Por Especial/el Nuevo Herald.
En la Cuba de los años setenta, Jesús Selgas (Cuba, 1951) encarna digamos una tipología sociológica de artista dentro del campo de producción del arte contemporáneo cubano. Esto es joven formado gratuitamente -como muchos otros de su generación- en las instituciones creadas por la Revolución -alumno de Antonia Eiriz (Cuba,1929-Estados Unidos, 1991)-, integrado a un circuito de escuelas de arte y diseño que pretendía encarnar la utopía cultural del nuevo régimen.
También en esa Cuba de los años setenta la Revolución, a la que habían apoyado la mayoría de la sociedad y la cultura cubana contra la dictadura de Fulgencio Batista (Cuba, 1901-España, 1973), había derivado francamente en un estado totalitario. Así lo confirma explícita y específicamente en el orden artístico cultural la Declaración del Primer Congreso Nacional de Educación y Cultural de La Habana en 1971. “Los medios culturales no pueden servir de marco a la proliferación de falsos intelectuales que pretenden convertir el esnobismo, la extravagancia, el homosexualismo y demás aberraciones sociales en expresiones del arte revolucionario alejados de las masas y del espíritu revolucionario”. (“Política Cultural de la Revolución” (Documentos) Ed. Ciencias Sociales, La Habana, pág., 52).
No es extraño entonces que Selgas, habiendo mostrado su disidencia política, pero también su homosexualidad, fuera repudiado por ese mismo sistema bajo el cual se había formado. Después vendría el exilio, reconfigurándose como uno de los rostros más visibles de la Generación del Mariel, esbozada en Mariel 20 Years Later (Nabuc Gallery, 2000). Muestra colectiva donde aparece una profusa lista de “Cuban artist from the Mariel exodus”, que incluye a Jesús Selgas junto a, entre otros, Carlos Alfonzo, Ernesto Briel y Juan Boza.
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