La Cuba futura: ¿Una isla fuera del mundo? (3ra Parte)

Un viejo tren que no va a parar. Obra de Walfrido Hau

Por Zoé Valdés.

En numerosas ocasiones he tenido que oír por parte de personas que viven en el mundo libre que Cuba es ni más ni menos como cualquier otro país, pero además maravillosa y cívica. No he podido callarme, y he respondido con la intransigencia de la verdad. Sé que no estamos perfectamente preparados para rehacer un país, porque esa perfección no ha existido jamás. Pero al menos, permitan que los cubanos lo decidan en libertad y democracia. Dejen que Cuba sea un país libre por nuestra diversidad de ideas y no con las impuestas por nadie ajeno a nuestra tragedia. Pediría inclusive que sea hasta un país corriente, sin esos traumas del “faro de Sudamérica”, ni el “más antiimperialista del planeta”… En primer orden porque todos esos epítetos supuestamente gloriosos, muy a lo imperialismo comunista chino, no son ni fueron patrimonio del castrismo. Cuba fue verdaderamente faro de América -desde su economía floreciente y vital- a partir de 1957 en que se colocó entre los tres países mejor desarrollados económicamente en Sudamérica (el término América Latina es, como ya he dicho antes, un invento francés). En cuanto al antiimperialismo del pueblo cubano, creo que siempre lo fue, para su peor desgracia; ese ha sido sin dudas desde la Criollez tras la Conquista uno de sus grandes fallos.

Que Cuba devenga un país normal será posible en la medida en que los cubanos seamos capaces de serlo y de reconstruirnos como seres capacitados para lo normal. El castrismo nos inoculó el complejo de ser el ombligo del mundo, y un miedo injustificado al capitalismo. A ese veneno se han sumado varios países colaboradores del régimen, siendo ellos mismos capitalistas. No pocos europeos lamentan que la isla cambie radicalmente hacia el capitalismo porque entonces se volvería insostenible el entendimiento amo-esclavo, que es lo que al final les interesa que sigamos siendo: esclavos. No advierten que los Castro hundieron a esa isla en la miseria, y la solución que encontraron luego, para sacarla de la miseria, ha sido la de un capitalismo salvaje en el que sólo se beneficien ellos, y para el pueblo: pachanga. Los que así piensan, debieran admitir, que lo que se les acabará a todos será precisamente esa pachanga mal pagada, la cogedera de mangos bajitos, la ‘Grantanamera’ a costa de la libertad de los cubanos (por lo que en esto incluyo a una cierta oposición).

¿Por qué no tendríamos también derecho a un capitalismo normal y justo, con libertades, pluripartidismo y democracia? Es hora de que lideren personas cuerdas, y no descerebrados,  una banda de exhibicionistas y bullangueros. Es hora de que los deseos ajenos dejen de ser órdenes para los cubanos de a pie que deban cumplir sin derecho a protesta. Seamos honestos, entre un mundo totalitario y un mundo capitalista, no hay dibujo que lo supere, el segundo ha proporcionado mejores y las más humanas y adecuadas propuestas a la humanidad.

Podríamos sospechar, sin embargo, que en el proceso de liberación y democratización varios compatriotas quedarán al campo, muertos en vida -si me entienden bien-, pero esos serán los que han vivido cegados e inertes, con la fe puesta en el castrismo unos, y otros con la fe puesta en las modas dentro de la oposición, o los que habrán renunciado a la esperanza de otras vías posibles, y a la dignidad que les facilitaría devenir individuos libres.

Raúl Castro tiene noventa años, no está ya en condiciones; pero creó escuela, como su hermano. Para desgracia de Cuba esa escuela castrista es una realidad empotrada en los cerebros, la raulista, en los bolsillos. De esos cerebros habrá que desempotrar el adoctrinamiento que ha durado más de sesenta y dos años y que ellos vaticinan ahora mediante su propaganda que durará sesenta y dos milenios. De sacar la raulista de los bolsillos será más difícil. Si no actuamos, no lo duden que así será, que aquello se eternizará por esas dos vías. Con lo cual, el debate político debe ser liberado, las buenas costumbres en política que tienen que ver mucho con la lealtad y la vergüenza, deben ponerse en práctica.

El anterior Congreso del PCC no varió ni un ápice de lo que habían propuesto desde su ideología comunista como discurso, esa misma declaración de retahíla de fervores revolucionarios, los que confunden con los deberes patriotas,  no es más que un compte rendu cual termómetro para medir el estado de opinión, sin más. Sospecho que el 8vo Congreso seguirá las mismas pautas.

No sólo los presos no han sido liberados, además la oposición los olvida para sumarse a la bachata de las detenciones espectaculares que a veces no duran ni una hora. La diversidad social no puede confundirse con la variedad social, como tampoco la gran política no debiera confundirse con la varieté de los influencers que se enriquecen al mismo nivel que el castrismo a costo del dolor de los cubanos. Lo diverso calcula la cantidad, refiriéndose también al contenido y su calidad. En la variedad el contenido resulta imprescindible, pero no así la cantidad, y la calidad entonces sería preferiblemente excluyente. En política la variedad es populismo a pulso. La diversidad se ocupa de que seamos considerados valiosos en los medios de la alta política internacional. Los cubanos cada día se alejan más de esa posibilidad con sus actitudes reacias de devolverle a Cuba la nitidez de la Perla que otrora fue.

