El último cuplé

Por Alejandro Rivero.

Por estos días se discute en Cuba, promocionado hasta el cansancio por los medios el llamado código de las familias cubanas dónde se recogen derechos y deberes muchos de ellos bastante cuestionables.

¿Pero esto ahora?

Para muchos compatriotas (y me incluyo) se trata de una cortina de humo ante la incapacidad de las autoridades para resolver problemas mucho más acuciantes.

Ante el fracaso de la unificación monetaria (hoy hay más monedas que nunca) y la expectativa que creó el reordenamiento económico, cosa que si ocupó y preocupó a la gran mayoría y que solo ha logrado una inflación que nadie previó y más sufrimiento a los cubanos, no queda otra que emprender una nueva batalla, una nueva victoria del socialismo y un duro golpe a los traidores y calumniadores mercenarios.

El Señor presidente afirma “El enemigo le tiene puesto los cañones al código para quebrar la unidad de los debates”. No sé que entiende por debates y que tienen que ver con la unidad. Lo cierto es que a la gente sencilla les importa un comino el proyecto, sino qué llegó a la tienda, si el detergente, el aceite o el pollo (Made in USA).
Mientras no se resuelvan los problemas materiales del pueblo todo lo demás será inútil.

La espiritualidad, la armonía y el amor pretendido son imposibles cuando las personas se ven obligadas por la fuerza de las circunstancias a vivir bajo el mismo techo, tíos, sobrinos, cuñados, suegros y hasta matrimonios separados compartiendo la misma vivienda.

Por último es paradójico que el código esté inspirado y dedicado a alguien que fue el artífice de la separación de nuestras familias tanto geográfica como espiritualmente, padres e hijos que se renegaron entre ellos cuando alguno no veneraba la figura del Comandante.

Por lo demás el panfleto será aprobado, ninguna de nuestras “personalidades” le hará la más mínima crítica y todo seguirá igual… O peor.

Alejandro Rivero es periodista independiente. Vive en Cuba.

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