La enfermedad social del igualitarismo

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Por Andrés R. Rodríguez.

Por millones de años el ser humano primitivo (¿Homo sapiens?) conformó sociedades comunales o comunistas y partidas de caza con tendencias igualitarias, que recorrieron los bosques con un riesgo parecido para todos, compartiendo en porciones más o menos iguales el peligro y lo poco que cazaban y recolectaban. Una porción o parte de la captura se transportaba para la aldea, a alimentar niños, mujeres y viejos. Se puede decir que la solidaridad es parte del DNA humano, está grabado en nuestro “contrato social” originario. Procedemos de la igualdad en la miseria, en la intemperie, en enfrentar al gran depredador. Pero es de suponer que el ser humano se hizo más humano cuando el comportamiento solidario intragrupal (partida de caza, tribu, clan, fratria…), se sobrepuso a otros grupos menos integrados. Es decir, existió una competencia y selección del más adaptado.

Es de suponer que los grupos humanos mas unidos, salieron adelante como grupo, mientras los que abandonaban al débil, herido o anciano, se hacían más escasos por actuar más aislados. Vale señalar que los seres humanos primitivos apenas sobrepasaban los 20 años de esperanza de vida, es decir, la mortalidad individual era altísima, por lo que el individuo era apanas un escalón en la escalera de la supervivencia. La tribu o el grupo de “caza” más cohesionado, venció mediante su acción mancomunada, su sinergia positiva. Pero en algún momento del ascenso civilizatorio humano, ya no solo se trataba de cohesión para la caza o el ataque, sino en lograr que varios miembros del grupo llegaran a mayor edad y acumularan mayor sabiduría (el viejo era entonces su biblioteca caminante). Tal vez lo que somos en la actualidad, fue una selección de los grupos humanos más solidarios, que conservaron mejor sus “bibliotecas”.

El ser humano tendió en los orígenes de la civilización a organizarse en grupos emparentados en que existía una especie de comunismo intuitivo. Pero la genética es un poco aleatoria y caprichosa, a unos cazadores da gran puntería y fuertes músculos, otros son enclenques o enfermizos. El macho alfa y cazador más eficiente que sobresalía, asi tenía acceso a más hembras y dejaba más descendencia. Así, aun cuando el más fuerte (el mancho alfa más enérgico), en cierta proporción tenía que sostener a los más débiles (el menos dotado, el hijo pequeño, el enfermo, el anciano), su descendencia era más numerosa.

También los animales de grupo (gregarios) tienen comportamientos que evitan el más fuerte sea el único que se alimente, cuando alcanzan la presa o la comida (orden de picoteo, pecking order). El mas fuerte llega primero, da unos mordiscos, y se retira, no se queda a impedir que otros se alimenten. Y los machos alfa, igualmente tienden a dejar descendencia mas numerosa.

Nada extraña que en los albores de la civilización se tendía a la propiedad comunal, y que actualmente existan remanentes de ello (monasterios, ejidos, indigenismo, bosque comunal de una aldea, sistema de parques nacionales en EEUU).

Pero una cosa es un contrato social establecido humanamente, en los sinos de la emergencia civilizatoria, entre parientes y otra la imposición comunal e igualitarista que pretende imponerse desde gobiernos autoritarios en la actualidad. Una cosa es que se permita el comunitarismo a los que lo desee y otra que se le imponga a grandes grupos humanos como son las naciones actuales, para colmo industrializadas y basadas en una gran cantidad de nichos en sociedad.

¿De dónde sale el igualitarismo que nos proponen los sesudos? Bueno, ya referimos que hay ciertas formas del comportamiento animal y de las sociedades primitivas que pueden ser consideradas una forma de colectivismo primitivo. Pero que intelectuales, ante las numerosas contradicciones e injusticias que tienen una sociedad moderna, pretendan que la solución es volver atrás en la historia, habla muy mal de su conocimiento del mundo y de la historia. Nada casual que casi todas las utopías, pretenden que la solución es el igualitarismo del que emergimos. Platón, Moro o Campanella, etc., etc., plantean sus utopías sobre bases científicas muy cuestionables. En los hechos, sus planteamientos utópicos, no son más que propuestas a volver al pasado comunal.

Que hoy miles de Sociólogos, Politólogos y Filósofos, sostengan que grupos humanos de millones de desconocidos tienen que adaptarse obligatoriamente a formas de igualitarismo y colectivismo, es una total irracionalidad. Eso ocurre porque Sociología, Politología o Filosofía NO son ciencias, por lo tanto, no tienen métodos eficientes para entresacar la verdad de la paja de la historia. Emplean como herramientas de discernimiento solo su cerebro y la palabra. Pretenden que pueden imponer socialmente sus asertos. Pero no son más que una serie de trasnochados intelectualoides, pretenciosos que su proto-ciencia es Ciencia.