Aquellas medidas raulistas que tanto la gente esperó (menos yo) cuando Castro II tomó el poder y que con Obama se harían posibles, ni siquiera asomaron la cabeza, no aliviaron en nada el malestar de la población. Por el contrario se instauró un malestar cada vez más generalizado y también más minimizado y devaluado como pena y desdicha nacional. El malestar ha sido agudizado para beneplácito de los que con él se enriquecen, sean los oligarcas del régimen, sean los «puestos» del exilio. Y así seguirán, porque ahora es cuando es, y no cuando nadie quiera, decidiendo siempre en el lugar de nosotros o de otros, porque ya desigualdad y racismo no es más que un discurso inclusivo para conseguirse un Grant y convertirse en el intermediario entre el gobierno norteamericano y la tiranía.

En Cuba existe una pobreza devastadora, para nadie es un secreto. Gente que vive de los latones de basura, que no reciben ni un centavo de las remesas ni de nadie. Gente que se pierde entre tantas monedas. La mayoría son ancianos jubilados, obreros, enfermos, estudiantes, que son considerados ciudadanos de segunda y hasta de tercera y de cuarta, por culpa del Apartheid inherente al castrocomunismo, y a ese otro Apartheid tan criminal como el anterior: el del olvido y el borrón y cuenta nueva por parte de una diáspora que ya no es más el exilio digno y ese sí puesto para la libertad de Cuba, en lugar de puesto para el daño, el baro, la mansión, el Mercedes Benz, el rancho, las vacas, y el negocete encima de los hombros de Cuba. El Apartheid en dos palabras de la Cuba INC.

Antes, nadie podía adquirir nada, ahora compran los que tengan mayores posibilidades de vivir de esa Cuba INC. Y esos ya no son unos pocos, una élite de bichos que se retroalimenta entre ellos. Lo que ha variado es que, si hasta hace unos años todavía la gente se rebelaba, ahora con internet precisamente, esa internet que tanto reclamó Yoani Sánchez para su bienestar y el de los suyos, ha servido para que los ¨tontolabos¨ aplaudan, chillen, se sumen a la infamia, sin más. Y si no se está de acuerdo: el linchamiento verbal, la difamación, la calumnia, ya están servidos en las redes sociales como arma de exterminación del prestigio y de la reputación. Otros se contentan con mirar y seguir de largo, no compran, pero tampoco se implican. El poder reinante les inculcó hace tiempo que así de bestial es el capitalismo que les tocaría a ellos cuando el monstruo enseñara sus garras. Sin intención alguna de enfrentarse a las garras, prefieren darse la vuelta y que el arañazo toque a los mejores capacitados. Ya son ciudadanos de un capitalismo salvaje de vitrina, en el que solamente vibran como observadores complacientes, como masa compuesta de placentas.

El lenguaje raulista, su método, en buena medida contribuyó a esta novedad. Impuso un maquillaje, sin expresarse demasiado, sin invertir energía personal. Raúl nunca fue ni por cercanía fraternal parecido en lo más mínimo a Fidel. Carente de carisma y de verborrea orate que hipnotizara, se dedicó a manipular en la sombra, quedándose callado, aunque muy activo, redibujaba un mapa aliñado con sus chistecitos pesados, sabiendo ser astuto, entregándole el poder económico al ejército, desde aquella primera Corporación Gaviota, sin olvidar al MC de los Generales, posteriormente fusilados tras ser evidente el negocio de la droga, amparado por ellos mismos… Raúl Castro estuvo muy lejos de ser un mago, él mismo lo confesó, todavía más lejos de ser un demócrata como deseó el resto del planeta, ¿quién lo duda a estas alturas? Lo cierto es que sus años de gobierno no cambiaron nada más que el reducido derecho a la adquisición de una cierta pacotilla, unos viajecillos por aquí y por allá, la reactualización de la chusmería y la imposición de la misma mediante la labor de una pseudo-oposición creada a su imagen y semejanza como el discípulo que fue de Felix Dzerjinski, fundador de la Tchéka.

En todos estos años bajo el poder de Raúl Castro y de su marioneta Miguel Díaz-Canel, ninguno ha conseguido variar nada más de lo que variaron las cosas en el año 1989, cuando se inició aquel nefasto Período de Rectificación de Errores y Tendencias Negativas. Época en la que comenzó la más dura y siniestra crisis económica que ha vivido la isla a merced del desmorone del bloque socialista y la demanda de ciertos sectores de la sociedad hacia cambios edulcorados y progresivos. Época que se parece mucho a la actual, pero las demandas de cambios no son diversas, sino variadas, desde la varieté.

En 1989 culminaba entonces la época en la que el negocio de la droga y de la guerra en Angola facilitaron cierto ‘confort vivendi’ a la población, a la manera de algunos países comunistas, aunque sin llegar a los “goces” de la RDA.

Raúl Castro lo único que consiguió desde entonces ha sido demorar la vía rusa hacia una transición de los viejos Castro hacia los nuevos Castro, con una real oposición apaciguada y fatigada, y una novata e insulsa disidencia cuya permanencia moral se adapta muy bien al latigazo del dominador de turno.

(Continuará…)

 

Zoé Valdés es escritora y artista. Directora y fundadora general de ZoePost.

Walfrido Hau es un pintor cubano.

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