Frutas, verduras y estrés

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Por Lucimey Lima Pérez.

El beneficio de incluir frutas y vegetales en nuestra dieta es muy amplio y existen múltiples evidencias en la literatura sobre el mismo. Sin embargo, aunque ciertamente se relaciona con la salud mental, ya que nos referimos a la salud en forma integral, poco hay sobre la relación entre el consumo de frutas y vegetales con los niveles de estrés. En mi práctica y experiencia global, asevero que la buena dieta repercute en la mejoría del paciente psiquiátrico y en la persona en general, sin entrar en distinciones diagnósticas ni en hábitos particulares sanos o no. Esta conducta resulta en un suplemento adecuado y un metabolismo mejorado, lo que conlleva al alcance de la función celular óptima y por ende del organismo.

Los datos específicos sobre estrés no son prolijos. En un trabajo reciente se estudiaron más de 8600 adultos mayores de 25 años y se correlacionó el mayor consumo de frutas y vegetales con la disminución del estrés de acuerdo con el puntaje de un cuestionario específico conocido como PSQ por Perceived Stress Questionnaire o Cuestionario de la Percepción del Estrés (Radavelli-Bagatini, 2021). Los autores revelaron una disminución con significación estadística del 10% en la percepción del estrés durante el tiempo del estudio. Esto ocurrió fundamentalmente en la población de edad intermedia entre 40 y 50 años.

Revisar las pautas establecidas por entes competentes en cuanto a los requerimientos diarios de los componentes cruciales presentes en frutas y vegetales pareciera una labor obsesiva, pero es de ayuda para el balance adecuado en la dieta diaria. Comprendo que no es fácil y toma tiempo, pero es la forma de reconocer lo que ingerimos. No es preciso que sea exacto, pero ni en decremento ni en exceso. Por ejemplo, el consumo diario de vitamina C se estima que sea 90 mg para masculinos y 75 mg para femeninos, unas UL (Upper Intake Level, Nivel de Ingesta Máxima) 2000 mg por día.

Múltiples evidencias sustentan la relevancia de factores en relación con el estilo de vida, uno de los cuales es la dieta rica en frutas y vegetales, en relación con estrés, ansiedad y depresión. Naidoo (“This is your brain on food”, Boston, Massachusetts, 2017) apunta que nuestra vida actual está acompañada de altos niveles de estrés (tensiones externas o internas que conllevan a ansiedad y a modificaciones en todo el organismo) que resultan en serias modificaciones de la calidad de vida. Obviamente que no solo se incluye la dieta, aunque es fundamento relevante. También destacan la actividad física moderada y regular, y el apoyo social.

No comparto, en base a la literatura y a mi experiencia, los extremos en los hábitos nutricionales. La llamada dieta de los colores comprende lo necesario, esto es, incluir toda la gama de colores posible en nuestros platos semanalmente. Pongamos verde, rojo, blanco, azulado, violáceo, anaranjado, carmelita o marrón, y evaluemos los resultados. En mi consulta he atendido y atiendo variedad de constituciones físicas y he constatado que cuando se realizan modificaciones en la ingesta existe una repercusión en la salud mental. Son datos anecdóticos, pero basados en la evidencia.

Lo que sale de nuestras bocas es muy deletéreo. Lo que entra también lo es, en ámbitos diferentes.

Bien entendido, cuidar la ingesta es una labor muy sencilla si conocemos la variedad de lo ingerido y el espectro de lo necesitado, si apreciamos que constituyen un eslabón más en el ascenso hacia la salud integral, habría un flanco bien cubierto. Frutas y vegetales, adecuada ingesta para “buen vivir”.

Lucimey Lima Pérez es Psiquiatra, Psicoterapeuta, Máster y PhD en Neuroquímica.

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