El síndrome del pantano II

Regis Iglesias Ramírez y Oswaldo Payá

Por Regis Iglesias Ramírez.

Creo que lo peor hoy en Cuba es el relativismo con el que se juzga o más bien se deja de juzgar todo. Antes los criminales, los traidores, los cobardes, los abyectos del régimen eso eran. Hoy no, parece que 60 años han borrado la conciencia de los individuos. Los criminales ya no lo son tanto, los traidores unos incomprendidos, los cobardes, precavidos son, los abyectos, astutos…
No hay ascos en confraternizar, en compartir con ellos. Ese es el peligro, ahí esta el suicidio, la consumación de nuestra esclavitud.
No, no hay buenos ni malos, ni han existido crímenes, ni delaciones, ni traiciones, ni sumisión, ni entonces, héroes, ni víctimas o en su defecto cualquiera es héroe, cualquiera es una víctima, cualquiera asesino y traidor.
Nos robaron el lenguaje, nos imponen ahora la nueva inmoralidad del relativismo que empareja por miedo el bien y el mal, las víctimas a los victimarios, el heroísmo al escapismo y la cobardía..
La lógica de la ilógica que como un virus mantiene drogadas, adocenadas las conciencias y el discernimiento. Todo está bien, todo vale. Analizar, juzgar está mal porque no beneficia todo el estercolero que nos ha rodeado. No podemos denunciar el timo y los timadores en un sentido u otro.
Es el peligro, confundir la buena fe con el buenismo, el camino de la libertad con el cenagal que nos oprime y no nos permite avanzar, la justicia con el silencio, la reconciliación con el síndrome de Estocolmo.
Nos es imposible identificar el valor sereno y diferenciarlo  del oportunismo. No hay perseverancia ni compromiso, ni nada sagrado bajo el sol ni dentro de los templos o en las conciencias, si acaso utilitario. Porque el amor es un espejismo calculado, culpable y con precio, que todo lo cree merecer y espera réditos; nada perdona ni soporta solo su propio beneficio impaciente y sometido al odio y la mentira de ese sistema, de esos hombres que son intrínsecamente perversos.
Todo es peligrosamente fatal, antropológicamente funesto . Es el relativismo en su versión más cruda.
La solución pasa por velar como en Getsemani, hacernos cada noche la misma pregunta y darnos a nosotros mismos la misma respuesta,
Nuestro tribu peregrina ha perdido el rumbo.
Hace un tiempo los exiliados abrían sus brazos al perseguido y al desencantado honesto que igual sus faltas eran públicas, pública era su mea culpa. Hoy el perseguido que ha perdido su tranquilidad sometida por intentar rescatar la libertad de todos en medio de un vendaval feroz es marginado mientras el culpable y el cómplice, el escapista en busca de fortuna que medra sobre todo lo que tenga que medrar es bien recibido, arropado y ponderado.
Da igual que sea un político, un militar, un represor, informante que con sus acciones vergonzosas ha dañado a otros. Da igual que sea un deportista, un artista, intelectual o simple hijo de vecino el que haya defendido arrasando todo y a todos un sistema opresivo. No importa cuánta catarsis hayan sentido ante los tiranos y dedicado sus vidas y entregado sus almas. Llegan al exilio y se mimetizan, son tarados como héroes, como buenos ciudadanos y hasta nostálgicas las víctimas celebran con una cerveza y un cerdo asado las glorias inmundas de ayer.
¿Dónde está el límite? ¿Cuándo se cruza la delicada línea entre la reconciliación, fruto del arrepentimiento o la de los pasos equivocados y la conversión sincera al lado de la justicia? Muchos cubanos no lo saben o están tan agotados que ya les da igual.
Cuando veo el escenario cubano imagino un juego de ajedrez. Veo las piezas y su disposición sobre el tablero. Unas de madera oscuras, otras más claras. Las primeras con su rey, el tirano y su reina, sus alfiles, caballos y torres alineados sometiendo y disfrutando sus privilegios e impunidad.
Delante de ellos como cabezas de turco sacrificados, una línea de peones  como visibles ceporros dispuestos a morir por sus amos y otros ofuscados en la estrategia distractiva aparentemente inconforme y dispuestos a dejar una brecha para que las piezas contrarias se acerquen, pero que entre la ignorancia, la vulgaridad y la buena dicción y maneras gentiles simula la opción fraudulenta de escoger sin saber que solo vamos directamente a la emboscada.
No es más que la ceremonia de la confusión de siempre.
Frente a todo esto nuestras fichas, nosotros mismos que paralizados no sabemos cómo adelantar o por que brecha hacerlo sin caer en la encerrona que nos acabe de dejar fuera de juego. Tenemos el deber de pensar y actuar tenemos que lograr lograr poner, caída sobre la mesa, la figura macabra de un reinado que representa la tiranía.
Regis Iglesias Ramírez es poeta y escritor. Expreso político de la Primavera Negra del 2003, desterrado en España, es el portavoz del MCL.

3 Comments

  1. Pingback: El síndrome del pantano II – – Zoé Valdés

  2. La verguenza se hundio en el pantano, hade falta que se recupere una pizca de ella y crezca. Los de abajo se toman la caldosa de la ignominia los dias de los Comites de Defensa de la revolucion. Los del Partido Comunista y su cantera la Juventud, les gusta disfrutar los placeres del CAPITALISMO .

  3. La unica solocion es escamentar al opresor, humillarlo, dejarlo en ridiculo, si golpean golperlos, usar su mismo metodos, algo se tendra que sacrificar pero valdra la pena, en todas las luchas se pierde y se gana, hay que luchar para ganar, sin dar tregua al opresor.

Leave a Comment

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*