Cuando pretenden imponer la propiedad comunal como la central e incluso, como la única, la Utopia denigra en Distopia. Caemos en “1984”. Olímpicamente, académicos e intelectuales buenistas, se saltan las evidencias de que los ecosistemas naturales tienden a la complejización (evolución, sucesión ecológica, emergencia) no a ser estructuralmente estáticos ni a la simplificación. El colectivismo promediador, desindividualizador y descabezador del creativo (entrepreneur) desconoce como progresa la naturaleza. Mediante la tendencia a la complejidad.  En los hechos, pretenden que la historia humana ha caminado sobre una cinta de correr, y que estamos en el mismo lugar en que estuvo el ser humano primitivo. Se dicen progresistas, pero nos empujan para atrás.

Por otro lado, hoy en los países industrializados ejércitos de burócratas recargan a los ciudadanos productivos con reglas y multas, se han convertido en un lastre para la evolución social. Se trata de miríadas de políticos, funcionarios, inspectores y tecnócratas en los gobiernos centrales y municipalidades de Occidente, generalmente gente ordenada pero no creativa, las más de las veces hábiles en crear e imponer reglas, ordenar papelitos o escenificar capacidad en público. Para colmo se reservan para ellos muy altos sueldos y retiros, que al final pagan los contribuyentes, inversores e inventores. Es como una igualdad a golpe de papeleo y de intrincadas estructuras y reglas burocráticas. Ya no se enarbola la hoz y el martillo. Pero de todas maneras es un golpe bajo a eso que confusamente llamamos Capitalismo, que se ha ido convirtiendo en Burocratismo.

Y lo más preocupante es que estos burócratas improductivos no tienen limites, tienden a reproducirse, a hacerse cada vez más numerosos y a imponer al resto de la sociedad impuestos cada vez mayores y más automáticos. Mientras, ellos viven en un “Socialismo del funcionariado”: No tienen riesgos de quebrar, pero viven en la tranquilidad laboral, la opulencia y representación impropia.

Por otro lado, existen innumerables equipos de trabajo científico-tecnológico (scientific academy, team work, start ups…), en que personalidades selectas por su IQ (no por su fortaleza física, no el tamaño de sus garras, no por asesinar a otro, no por atrincherarse en un buró con un intrincado papeleo o para cobrar altos impuestos), interaccionan entre sí y crean cada vez más métodos, inventos, sustancias, que han ido elevando sobre bases científicas el standard de vida general. Se trata de un proceso que podemos llamar industrialización.  La creciente productividad industrial de emprendedores e inventores es la que ha cambiado el mundo, no masas de obreros Luditas (los que destruían las máquinas en la Inglaterra del siglo XIX, en su inicial proceso de industrialización), ni utopías de biblioteca. Esos equipos de trabajo basados en la ciencia y la tecnología son los que multiplican la productividad industrial actual, mucho mayor que en todo sistema de trabajo previo, y eso es lo que permite sostener a toda esa parte de la población que son “funcionarios” o “académicos”, inimaginables en sistemas sociales previos, como el feudal.

Se ha creado toda una capa de la población que, sin contacto con la realidad, se puede entregar a una serie de sueños y utopías. La vida igualitariamente incierta del cazador recolector parece ser su añoranza, encerrados en sus torres de Marfil. En especial, la Academia humanística se ha convertido en un bastión desde el que se bombardea al estudiantado y a la ciudadanía con una serie de locuras y estupideces, que no se pueden comprobar pero que ellos imponen a la sociedad valiéndose de su libertad de cátedra e imposibilidad de sustituirlos (tenure track).

Los grandes intelectuales de la historia (Víctor Hugo, Voltaire, Rousseau, Balzac, Dostoievski, Tolstoi, etc., etc.) estaban sometidos en su propia vida a grandes percances, y su sabiduría era la manera en que los racionalizaban y enfrentaban. Tomaban el pulso de la sociedad con su sensibilidad en medio de la tormenta. ¿Qué puede aportar a la humanidad un individuo que nunca ha salido de los invernaderos universitarios, donde sus propias concepciones equivocadas y reales estupideces, interactúan con las de otros equivocados, cultivados en tantos otros invernaderos académicos que ha creado la civilización industrial?

