Sociedad

La creación de Pandemias no es un fenómeno nuevo a pesar de llamarle Conspiración

Por Carlos Carballido. ESPECIAL PARA ZOEPOST

Una cosa son las redes sociales y sus controladores de la Verdad (famosos fact chekers que dictaminan qué puede ser considerado verdadero o falso para el relato de los medios de prensa) y otra la historia de las Ciencias Médicas que están basadas no sólo en las investigaciones de rigor científico sino en la propia evidencia empírica que, al pasar de los años, corrigen el rumbo de cualquier concepto errado relativo a la salud humana.

Lo que está sucediendo con el Covid 19 es una sucesión de eventos que está tomando un criterio oficialista de entidades como la Organización Mundial de la Salud, OMS,  y su ciego cumplimiento por parte de gobiernos globales e instituciones que se niegan a discutir el tema desde otras perspectivas científicas que están siendo silenciadas, proscriptas y,  en el mayor de los casos, ridiculizadas a grado paroxístico por esas mismas redes sociales y medios oficiales de prensa que saturan con el mismo mensaje copiado al carbón y que han generado, más que la enfermedad misma, un estado de pánico social capaz de generar una anulación  de las libertades individuales y el derecho humano de rechazar un tratamiento medico como las vacunas.

La Historia siempre tiene la última palabra con sólo darle una revisada. Con el COVID 19 se repite un mismo patrón de imposiciones administrativas que repiten un discurso oficial, desestimando toda opinión contraria, incluso si está sostenida en el rigor científico de expertos.

Citaré a tales fines dos ejemplos clásicos.

En marzo del 2006, la controvertida periodista estadounidense Celia Farber, fue una de las primeras que tuvo la valentía de denunciar la incoherencia del discurso oficial sobre la expansión global del Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida (SIDA), su relación con el supuesto virus que lo causaba (VIH) .

Farber valientemente publicó en Harper’s Magazine el artículo “Fuera de control: el SIDA y la corrupción de la ciencia médica” (véalo aquí), en el que señalaba la corrupción en las investigaciones científicas como un fenómeno generalizado que todavía, a más de una década de distancia, sigue siendo un problema extendido y sistemático que actualmente se encuentra en muchos enfermedades importantes y supuestamente contagiosas. Farber, todavía hoy, es descalificada como negacionista y conspiranoica a pesar de que la propia revista Harper, pudo verificar y comprobar todas las fuentes que sirvieron de referencia para ese artículo y de recibir varios premios periodísticos por su denuncia.  El hecho es que todavía, a este minuto, el SIDA ni tiene cura ni el VIH ha podido ser erradicado ni con vacunas ni con tratamientos que puedan desmentir las acusaciones que la valiente periodista realizó en su momento.

Un año después, el destacado patólogo, oncólogo y médico micromolecular, Etienne de Harver (1), saca a la luz lo que sería uno de los libros especializados más controversiales de la época, Virus Mania: cómo la industria médica continuamente inventa epidemias, obteniendo ganancias de miles de millones de dólares a nuestra costa,  que denunciaba con hechos científicos y resultados investigativos, las mismas tesis que Farber había desarrollado en sus reportajes periodísticos.

El Dr Etienne de Harver, no era un periodista al que pudieran tildar de conspiranoico sino un reconocido científico de la medicina que descubrió “partículas similares a virus” en células extraídas de pacientes que padecían la enfermedad de Hodgkin, un tipo de cáncer linfático asociado al sistema inmunológico. Harver afirmó en ese libro que la investigación científica sobre supuestas epidemias y pandemias, como el SIDA, la gripe aviar y porcina entre otras, casi siempre se hacen basados en llamados PRIONES (proteínas infecciosas como la famosa spike protein del SARS 1 insertada en lo que llaman ahora COVID).

Harver explica en este libro, que lo anteriormente descrito ha permitido que las investigaciones se deslicen por el camino equivocado siguiendo básicamente una misma ruta sistemática que incluye varios pasos claves:

  • Inventar el riesgo de una epidemia desastrosa.
  • Incriminar a un patógeno esquivo.
  • Ignorar las causas tóxicas alternativas.
  • Manipular la epidemiología con números no verificables para maximizar la falsa percepción de una catástrofe inminente y prometer la salvación con vacunas.

Y se pregunta Harver…. ¿cómo es posible lograr todo esto? Simplemente confiando en el activador más poderoso del proceso humano de toma de decisiones, es decir, ¡EL MIEDO! Y una vez logrado obtener grandes recursos financieros de la llamada Big Pharma.

No estamos presenciando epidemias virales; afirma el médico, estamos presenciando epidemias de miedo. Y tanto los medios de comunicación como la industria farmacéutica tienen la mayor parte de la responsabilidad de amplificar los temores que, por cierto, siempre encienden negocios fantásticamente rentables. Las hipótesis de investigación que cubren estas áreas de investigativas de virus prácticamente nunca se verifican científicamente con los controles apropiados. En cambio, se establecen por “consenso” desde la OMS hasta los gobiernos de estados, que determinan con leyes la exclusión de opiniones e investigaciones contrarias al relato oficial.

