El exilio cubano y la nostalgia  

Piscina Palacio Vizcaya. Michelle Raponi para Pixabay

Por Manuel C. Díaz.

La nostalgia, que no debe confundirse con la tristeza ni con la melancolía, ha sido descrita como una sensación de anhelo por un momento, situación o acontecimiento pasado. O por un país, podríamos añadir. Como es el caso de los viejos exiliados cubanos. De hecho, el término “nostalgia”, que fue acuñado en 1688 por el médico suizo Johannes Hofer, proviene de las palabras griegas nostos (regreso al hogar) y álgos (dolor). Que es, en esencia, lo que sienten los que nunca han vuelto a la isla. O, al menos, lo que acostumbraban a sentir. Y es que el exilio cubano ha sido tan prolongado que las nostalgias ya no son las mismas. Hay otras nuevas: las que comenzamos a sentir por el país que nos acogió.

La mayoría de nosotros hemos vivido toda nuestra vida adulta en Estados Unidos y nuestros recuerdos y vivencias ya casi no tienen que ver con Cuba sino con el lugar donde nacieron nuestros hijos y nietos. Y también con el lugar donde enterramos a nuestros padres y abuelos. Es verdad que aún seguimos aferrados a nuestras viejas añoranzas; pero esas, para muchos, ya no son valederas. No hemos dejado de pensar en Cuba, pero sus reminiscencias, borrosas por el paso del tiempo, comienzan a desvanecerse en la memoria. Como las viejas fotografías, apenas iluminadas por el ilusorio resplandor de una pasada y compartida felicidad.

Palacio Vizcaya. Michelle Raponi para Pixabay

Hace unos años, en uno de los salones de Cuba Nostalgia, pude ver a una familia cubana parada frente a un mapa de la isla tratando de adivinar en sus contornos geográficos las ruinas de la iglesia en la que fueron bautizados, los despojos de su hacienda confiscada y la tumba sin nombre de un hermano fusilado. Tomados de las manos miraban abrumados las distintas provincias y en sus rostros era posible advertir una profunda tristeza.

En otro salón, sobre un mapa callejero de la ciudad de La Habana extendido en el piso y en el que claramente podían distinguirse sus cuarenta y tres barrios, un matrimonio mayor intentaba encontrar la calle donde alguna vez estuvo la casa en que nacieron. Ni la sonoridad de los nombres de las avenidas y calzadas lograba rescatar del olvido los agazapados recuerdos de la infancia. Leían sus nombres -Santa Catalina, Compostela, Perseverancia- y todos le provocaban una extraña perplejidad.

Avalon Hotel en Miami Beach. Deyson Ortiz para Pixabay

Y me pregunto: ¿hasta cuándo seguiremos pensando en el regreso a una Cuba que ya no es la que conocimos? ¿Y si comenzásemos a sentir las nuevas nostalgias del exilio? ¿Por qué no añorar nuestro primer apartamento en la Calle Siete del suroeste de Miami; nuestra primera casa en el este de Hialeah; la fiesta de graduación de nuestra hija y su boda en la Iglesia Little Flower de Coral Gables? ¿Por qué no sentir nostalgia por las tardes dominicales de zarzuelas que la Sociedad Pro-Arte Gratelli presentaba en el Miami Dade County Auditorium de la calle Flagler?

¡Son tantos los recuerdos de este largo y doloroso exilio! No hay un día que pase que yo no deje de sentir nostalgia por el combativo patriotismo de aquellos primeros años. Y, sobre todo, por aquel desgarrado grito con el que Agustín Tamargo finalizaba sus programas radiales: “Cuba primero, Cuba después y Cuba siempre”.

Estas no son nostalgias por Cuba; lo sé. Son nuevas: las que hemos ido acumulando durante más de medio siglo de exilio. Pero no por eso menos nuestras.

Manuel C. Díaz es escritor, crítico de arte y literatura y cronista de viajes.

 

5 Comments

  1. El exilio historico va desapareciendo porque el calendario no perdona y con ello tambien los recuerdos y nostalgias. Los cubanitos de 3ra generacion muchos se niegan hablar espa/nol y cuando lo hacen tienen la lengua tan enrollada que no se les entiende, otros rebeldes irrespetuosos porque los hay te lo dicen en tu cara “mi historia no es tu historia” son todos liberales democratas y muchos van mas allà son comunistas de esos que admiran al Che, desgraciadamente es asi y saben porque? porque sencillamente se averguenzan de sus raices y de la 3ra para acà mejor ni hablo , esta es la triste realidad. Los recuerdos y las nostalgias van muriendo con nosotros, y muchos se empe/nan en decir “no los mios no son asi” esta es una de las facetas del exiliado

  2. Alejandro González Acosta

    Una belleza de reflexión, y le agradezco al autor compartirla. Decía Azorín que “recordar es volver a vivir” y esa quizás es la base de la nostalgia. Pero la imagen de la isla que guardamos en la memoria está muy distante de la realidad actual, a tal punto, que me resisto a confrontar ambas imágenes para no sufrir una amarga decepción. Prefiero vivir la isla en el pasado, ese territorio intangible donde somos dueños absolutos de nuestras memorias.

  3. Heidys Yepe

    Mágnifica reflexión.

  4. Manuel C Diaz

    Muchas gracias

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