Por Irving Gatell.
No es algo que deba sorprendernos. Había dos obstáculos prácticamente infranqueables. Uno, que las condiciones estadounidenses e iraníes eran absolutamente antagónicas. No había puntos de contacto. Y dos, que el liderazgo iraní está dividido. Aún si se hubiese llegado a un acuerdo, no había garantía real de que las Guardias Revolucionarias (que tienen el control operativo de la maquinaria militar iraní y que se oponen a cualquier tipo de negociación) fuesen a aceptar los arreglos surgidos de la cumbre en Islamadab.
Pero detrás de este fracaso hay más cosas interesantes.
Estados Unidos nunca dejó de movilizar tropas hacia el Medio Oriente, y específicamente se trata de tropas de asalto. Todo apunta a que Donald Trump y su gente sabían a la perfección que esto no iba a funcionar, pero estaban haciendo tiempo para armar bien su estrategia de ataque y posicionar bien a sus tropas.
Israel hizo lo propio. Desde ayer hubo declaraciones que señalaban que Israel estaba preparándose en todo sentido para el reinicio de los combates, incluso a sabiendas de que esta nueva fase podría ser la más violenta de todos.
Ese, lamentablemente, es el panorama más factible y no parece que algo lo vaya a detener: Irán, Estados Unidos e Israel van a disparar con toda la fuerza que tengan. Irán no tiene posibilidades de ganar, pero sí de causar mucho daño (sobre todo porque no sólo atacará a Israel, sino también a las monarquías de la Península Arábiga).
Hay otro detalle que no debe pasar desapercibido: J. D. Vance.
El vicepresidente de los Estados Unidos siempre representó a la línea «pacifista» dentro del gobierno. No se opuso a la guerra de manera agresiva, y menos aún trató de sabotear los planes de Trump, pero siempre fue bien sabido que Vance era el que más reticencias tenía a recurrir a la solución bélica. Su preferencia era explorar a fondo las negociaciones.
No es el único dentro de la política estadounidense. Los demócratas mantienen esa postura, y muchos republicanos también, lo mismo que un amplio porcentaje de la ciudadanía.
Por eso fue un gran acierto que él encabezara las negociaciones. Nadie puede apelar al pretexto de que Estados Unidos envió a sus intransigentes «halcones» y por eso las negociaciones fracasaron. Al contrario: Se envió al más interesado y dispuesto a negociar. Incluso los iraníes habían especificado que sólo estaban dispuestos a sentarse a discutir con él, con J. D. Vance.
La negociación de todos modos fracasó, y esto impacta de muchas maneras en el vicepresidente.
La más evidente es que regresa a los Estados Unidos sin un resultado concreto, y eso lo pone en desventaja ante Marco Rubio en la carrera por la sucesión. Rubio ya se apuntó un éxito mayúsculo en Venezuela, y es cosa de tiempo para que se apunte otro igual de importante cuando caiga Cuba. A partir de ese momento, su ventaja por la candidatura va a ser definitiva.
Otro detalle que no es menor es que ahora todos los críticos de la guerra tendrán que quedarse callados, especialmente los mercenarios de la comunicación como Tucker Carlson o Candace Owen. Desde hace tiempo que este tipo de influencers insisten en que Irán quiere la paz. Ahora se han quedado sin argumentos, y es muy probable que continúen las investigaciones en su contra por recibir financiamiento extranjero. Si se comprueba que recibieron dinero desde Irán o desde fondos relacionados con Irán, podrían ser acusados de traición en tiempos de guerra, un cargo gravísimo que podría incluso penarse con cadena perpetua.
Peor aún: Por lo menos Carlson es del grupo cercano a Vance. Todo lo que golpee a Carlos golpeará también al vicepresidente, y eso reforzará la posición de Rubio.
Finalmente, acaso lo más sutil -pero no por ello menos importante- es que el propio J. D. Vance aprendió una lección durísima. Se topó de frente con la realidad y comprobó por sí mismo que, en el verdadero campo de batalla, las buenas intenciones no bastan. Cuando enfrente está el salvajismo de un régimen extremista, terrorista y fundamentalista, no hay muchas opciones sobre la mesa.
Esta guerra era y sigue siendo inevitable, y ahora Vance lo ha podido corroborar en carne propia.
Tal parece que ahora lo único que resta es esperar a que vuelvan a iniciar los ataques.
No olvidemos: Esta guerra la planeó Irán desde 1979. La visión apocalíptica de sus líderes religiosos -que tuvieron el poder absoluto desde ese entonces hasta la eliminación de Alí Khamenei el 28 de febrero pasado- se basa en la creencia de que así es como se manifestará el «salvador» (tal y como ellos lo entienden).
Por eso siempre se dedicaron a armar el rompecabezas para llegar a esto. Las cosas no sucedieron como ellos lo deseaban, pero de todos modos los más fanáticos (los que están alrededor de las Guardias Revolucionarias) están dispuestos a inmolarse y a destruir todo el mundo de ser posible.
No lo van a lograr. Los daños se van a limitar al Medio Oriente, pero las afectaciones van a ser profundas, y el orden global surgido de la Segunda Guerra Mundial cambiará drásticamente.
Hasta cierto punto, esta fue la guerra que nos llegó luego de que el colapso de la URSS en 1991 evitara un enfrentamiento masivo de ese país con los Estados Unidos. Lo peor que podía pasar -una guerra nuclear- se evitó, pero las profundas tensiones económicas y políticas no se resolvieron. Sólo se atenuaron. Luego de 35 años, estas volvieron a su punto crítico, y están explotando frente a nuestras narices.
Tomado de sus redes sociales.















