EDITO

La granja de los grillos

Por Gloria Chávez Vásquez.

La obsesión de Bill Gates por cambiar el estilo de vida en el mundo occidental, con la excusa del cambio climático, le viene de hace tiempo. En 2015 un tuit del multibillonario, bebiendo agua extraída de materia fecal, causó verdadera conmoción. Los tuiteros recordaran la imagen, temiendo que ahora el excéntrico magnate esté tramando forzar a la población mundial a acompañar sus productos de comida sintética, con un vaso de agua obtenida de excrementos.

Pero, la empatía no es el fuerte de este tecnócrata que aspira a ser amo del planeta. No es raro pues, que ahora esté “cultivando” grillos (y eventualmente otros insectos) para reemplazar la carne e imponernos su menú. Una manera de tener el poder sobre qué come y cuándo come la gente.

Es una realidad que, en países como China y México, el consumo de grillos, entre otros insectos es tradicional. Deshidratado, el grillo es un aperitivo crujiente y, triturado, se convierte en harina. Pero eso no obliga al resto del mundo a consumirlo. Aun así, Gates está enfocado en naciones como España, donde, aunque no se permite aun su procesamiento, se empieza a comerciar con esas harinas.

En su pasatiempo agrícola, Bill estuvo interesado en promover la cría de gallinas, según él, para solucionar el problema del hambre. Fue así como invirtió 300 millones de dólares en el África Subsahariana. Pronto se aburrió de las gallinas y pasó a la más barata y rentable cría de grillos. Su idea es que la ganadería es muy costosa y que la humanidad puede alimentarse de insectos y dejar a un lado el consumo de carne.

 

 

 

Gates el geoingeniero

La nueva aventura de Bill Gates emula a Soylent Green (Cuando el destino nos alcance), la película de ciencia ficción protagonizada por Charlton Heston y Edward G. Robinson en1973, basada en la novela de Harry Harrison. No sería raro que Gates se hubiera inspirado en esta pesadilla, para tratar de realizar su grandioso sueño de construir la nueva sociedad. El problema es que está promoviendo un nuevo feudalismo, al alentar el monopolio de tierra y con ello el control sobre la vida de los demás.

Preparando el escenario, el fundador de Microsoft, se ha dedicado a la compra de grandes extensiones de terreno en los estados de la unión con tierra más fértil. La sola compra de 189.213 hectáreas en Dakota del Norte, le causo problemas pues se llevó a cabo de manera secreta y violando una ley que prohíbe a las empresas, sociedades de responsabilidad limitada y fideicomisos, realizar actividades agrícolas y ganaderas en el estado. Gates admitió luego, que su “grupo de inversión” estaba detrás de las compras y dejó entrever que desarrollaría semillas y biocombustibles.

La fiebre de tierras atacó a Gates un año antes del Covid19, tras orquestar un simulacro mediático de la pandemia. (¿Qué sabía Bill?) Para 2021, él y su ex esposa habían adquirido 597.995 hectáreas agrícolas, 3.049 de tierras recreativas y 63.629 en transición de tierras de cultivo a uso residencial y comercial.

Aunque su fundación lleva décadas en el desarrollo de “cultivos sostenibles” que sobrevivan al cambio climático y al uso intensivo de la tierra. la “rentabilidad”, no explica su compulsión posesiva. Gates es presidente de Breakthrough Energy Ventures, un controversial fondo de inversiones que financia el activismo climático y culpa del “apocalipsis” al ser humano. Es, además, accionista mayoritario de Leading Harvest, una organización que promueve un modelo en materia de sostenibilidad agropecuaria y que posee más de 800.000 hectáreas, sólo en Estados Unidos.

Otra de sus prioridades mesiánicas es la de reemplazar a los agricultores por máquinas y robots, y así tener control absoluto sobre el mercado de la alimentación, básico y esencial para la subsistencia del ser humano. Su motivación prevalente es “sencilla”: reducir la población.

Carne de laboratorio

La granja de los 100 círculos es una de las propiedades de Bill Gates que puede verse desde el espacio. Es también una de las razones de su apetito desmedido por la tierra: su alianza comercial con McDonald’s para proveer al gigante de verduras y tubérculos, como las papas, los cuales cultiva en el estado de Washington, en la esquina noroeste del país.