Según Harver, este círculo vicioso se transforma rápidamente en un dogma, perpetuado eficientemente de manera casi religiosa por los medios de comunicación, lo que incluye garantizar que la financiación de la investigación se limite a proyectos que apoyen el relato oficial, excluyendo la investigación sobre hipótesis alternativas. Una herramienta importante para mantener las voces disidentes fuera del debate es la censura en varios niveles, desde los medios populares hasta las publicaciones científicas. Hoy el problema es peor porque las redes sociales ayudan al suicidio mediático de estas voces al ser cancelados y etiquetados por los comprobadores de la verdad  con la descalificación.

No hemos aprendido bien de experiencias pasadas, asegura el científico. Todavía hay muchas preguntas sin respuesta sobre las causas de la epidemia de gripe española de 1918 y sobre el papel de los virus en la poliomielitis posterior a la Segunda Guerra Mundial. Estas epidemias modernas deberían haber abierto nuestras mentes a análisis más críticos.

Para ejemplificar esta afirmación con evidencia empírica y científica recordemos que Pasteur y Koch habían construido sólidamente una comprensión de la infección aplicable a muchas enfermedades bacterianas y contagiosas. Pero esto fue antes de que se descubrieran los primeros virus. Transponer los principios de las infecciones bacterianas a los virus fue, por supuesto, muy tentador, pero no debería haberse hecho sin prestar una atención paralela a los innumerables factores de riesgo en nuestro entorno tóxico; a la toxicidad de muchas drogas, y a algunas deficiencias nutricionales.

Igualmente, la investigación del cáncer tuvo problemas similares. La hipótesis de que el cáncer podría ser causado por virus se formuló en 1903, hace más de un siglo. Incluso hoy no se ha demostrado de manera convincente. La mayoría de los estudios experimentales de laboratorio realizados por cazadores de virus se han basado en el uso de ratones endogámicos, lo que implica un trasfondo genético totalmente antinatural porque el cáncer humano es totalmente diferente.

Estas investigaciones (con dinero de los contribuyentes)  continuaron hasta finales de los 70 pero ya eran imposible de sostener hasta que milagrosamente en 1981 un médico de Los Ángeles describió cinco casos de deficiencias inmunológicas graves, todos entre hombres homosexuales que también inhalaban nitrito de amilo, abusaban de otras drogas, de antibióticos, y probablemente padeciendo desnutrición y enfermedades de transmisión sexual (ETS).

Los síntomas respondían más bien a la hipótesis medica de que estos casos graves de inmunodeficiencia tenían múltiples orígenes tóxicos derivados de sus estilos de vida. Desafortunadamente, tal afirmación era y es, políticamente inaceptable e impidió investigar en esos rumbos. Por lo tanto, había que encontrar otra hipótesis: estos pacientes padecían una enfermedad contagiosa causada por un nuevo… ¡retrovirus!

Los datos científicos en apoyo de esta hipótesis estaban y, sorprendentemente, todavía faltan por completo. Eso no importó. Esta fue la salvación para los laboratorios virales donde el SIDA se convirtió, casi de la noche a la mañana, en el principal foco de investigación. Generó un gran apoyo financiero de Big Pharma, más presupuesto para los CDC y los NIH (hoy dirigidos por el Dr Anthony Fauci, Guro del COVID), y nadie tuvo que preocuparse por el estilo de vida de los pacientes que se convirtieron de inmediato en víctimas inocentes de este horrible virus, pronto etiquetado como VIH.

Lo que nadie cuestiona es que veinticinco años después, la hipótesis del VIH/SIDA ha fracasado totalmente en lograr tres objetivos principales a pesar de la enorme financiación de la investigación dirigida exclusivamente a proyectos basados en el relato. Nunca se ha encontrado una cura para el SIDA; nunca se han hecho predicciones epidemiológicas verificables; y nunca se ha preparado con éxito ninguna vacuna contra el VIH. En cambio, los medicamentos altamente tóxicos (pero no curativos) se han usado de la manera más irresponsable, con efectos secundarios frecuentes y letales. ¡Sin embargo, nunca se ha observado una sola partícula de VIH por microscopía electrónica en la sangre de pacientes que supuestamente tienen una carga viral alta! ¿Y qué? Todos los periódicos y revistas más importantes han mostrado atractivas imágenes computarizadas y coloridas del VIH que se originan en cultivos celulares de laboratorio, pero nunca de un solo paciente con SIDA.

 

COVID BAJO LA MISMA SECUENCIA

 

Los antecedentes anteriormente descritos evidencian una estructura de relato oficial que cada cierto tiempo se repite en la historia con mayor o menor grado. La actual ¿Pandemia? del Covid 19 parece seguir la misma metodología descrita por el profesor Etienne de Harver y previamente denunciada por la periodista Celia Ingrid Farber. Hay un fenómeno de corrupción impune tan enorme que la evidencia científica colegiada termina siendo silenciada o proscripta sin el más mínimo pudor de los gobiernos e instituciones mundiales.

