Sociedad

El proto-wokismo republicano: una herencia olvidada (y un síntoma) de la cultura cubana

Por Cubanuestra.

Una de las mayores equivocaciones al analizar la actual penetración de la cultura woke en determinados sectores de la disidencia y del exilio cubano consiste en suponer que se trata de una influencia exclusivamente importada en fechas recientes desde las universidades norteamericanas o desde los movimientos identitarios contemporáneos. Sin negar la importancia de esos factores, resulta posible rastrear en la historia intelectual cubana un antecedente mucho más antiguo: una sensibilidad cultural surgida durante la República que, sin ser woke en el sentido actual del término, anticipó (y padeció) sus mismos vicios de origen.

De la provincia católica española al laboratorio socio-cultural neocolonial

Para comprender la génesis de esta sensibilidad, es imprescindible remontarse a la abrupta ruptura geopolítica e ideológica de 1898. Cuba no transitó gradualmente de la colonia a la modernidad; fue catapultada violentamente. Durante cuatro siglos, la isla había sido una provincia ultramarina impregnada de una moral hispano-católica, barroca y profundamente conservadora. En este esquema, el orden social descansaba sobre la jerarquía virreinal, la familia patriarcal, el dogma religioso y una estricta estratificación racial que relegaba a los afrodescendientes a los márgenes del reconocimiento cultural.

La intervención de Estados Unidos y el establecimiento de la República neocolonial en 1902 inyectaron un catalizador disruptivo: la modernización anglosajona y la implantación del paradigma del consumo masivo. Con la presencia comercial, mediática y tutelar estadounidense, La Habana se convirtió en una anomalía caribeña:

  • Secularización acelerada e imitación cultural: El cine de Hollywood, la prensa gráfica, el jazz y los nuevos patrones de consumo importados minaron la hegemonía de la moral católica tradicional, erosionando la cohesión social sin sustituirla por un proyecto cívico sólido.
  • La explotación de las periferias: La influencia contracultural que llegaba de la metrópoli del norte chocó frontalmente con la herencia hispana, abriendo grietas por donde una élite intelectual desorientada comenzó a abrazar la impugnación sistemática tanto de la moral tradicional como de las instituciones burguesas que ellos mismos habitaban.

Es en esta grieta —donde la tutela norteamericana fragmentó el tejido hispano-católico original— donde germinó la semilla del «proto-wokismo» cubano: no como una emancipación genuina, sino como el subproducto ideológico de un país expuesto a un laboratorio de ingeniería cultural alienígena…

Pulse aquí para seguir leyendo en la fuente.

Compartir

Leave a Comment

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*