Esperanza Jaramillo: la incertidumbre de la luz en la poesía

Esperanza Jaramillo

Por Gloria Chávez Vásquez.

 

«Donde haya un árbol que plantar, plántalo tú. Donde haya un error que enmendar, enmiéndalo tú. Donde haya un esfuerzo que todos esquivan, hazlo tú. Sé tú el que aparta la piedra del camino». (Gabriela Mistral).

 

La palabra poetisa equivale a la sacerdotisa en la poesía.  No muy lejano está el día en que a alguien se le ocurrió descartar la palabra poetisa, porque resultaba denigrante al feminismo. Irónicamente, en ese momento se le arrebató la esencia femenina a la poesía. De ahí en adelante, y confundida, Erato, la musa, escondió su lira. Desde entonces, solamente las poetisas tienen acceso a ella.

La poesía femenina en Colombia es un producto del amor no correspondido. Más que un acto de rebeldía, es un acto heroico. A pesar de las dificultades que deben superar, muchas poetisas se atreven a publicar lo que hasta entonces guardaban en el baúl de los recuerdos y generalmente terminan en las brasas del olvido. Los escollos no desaparecen, pero, aun así, las palabras, como manantiales, brotan de un alma creativa para convertirse en oasis.

Los que han sido tocados por la poesía, saben de su magia y su poder curativo. Y es por esta razón que la de Esperanza Jaramillo García, no deja de sorprender a sus lectores amantes de ese género literario.

Fue con sus abuelos, Juan Bautista Jaramillo y Blanca Isaza en Manizales, (donde nació Esperanza), que, de niña, se inició en el arte de escribir. La bella casa de estilo colonial, física y espiritualmente amplia, contuvo todo tipo de expresiones artísticas en vida de sus abuelos. Allí se reunía la crema y nata de la literatura, la pintura, la danza, el teatro, regionales. Juan Bautista era comentarista en el diario La Patria y por muchos años él y su esposa publicaron la revista literaria Manizales (una respuesta a la revista argentina Sur que dirigía Victoria Ocampo) por donde pasaron generaciones de escritores de dentro y fuera del país, y la que llegó al mundo entero, hasta bien entrado el siglo, en intercambio cultural intenso, de la mano de su tía, la también escritora, Aida Jaramillo Isaza. Un clan literario único y cuya historia, muchos de los cultos desconocen.

Esperanza tenía 12 años cuando su padre llevó a su familia a las tierras del Quindío.  Comenzaba para la escritora en ciernes, una nueva etapa. Como todas las mujeres de su generación, recién liberadas por la educación, Esperanza sacó a su familia adelante, laborando en el mundo de las finanzas. Invirtió su creatividad y deseos de ayudar a mejorar al mundo en proyectos comunitarios y se enredó brevemente en la política local. Pero entre col y col, mantuvo viva su comunión con los sentimientos y la Naturaleza y escribió prosa y poesía, como lo aprendió de sus abuelos.

El incierto color de la luz: Egipto, Israel y Jordania su título más reciente, es el resultado de su experiencia por esas tierras milenarias, narrado en prosa poética y que saldrá publicado próximamente por la Biblioteca de Escritores que patrocina la Gobernación del Departamento del Quindío.  La edición de 299 páginas está ilustrada por la fotografía profesional e impecable de Olga Lucia Jordán quien la acompañó en el viaje. Las imágenes complementan la narrativa (aunque en esta edición falla ese equilibrio de diseño y no se le da el debido crédito a la fotógrafa).

“Siento verdadera fascinación por las culturas orientales, por los ritos, por esa manera respetuosa de ver la vida, por el deleite en las pequeñas cosas” explica la escritora. “Registré en mi libreta de apuntes, bajo el sol tórrido, cada visión nueva plasmada viva en la piedra y en la memoria histórica de los pueblos: sus mitos, sus creencias, el trasunto de su mirada estética y su relación con el tiempo y el espacio”.