Pero, Bill Gates no solo ha apostado por los grillos, las gallinas y las papas, sino que les ha declarado la guerra a los ganaderos, invirtiendo una fortuna en la producción de carne sintética en el laboratorio. Le sobra dinero para presionar a los gobiernos para que “regulen” el mercado y gracias a sus donaciones, Gates, el filántropo, cuenta con la colaboración de tecnólogos, científicos, biólogos, químicos y expertos en dietética, para conseguir su propósito y desarrollar las tesis que expone en su libro “Como evitar el desastre climático”.

Sus seguidores lo han apodado “el rey del cultivo” y el magnate asegura que es “por el bien del planeta”. Sin embargo, es aparente que lo hace por el bien de su bolsillo, invirtiendo en una gran variedad de nuevas empresas de carne artificial, como Hampton Creek Foods, Memphis Meats, Impossible Foods y Beyond Meat.

En el caso de Beyond Meat, una de las primeras compañías de carne y biología sintéticas, sus acciones subieron hasta un 859% durante sus primeros tres meses. En 2025 proyecta duplicar su valor. El Foro Económico Mundial, una organización de la que Gates forma parte, ha designado como objetivo de la Agenda de Davos 2030, la sustitución de la carne de res por carne artificial. De cumplirse las expectativas del Foro, el precio de la carne real será tan elevado en un futuro que sólo podrá comerla aquel que pueda permitírselo, como Gates, que es aficionado a la hamburguesa.

Desde que se presentó la primera hamburguesa sintética en Londres (2012), la carne artificial se ha venido produciendo en laboratorios a partir de células madre extraídas de músculos de animales: de vaca, pollo o cerdo, junto con otros elementos, como el suero fetal bovino, mioglobina, vitaminas, aminoácidos, grasa y tejido conectivo. El pretexto utilizado para la sustitución de la carne real por la artificial es el supuesto bajo impacto medioambiental. Lo que no se dijo entonces, es que la carne sintética requiere aun la explotación de animales, tiene efectos contaminantes y carece de la indispensable vitamina B12. Por otra parte, está conformada por deshechos biológicos del ganado, lo cual no garantiza la calidad y sugiere la clonación.

¿Preguntas, Dr. Frankenstein?

En la última celebración del Foro Económico Mundial 2021, su fundador Klaus Swab se jactaba del progreso en los planes de la Agenda 2030 y su Gran Reseteo, que incluye la sustitución de la carne. Por esta razón, compañías de proteínas vegetales como Impossible Foods y Beyond Meat, están produciendo a gran escala. Gates espera extinguir pronto la ganadería, así como lograr otros cambios en el consumo de energías y prevé que la industria de carne sintética alcanzará los 8.700 millones de euros para 2030.

El 16 de noviembre, 2022, la Administración de Drogas y Alimentos de Estados Unidos autorizó el cultivo de células animales para consumo humano. Upside Foods, una empresa californiana que produce pollo cultivado a partir de células podrá vender sus productos en el mercado una vez que hayan sido aprobados por el Departamento de Agricultura de EE. UU.

El éxito de esta nueva aventura Gatesca es cuestionable, dado que, con el mismo celo, Gates abordó la educación a fines del siglo XX causando un desbarajuste con su core curriculum en el sistema educativo estadounidense. Durante el surgimiento del Covid19, los políticos olvidaron la debacle y tachándolo de “visionario” lo invitaron de nuevo a meter sus manos en el sistema.

En medio de la pandemia, la fortuna de Bill Gates se incrementó gracias a su monopolio de vacunas experimentales, que causaron daños irreparables en la salud e incluso la muerte de cientos de miles de niños en el tercer mundo. Las acusaciones de médicos y científicos en países del Asia y África sustentan una multitud de demandas contra Gates, que él y su batallón de abogados sortean como un juego de ping pong, abalado por sus billones. Pero su fiebre de cambiar el rumbo de la civilización, posando de benefactor, no parece haber aminorado.

La escritora, activista y ambientalista hindú, Vandana Shiva, que observa la debacle, reflexiona: Estamos en este rollo por creer que la humanidad es una entidad separada de otras formas de vida biológicas y que podemos hacer en este planeta lo que nos venga en gana. O sea que la Tierra se reduce al valor monetario. Gates puede ser el “coco” con dinero, pero él es tan solo el síntoma de la enfermedad de la tierra, no la causa.

 

Gloria Chávez Vásquez escritora, periodista y educadora reside en Estados Unidos.

 

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