Relato Social

El pajaporte del Gobierno

Por Miquel Giménez/Vozpópuli.

Miren ustedes por dónde, el ministro Escrivá se ha puesto de moda por un quítame allá esas pajas, con perdón. Dice el prócer patrio que eso de que los chavales vean porno está muy mal – y es cierto, es una aberración que el primer contacto que tengan con el sexo sea mediante la pornografía – y propone un carné, una cartilla, una cédula, en fin, un pajaporte para que solo los adultos e incluso algún subsecretario de estado tengan acceso a tales contenidos. Hombre, ministro, ¿no se le ha ocurrido otra cosa? De entrada, suena a control orwelliano por parte de usted y del gobierno, escudriñando quien pide y quien no pide esa licencia para ver a señoras con las domingas al aire practicando la coyunda con tremendos mulatos entre jadeos y gritos de “¡Ay, sí, papi, dame más fuerte!”. Ese voyeurismo estatal queda feo, no conduce para nada al fin que pretende y, además, puede ser engorrosísimo para el que vaya a solicitarlo. Que de eso no se ha hablado. ¿Se expenderá en estancos, en loterías, en grandes superficies, en máquinas de vending? ¿Se voceará por la calle al grito de “¡Pajaportes baratos, oiga, pajaportes, que me los quitan de las manos, oiga!”. No quiero ni imaginarme a un señor – o señora – en la cola del Mercadona con el cuello de la gabardina subido, sombrero calado y gafas de sol murmurando al dependiente que le dé un pajaporte y a éste gritando “¡Manolo, tráeme más pajaportes del almacén, que se me han acabado!”…

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