Durante los cuatro años que le tomó dar forma al libro, en su jardín comenzó a crecer el tallo de un árbol, según ella “al amparo de los colibríes”. Ese árbol, es hoy “un extraordinario guayacán rosado que le da sombra a mi voz”.

En su prólogo al libro, el crítico y filósofo caldense, John Isaza, resume: “Bien sabemos que donde hay asombro, se cuece la filosofía. Al llegar a un lugar [su autora] supo “que un día desdoblaría los recuerdos en un intento por retener lo inolvidable”.

Se esfuerzan por definirlo todo, los críticos. Por catalogar lo escrito. ¿Poesía, prosa épica, Prosa lírica? ¿Libro de relatos? ¿De historia? ¿Diario de viaje? Quizás todo eso. Pero comoquiera que sea, el de Esperanza Jaramillo es un lenguaje claro, fino, transparente, autóctono, que interpreta los paisajes y la gente del modo en que ven y sienten los artistas y de ahí, como una cascada surge un texto que refresca en los momentos de calor y abriga en los de frio. Mas aun, calma la sed de conocimiento. Es el individualismo en la obra de una escritora que reside en una literatura no contaminada.

Tiempo del escarabajo, colección poética, Primer Premio de Poesía (2007) de la Fundación Museo Rayo y publicada en 2017 por la Editorial Oveja Negra. Sobre este libro comenta el escritor Gonzalo Mallarino Flórez: “La poesía de Esperanza Jaramillo es muy personal. Y tiene iridiscencias, destellos, que ya son inconscientes. Es una poesía hecha con ternura y dolor. Con delicadeza. Sus temas, sus ritmos son cíclicos, reiterados, obsesionantes, y eso da mucha tranquilidad. Tiene uno la constatación de los intentos, de las tentativas, de las luchas y las fatigas del poeta”.

Aparte de varias antologías locales y nacionales, su poesía fue seleccionada en 2002 para un especial televisado: “Poetas Colombianos”. En 2010 su libro “De Mis Sentidos Hacia Adentro” obtuvo una mención de honor de Ediciones Embalaje. Mas recientemente, sus escritos han aparecido en la revista Convergences de Paris (Ed. No. 3, 2013), y en el portal francés Poesiportous que dirige el poeta Pedro Viana. Sus poemas y ensayos han sido publicados en La Patria; Eje 21; y las revistas Comfenalco y Naturaleza y Descanso.

Se suman a la lista de sus libros de prosa poética, Caminos de la vida; Testimonio de la Ilusión; la novela El Brazalete de las Ausencias y los Sueños; y la colección de poesía Abecedario del Viento.

 

Fragmentos de prosa y poesía de Esperanza Jaramillo:

 

Para que duela menos la vida: la poesía.

Emergieron las imágenes grabadas en mi cerebro, experimenté de nuevo los sonidos, el calor, los penetrantes y espesos aromas. No importa el azar del camino: en lo más recóndito del espíritu llevamos la huella indeleble del trayecto recorrido como especie grabada en nuestros huesos, en una antigua nostalgia y en la memoria del viento. Y, sin embargo, entendí que es posible reinventar el destino, desde la hondura del dolor y de la alegría, con los hilos sueltos que nos deja la vida. 

 

Rocas para guardar el silencio

(Tomado de El incierto color de la luz)

 

En su corazón habita una bestia prehistórica.

Cada latido sacude el amanecer del tiempo.

*

Un egipcio busca el Nilo en la tristeza y en la alegría,

en sus penas de amor y en sus gozos;

le habla muy quedo de sus noches y sus días.

Lo lleva entre las manos como un encantamiento.

*

[El Cairo] Es un halcón en la prisión soñando que aún vuela.

*

Ellos y nosotras,

todos adivinando el destino en diferentes pliegos.

*

Tal vez desde siempre intuyeron que perdidos los sueños

la vida es una herida mortal.

 

Gloria Chávez Vásquez es escritora y periodista colombiana.

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