORITY CONSUMER AFFAIRS COMMITTEE                                                               

512 Dirksen Senate Building

Washington D.C. 20510.

 

Gloria Chávez Vásquez es escritora y periodista.

 

  

3 Comments

  1. carmen maso

    llevo 24 horas suspendida por una tonteria
    ofensa no es
    verdad sin duda seria
    pero los censores estan en la boberia

  2. Como antes habia escrito la modalidad actual es callar a los que dicen algo que no nos agrada y claro que los demas no puedan leerlo o compartirlo, vaya una inquisition cibernetica, dicho esto me viene a la mente algo que una vez lei y creo de Jose Marti; «el poder de una voz desde lo profundo de una cueva», hoy esa frase no tiene sentido alguno, ha sido borrada por los inquisidores de las redes sociales asi como de la prensa radial, escrita y televisiva. Savonarola aun reina en el espacio actual. Viva Cuba.

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