La Ilustración y el Racionalismo europeo, implicaron una real Evolución Cultural. Emergió entonces una forma de pensamiento y estructura social que daba valor a la información y al saber, acumulada de manera similar a como actúa un ecosistema. Porque los seres vivos, no son más que reservorios de información y saber. La llevamos, muy concentrada, en los genes y cromosomas.

El llamado Capitalismo, aun con sus grandes defectos, es la forma social que más se asemeja a cómo actúa un bosque, un arrecife o la Biosfera: acumulando información. Aun lastrados por ciertos militarismos obtusos, después de la Ilustración y el Racionalismo, ciertos lugares en Europa dieron un salto cósmico hacia la ciencia y la sabiduría. Ejemplos, el Paris de Luis XIV, el Reino Unido isabelino, la Prusia de Bismarck.

Evolucionaron hacia ser sociedades que dejaban paso privilegiado a los más creativos tecnológicamente, sobre todo los capaces de abstraerse y proyectarse, los que son más capaces de exprimir la materia gris de su cerebro. Y a eso hemos llamado, confusamente, Capitalismo. Pero se creó un subproducto: “humanitario”, que se han hecho de micrófonos, instituciones culturales y burocráticas. Y se han encaprichado en pintar al mundo de un solo color, el rojo. Asi dibujan al ser humano como un mamarracho, no un ser vivo, proclive a la vida. Por ejemplo, occidente está avanzando hacia una debacle poblacional, porque el mito ahora es el cuerpo y el sexo como calistenia, y no el alma y el sexo sagrado de una pareja que sabe puede verse continuada en un vástago perfecto.

Si queremos avanzar hacia la sostenibilidad y gobernabilidad planetaria, hay que continuar invirtiendo en la evolución del individuo humano. Solo después, con total voluntariedad y como subproducto, la de sus grupos. El orden de los factores SI altera el producto. Se trata de cultivar la Cultura (valga la redundancia) con métodos científico-tecnológicos, no de imponer a como dé lugar utopías, tal como como pretenden los buenistas e igualitaristas desde sus trincheras académicas y asaltando los gobiernos a golpe de votos o fraude.

Jamás la evolución biológica se basa en lo mayoritario. Lo biológico crea excepcionalidad, diversidad, mutaciones y cabalgando sobre lo raro, llega a la innovación y lo nuevo. ¡Pueden comprenderlo! ¿Pretenden Uds. una evolución cultural contranatura? ¿No se enteran, buenistas e igualitaristas?

Andres R. Rodríguez es Científico, Biólogo. Investigador premiado con varios libros editados, entre los que se encuentran: «Lista de Nombres comunes y científicos de peces marinos cubanos (Nomenclator)» (1984, CIP, 82 pp); «Breve Diccionario de Biología Pesquera” (Mar y Pesca, 1986-1987 80pp), «Peces marinos importantes de Cuba» (1987, Ed. Científico-Técnica, 236 pp), “Ecología Actual, Conceptos Fundamentales” (2000, UdO, 134 pp.), “Maritime Dictionary-Diccionario Marítimo (Eng-Spa)” (2009, Ed. Myths and Books, 400 pp) ¨Fábulas vivas¨ (Amazon/Alexandria Library, 2015), «Colonial Havana˗Trinidad” (2018, Amazon/Ed. Alexandria 150 pp), «Havana 500 Anniversary” (2019, Amazon/Ed. Myths and Books 120 pp). ), «Destellos al Alba” (2019, Amazon/Ed. Myths and Books 120 pp, Ensayo). «Caribbean Touristic Dictionary” (2019, Amazon/Ed. Myths and Books 165 pp), «Ecologia para Ecotourismo» (2020, Amazon/Ed. Myths and Books 380 pp), «La Verdad es llama” (2020, Amazon/Ed. Myths and Books 180 pp) En preparación: «Caribbean Ecotourism and Submarinism Eng-Spa”, «Ecotourism Multilingual Dictionary”, «Diccionario de Biología Pesquera”. Ha sido finalista en los concursos literarios “Historias sobre la Historia”. Silva Editorial (2006, Barcelona.) y Premio Orola con “Tacto”, (2009, Madrid). Actualmente es hombre de negocios, consultor de pesca, turismo, medioambiente, periodista freelance.

2 Comments

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  2. Alejandro González Acosta

    Totalmente de acuerdo. Creo que el futuro de la Humanidad no está en la Ideología, sino en la Ciencia, y muy especialmente, en la Ingeniería Genética. Felicito al autor por tan brillante y certera exposición.

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