Cada vez que tratamos de comprender cómo se han recomendado algunas políticas terapéuticas altamente cuestionables en los niveles más altos de las autoridades de salud pública (OMS, CDC, RKI, etc.), con frecuencia descubrimos conflictos de intereses vergonzosos o la falta de experimentos de control esenciales, y siempre el rechazo estricto de cualquier debate abierto con científicos autorizados que presenten puntos de vista disidentes de los procesos patológicos. En el caso de las Vacunas contra el COVID la desvergüenza ha ido tan lejos como la de liberar los protocolos de fabricación no ahora sino dentro de unos 55 años y la autorización de los gobiernos para evadir demandas por reacciones adversas.

Con el Covid vemos, además, el mismo patrón histórico. Se han documentado repetidamente manipulaciones de estadísticas, falsificaciones de ensayos clínicos, elusión de pruebas de toxicidad de fármacos. Todos han sido encubiertos rápidamente, y ninguno ha podido, hasta ahora, perturbar la lógica cínica del negocio actual de investigación de virus y la producción de una vacuna que ni siquiera tiene la capacidad de inmunizar, al menos en un periodo estacional de un año.

Lo que hemos evidenciado en un lapso tan corto (apenas 2 años) más que una pandemia, es una enfermedad psicótica de la sociedad global. Han silenciado las evidencias de tal modo que el simple hecho de reconocer que existen y que difieren del discurso oficial covidiano, es suficiente para ser aniquilado mediática y socialmente. Han impuesto el silencio de médicos y especialistas que pueden ayudar a destruir la mentira. Han coartado las libertades de un modo fácil y expedito.   Curar esta nueva y real pandemia del miedo, transmitida por los medios de comunicación requerirá mucho tiempo, aunque todo indica que llegó para quedarse.

 

Carlos Carballido es periodista y Vicedirector de Zoepost

 

  • Dr Etienne de Harven, MD, Profesor Emérito de Patología en la Universidad de Toronto y Miembro del Instituto Sloan Kettering para la Investigación del Cáncer, Nueva York (1956 – 1981), Miembro del Panel Asesor IDS de Sudáfrica de Thabo Mbeki y Presidente de Rethinking AIDS. Murió en 2019 a la edad de 82 años.

 

 

2 Comments

  1. Bertha María

    Interesante artículo. Mira, en relación al Covid, no cuento con elementos suficientes para emitir un criterio aunque no dudo ni 1 letra de lo escrito.
    En cuanto al SIDA, tienes toda la razón de la A a la Z. Digo algo más: la periodista y el científico que mencionas, no fueron los únicos en oponerse a lo que decía el profesor Gallo acerca de la existencia del tal virus que nunca nadie ha visto. Recuerdo que al respecto surgieron muchas voces críticas a nivel mundial: recuerdo un biólogo alemán muy joven cuyo nombre no recuerdo, el médico colombiano Roberto Giraldo (Medicina Interna, con especialidad en Inmunología y enfermedades infecciosas) fue una de las voces más críticas en toda América (por donde viajó muchísimo) denunciando en cada país esta situación de manera pública, al punto que tuvo que salir huyendo de Colombia y radicar en EU donde fue profesor universitario de Ciencias Médicas. Y hasta su muerte (2019) fue una voz que denunció públicamente que el virus del SIDA no existe y que se trataba de una enfermedad inmunodepresora de causas múltiples. Al respecto surgieron algunos grupos que apoyaron esto- en España el grupo COBRA por sus siglas y en México el grupo MONARCA. Estos médicos insisten incluso en que los medicamentos para el SIDA tienen tal toxicidad que matan al paciente, por ejemplo, el AZT.
    Yo vi personalmente a un amigo diagnosticado con SIDA que se estaba muriendo, perdió toda la grasa corporal y se estaba muriendo. Por consejo de una amiga, dejó de tomar los medicamentos y en un mes se recuperó totalmente. Aún vive afortunadamente.
    Por tanto, no dudo nada en relación al Covid.

  2. Bravo!! magnifico articulo, y todo lo relatado fueron los motivos del porque a la dra. Judy Mikovits fuera expulsada del centro investigaciones cuya direccion esta a cargo del Dr. Fauci ella denuncio y denuncia(todo esta en rumbler) porque era su brazo derecho, el Fauci se robò el dinero de las investigaciones del AIDS, del cancer y ahora actualmente con esta pandemia no se para y no lo paran por eso se ha ganado el titulo de Menguele 2.0 ademas se ha venido a saber de las investigaciones que esta haciendo con monos transexuales (si como lo oyen)ya hace unos dias un camion con estos monos se volcò y algunos monos no han podido ser rescatados la noticia es de hace unos dias y en la ciudad al norte del NY hay personas enfermas con algo raro en fin un dia pagaran caro esta historia porque a mi juicio es crimen de lesa humanidad y un juicio al estilo Nuremberg se lo merecen

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