Juana sin tierras

Imagen Pero Isaac

Por Ulises Fidalgo.

Las ventanillas estaban abiertas. En Madrid al final de junio las noches todavía alivian el sofoco del día. Después no. El cincuenta y cuatro de mayo es la noche de San Juan. A pesar de que él no se llamaba Juan, tal vez debía felicitarse a sí mismo por el Santo. La Isla de Cuba fue nombrada Juana en el descubrimiento. Cuando él se enteró de aquel primer nombre de su país, pensó que había sido en honor a Juana la loca, lo cual describiría premonitoriamente el comportamiento errático de sus futuros naturales, los cubanos. Pero no había sido en honor a la Infanta Juana de Castilla, sino para honrar al Principe Juan, quien murió por ejercitar en demasía el sexo contra su desposada Margarita de Austria. Evidentemente esa actividad tan intensa es contraria al proceder de los cubanos. Los cubanos, humanos al fin, no tienen tanto sexo dentro del matrimonio.

La historia sobre los nombres de Cuba los había leído en un texto de Dulce María Loynaz, donde ella se sorprendía de cómo se había diluido el nombre de bautizo Juana, sin saber exactamente la razón y el modo, y de cómo había brotado la castellanización de una voz taína, que nadie sabía a ciencia cierta su significado: Cuba. De todos modos no hay que hacerle mucho caso al sentido de los topónimos. La ciudad de las Vegas está en un desierto, y Groenlandia dista mucho de ser una isla tropical. Hay que agradecer que el gentilicio sea el de cubano en vez del de juanete, aunque es verdad que nada los describiría mejor.

– Me encanta conducir – dijo ella mientras cerraba las ventanillas y encendía la radio.

Él iba aceptando que aprendía las cosas al revés. Supo el nombre de Cuba primero que el de Juana, escuchó hablar primero de la Guadalajara en México, que la de España, la Mérida de Venezuela que la de Extremadura. Conoció la parodia “Qué bonito es Badalona” de Serrat antes que la canción “Qué bonita es Barcelona” de Manuel Moreno. Ahora escuchaba por primera vez “Fiesta”, también de Serrat, y aún le faltaba por escuchar “La milonga y yo” cantada por Tita Merello.

– Te puedes quedar en mi casa – volvió ella subiendo el volumen de la radio, a medida que Serrat subía la cuesta. – Pero tendrás que quedarte en el sofá, porque la cama para visitas es para mi hermana que llega hoy. De hecho estamos yendo al aeropuerto para recogerla.

– Sí, claro. Sólo me quedaría hoy. Ya encontré piso. En junio es más fácil que al final del verano. ¿De dónde viene tu hermana?

– De Barcelona.

– ¿Pero no se quedó para la noche de San Juan?

– No, se está viniendo por eso mismo. Para huir de tanta alegría. 

– Es una refugiada política entonces.

Ambos sonrieron. Ella no lo miró. No podía apartar la vista de la carretera. Él entonces se dio cuenta del verdadero sentido del nombre Juana para la Isla de Cuba. El Evangelio de Juan era el preferido de la Reina Isabel. El más filosófico, donde el Verbo se hace carne. ¿Qué otra imagen podría describir mejor a los cubanos? Unos tipos que hablan tanto no eran otra cosa que la verborrea eterna hecha carne. 


– Me encantan las noches de verano en Madrid. – Volvió él. Lo dicho, los cubanos no pueden estar callados. – Hay pocas personas. Es más tranquilo. El año pasado fui varias veces a las Vistillas y a la Verbena de la Paloma. Parece un pueblo. Te encuentras con los amigos. Te puedes pasar horas hablando en el bordillo de la calle, o en un banco, como si fueras un adolescente. De hecho hoy tengo que llamar a una amiga. Tenía fecha de parto para mañana. Estaba pensando llamarle a su hijo Juan.
– Claro.
– Pero no es por San Juan. Es porque el segundo nombre del padre de ella es Juan.
– ¿Y el padre del niño, cómo se llama?
– Ni idea. Ella es madre soltera.
– ¿La abandonaron?
– No, fue ella quien se fue.
– ¿Pero por qué? No le preguntaste, porque esas cosas no se preguntan ¿no?.
– No las preguntarán los españoles. Un cubano claro que lo pregunta. Sí, se lo pregunté, y me dijo que uno nunca se separa por razones precisas. No hay manera comprensible de explicar decisiones así.
– Es verdad.

Cuando la canción casi llegaba al final, a ambos, a cada uno por separado, les asistió la certeza de que la vida era una fiesta. No un carnaval, como sonaba durante aquel verano, sino una tranquila feria de verano en Madrid. La Verbena de la Paloma, o la noche de San Juan en las Vistillas, algo de eso.

El niño nació al otro día con la puntualidad de una cesárea, durante una huelga de médicos. No lo llamaron Juan.

Ulises Fidalgo es Profesor de Matemáticas de Case Western Reserve University.

3 Comments

  1. Nuestros compatriotas son asi les encanta hablar demasiado y demasiada MMM. y cuando dicen a tirarse de barriga por cosas que no saben hay que Jolines!!

    • Bueno, la verdad es que si sólo habláramos de las cosas que sabemos, habría un silencio aterrador en el mundo. Normalmente no hablamos para trasmitir información, sino para espantar la soledad y el miedo. Los cubanos y todos los demás.

  2. Pingback: Juana sin tierras – – Zoé Valdés

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