EDITO

ED. Si te dolió Bardem, ponte curita

Por Zoé Valdés/El Debate.

He visto uno de esos vídeos deliciosos de las redes –son pocos, es cierto– que me han hecho el mes: Bardem hablando con Bardem y comunicando en tono lastimero que los fachas-sionistas han pagado para que, a él, ese imprescindible que se cree que es, los judíos que manejan Hollywood no le contraten más para actuar. Bueno, yo no soy facha-sionista, soy chafa-anticomunista (chafa, el revés es correcto) y fóbica a los cabezaetoallas, y también pagaría para no verlo más con su puño en alto y su mantelito-paletica al cuello en los photo call de los estrenos.

Es más, pagaría para poder montarme en la máquina del tiempo, viajar hacia atrás, al año en que Bigas Luna le dio Las edades de Lulú y Jamón Jamón, e impedir también que hiciera del gran Reinaldo Arenas en el cine, en aquella película basada en las memorias del escritor cubano, y con la que este actor se benefició un montón en Hollywood para después denigrar la película con su actitud frente a los cubanos y su causa por la libertad. Es verdad que no hay que exigirle a un actor que se mantenga en una línea política, pero es que este se ha sostenido siempre en la misma, o sea, en la defensa de esa ideología que lleva más de 150 millones de víctimas. Y, fíjense si lo suyo es la ideología del dólar y el euro, como la de todo rojo, que cuando Sánchez traicionó el Sahara, una de las causas de este camarada de los camaradas, que hasta un documental le dedicó, o sea, de los bueyes (pobres animalitos), se bajó con ficha del principio sahariano para sumarse a la de Hamás. Y es que, como Groucho Marx, el buen judío Marx: «Estos son mis principios, y si no le gustan, tengo otros».

He sido muy feliz viendo a Bardem, el actor, frente a Bardem, el actor secundario, quejándose de que los chafas pagasen para eliminarlo. O sea, viendo cómo miente, tan propio de los comunistas, a la hora de quejarse porque ya no da más como actor y si algo saben los judíos de Hollywood, no es tanto quién es sionista o no, o quién es antisemita o no, sino quién les llena salas de cine o se las vacía. Pues, en su caso, lo que está sucediendo es lo segundo, o sea, Bardem se ha puesto feo –bonito nunca fue, pero tenía su algo–; con la vejez le ha resaltado lo peor, porque feo de alma siempre ha sido… Charles Laughton no era una hermosura, pero obtuvo papeles hasta el último de sus suspiros. En Hollywood, como en Cuba, lo que no se puede ser es bofe, o sea, pesado. Y Bardem al cuadrado lo es, lo son. Como lo son la mayoría de los comunistas. En ellos todo es amargura y resentimiento contra la humanidad, insultos, agresiones; hasta que los insultan y agreden a ellos.

La supuesta censura de Javier Bardem en Hollywood ha generado controversia y debate en las redes sociales. El propio actor ha afirmado que ciertos grupos sionistas –léase semitas– han influido para que no se le contrate más, atribuyendo esta situación tanto a motivos políticos como a intereses económicos. Sin embargo, más allá de las declaraciones, lo que resulta evidente es que el sector cinematográfico estadounidense prioriza a quienes logran atraer al público a las salas, independientemente de sus ideas políticas o personales –a excepción de los que no comulgan con la izquierda. En este contexto, la figura de Bardem se ha visto envuelta en polémicas que trascienden su talento interpretativo y se centran en sus posicionamientos y actitudes públicas fóbicas contra la comunidad judía.

Sin embargo, lo más curioso es que cuando Bardem y los suyos hacen lo mismo, o peor, contra otros artistas y directores de cine, escritores, cantantes, músicos, él lo disfruta a mares, y además incita con frecuencia a que ocurra con mayor inquina. Como con los escraches de Pablo Iglesias, que el comunista alentó a ellos por un tubo y siete llaves, hasta que empezaron a hacérselo a él y a la perturbada de su ex. Nada que, si amor con amor se paga, odio con odio se negocia también mediante recetas médicas. Aunque no estoy de acuerdo en que lo suyo sea producto de ningún odio ajeno o externo, ha sido provocado por el suyo propio, y el odio es un bumerán que avanza velozmente, sobre todo al regreso.

Hace muchos años conocí en las redes sociales a uno de esos cubanos camioneros, sumamente gracioso, que se iba metiendo y cantándole las verdades a los comunistas mientras manejaba la rastra en unos videos en directo que te esmorecías de la risa. Casi siempre finalizaba sus alocuciones con un «Si te dolió, Margó, ponte curita». No sé qué se habrá hecho de él, una pena que haya desaparecido. Pero ahora mismo no encuentro una frase mejor para aconsejarle a Javier Bardem: «Si te dolió, Bardem, ponte curita». La próxima vez que te defeques en las mujeres y madres violadas y quemadas vivas junto a sus niños, de la embarazada a la que le abrieron el vientre y le sacaron su bebé y mientras ella agonizaba pusieron al niño en un microondas, la próxima vez que te burles de las víctimas situándote del lado de sus verdugos, imagina y visualiza cuántos roles cinematográficos se escaparán de tu currículum. Para nosotros, al menos para mí, una chafa de las primeras, será un verdadero alivio que desaparezcas de las pantallas.

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