El liberalismo sí es pecado

Foto Andrea N.

Por Ulises Fidalgo.

 

Empecemos con una regla de tres: el liberalismo es a la libertad lo que el progresismo es al progreso. Los liberales suelen acusar con razón a los progresistas (socialistas) de arrogantes. Así es el título del libro de Hayek: “La fatal arrogancia”. Es casi una ley económica el que todos queremos vivir cada vez mejor. Es decir, nuestro progreso personal. De este modo la palabra progreso tiene una carga de bondad, y bajamos las defensas al escucharla. Estamos dispuestos a oír a quien nos promete progreso, pero se trata de un engaño. La palabra tiene un efecto positivo porque cada uno de nosotros le da un sentido propio. Sin embargo, quien promete progreso en general está imponiendo su propio criterio a los demás. Hay quien se hace llamar amante del progreso, pero los amantes no fuerzan a sus amados. Esos son los violadores.

 

Lo sabemos, la riqueza económica de las naciones y por tanto de sus habitantes es un efecto de la libertad de los individuos. Ha percibido bien, en la anterior oración se enmascaró el título de la obra de otro ilustre liberal, Adam Smith. Éste suele ser el argumento fundamental que exponen los así llamados amantes de la libertad. En vez de amantes sería mejor decir deseosos. En libertad cada individuo puede elegir su modo de alcanzar el bienestar. Así a lo largo de la corta historia del liberalismo muchos han caído en la contradicción de intentar imponer la Libertad. Es conocida aquella frase de Madame Roland: “Libertad: ¡Cuántos crímenes se han cometido en tu nombre!”.

 

Muchos liberales de buena fe (lamento usar la palabra fe en esta ocasión, pero no tengo otra más breve) han intentado “liberar” a los individuos de las ataduras ancestrales de la tradición. Para ellos han amputado lo máximo posible las propiedades a las iglesias. Fundamentalmente a la Iglesia Católica. Le quitaron la gestión de la educación de los niños a los sacerdotes y monjes, y se la entregaron al Estado. El argumento es que las iglesias aprovechaban sus escuelas para intentar adoctrinar a los estudiantes en su propia Fe, y así crear buenos feligreses, pagadores de diezmos. Los liberales lograron entonces acabar con esta manipulación, creando a través de la educación estatal buenos ciudadanos, pagadores de cuantiosos impuestos. El Estado comenzó a ser el referente moral de la sociedad. Los matrimonios ya nos los oficiaban sacerdotes, sino funcionarios. No se requeriría fe de bautismo, sino certificado de nacimiento. No sería necesario un Dios lejano y gratis, porque ya podríamos creer en las instituciones del Estado, sumamente caras y con la fuerza de llevarte a la cárcel. La democracia, antes un mero método para tomar decisiones en común, se elevaría al nivel de una deidad. Ese es el resultado del liberalismo desde el siglo XIX. Sé que la teoría dice lo contrario. Algo similar ocurre con el progresismo. También logra lo contrario de lo que promete.

 

La razón es que la libertad no se alcanza contra la tradición. Cuando hablamos de la belleza de una partida de ajedrez, nos referimos a las jugadas. Sin embargo, no habría tal belleza si no hubieran establecido previamente las reglas de juego. No habría arte en el juego, si no hubiera ataduras dentro de las cuales elegir. De hecho, sin reglas ni siquiera la palabra juego tendría sentido.  Así como el bienestar es un efecto de la libertad, la libertad es un efecto de la tradición. El liberalismo y el progresismo comparten el mismo pecado. Es el pecado de la arrogancia, el preferido del demonio. Es adanismo.

 

Ulises Fidalgo es Profesor de Matemáticas de Case Western Reserve University. Jefe de Redacción de ZoePost.

3 Comments

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  2. Daniel Fernandez

    eSTAMOS EN un callejon sin salida. Un cul de sac (me encanta lo de cul). Y la unica salida es Dios, lo que pasa que el (o ella) se hace, literalmente, de rogar. Y unas veces nos hace caso, y la mayoria de las veces nos castiga por tonterias. He visto a Dios mas de una vez, y por eso desconfio. Me escucha en tonterias, y las mas veces me deja colgado de la brocha. Mientras estemos aqui abajo, no nos queda sino pedir que «se haga tu voluntad asi en la tierra como en el cielo». Cualquier sistema social y economico podria funcionar si fueramos distintos, pero nuestra humanidad es MUY defectuosa, y por eso vamos de crisis en crisis hacia el Juicio Final. Dios nos coja confesados.

    • Ulises Fidalgo

      Muchas gracias por el comentario. Hay un dicho africano que dice: «No censures a Dios por haber creado el Tigre, agradécele que no le haya puesto alas». Si Dios hablara, te pediría dinero por el oxigeno. Agradécele que no te ayude. Nada es gratis.

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