Diálogo Nacional vs Diálogo-Fraude

En la foto Tania Bruguera, en cuyo performance años atrás se ofrecieron bandejas de cristal con rayas de cocaína en plena universidad

Por Minervo L. Chil Siret.

En los últimos días, semanas e incluso meses, hemos escuchado cómo se ha estado repitiendo mucho un término, unas veces promoviéndolo y otras denostándolo. Me refiero a la palabra «diálogo», a veces referida como Diálogo Nacional. Término usado, abusado y/o manipulado por diversos actores políticos.
Ciertamente el diálogo es la herramienta por excelencia de la democracia. No hay democracia sin diálogo. Cabría preguntarse entonces por qué tantos actores de la oposición democrática cubana rechazan de manera tan tajante cierta propuesta de un «Diálogo Nacional». Creo que la respuesta más justa habría que buscarla en lo que cada uno de nosotros entiende por diálogo. Porque pareciera que cuando se invoca un Diálogo Nacional, aunque todos somos cubanos, no hablamos siempre el mismo idioma. Por eso debemos clarificar a qué nos referimos exactamente cuando rechazamos o cuando abogamos por un proceso de Diálogo Nacional.
Y es que una cosa es entablar un verdadero Diálogo Nacional, sincero y respetuoso, para encontrar soluciones; y otra muy diferente es montar la puesta en escena de un monólogo con una audiencia interactiva, o quizás incluso de un festival de monólogos, para buscar legitimaciones, justificar decisiones o repartirse posiciones y cargos.
Un proceso de Diálogo Nacional es un medio para alcanzar un fin, no un fin en sí mismo. Por lo tanto un verdadero Diálogo Nacional no puede tener como meta la simple celebración de ese supuesto Diálogo. Tampoco que el régimen decida si los cubanos tenemos o no, derechos, porque éso ni se discute ni se negocia; los cubanos tenemos derecho a los derechos por el simple hecho de existir como seres humanos. Ni muchísimo menos busca garantizar o legitimar la continuidad de la dictadura castrista, con o sin maquillajes.
En el contexto cubano, un verdadero Diálogo Nacional tiene que buscar como meta la instauración de un auténtico estado de derecho y un sistema sociopolítico genuinamente democrático. De hecho, lo único que le daría legitimidad a un verdadero proceso de Diálogo Nacional en Cuba es que precisamente fuera convocado y realizado con el propósito, clara e inequívocamente expresado, de desmontar el totalitarismo e iniciar una transición pacífica hacia la democracia y el estado de derecho.
Por lo tanto un verdadero Diálogo Nacional no puede dejar fuera ni postergar ningún tema que sea esencial a dicho propósito, como libertad plena y todos los derechos para todos los cubanos, sin exclusiones ni caprichosas reinterpretaciones ideológicas; liberación de los presos políticos y de conciencia; proceso constituyente; elecciones libres, plurales y competitivas; verdad histórica; justicia; y reconciliación nacional.
Un verdadero Diálogo Nacional, para que sea verdaderamente tal, no puede tampoco excluir previamente a nadie. Tiene que incluir a todos los actores sociales y políticos cubanos, sean residentes en Cuba, exiliados o desterrados.
Un verdadero Diálogo Nacional no puede realizarse con representantes del régimen que tengan un segundo o tercer nivel de jerarquía, sin capacidad real de decisión, que solo tomarían nota y serían simples poleas de transmisión que «elevarían» lo abordado, y esperarían por las decisiones que otros tomarían fuera del marco del Diálogo Nacional. El objetivo de un verdadero Diálogo Nacional no es elevar informes o reportes, ni tampoco realizar encuestas para tomar el pulso a lo que piensan los ciudadanos, sino llegar a acuerdos concretos y tomar decisiones puntuales que garanticen el inicio de un proceso de transición legal, ordenado y pacífico hacia la Democracia y el Estado de Derecho.
Un verdadero Diálogo Nacional no puede darse tampoco ofendiendo y/o descalificando a los convocados al mismo. Por lo tanto un verdadero Diálogo Nacional solo puede darse en un ambiente de plena libertad de expresión y de absoluto respeto a la dignidad del otro. Ambiente que no debe existir única y exclusivamente al interior del local donde se celebren las sesiones de dicho Diálogo Nacional. Ese ambiente de libertad, respeto y tolerancia debe promoverse y extenderse a todos los ámbitos de la sociedad cubana.
Un verdadero Diálogo Nacional tiene que ser, además, un proceso transparente. No puede celebrarse a escondidas, ni a puertas cerradas, ocultando información al pueblo cubano. Debe anunciarse públicamente y debe tener cobertura informativa amplia y plural.
Cualquier otra cosa que se pretenda hacer bajo el manto de un supuesto Diálogo Nacional, sería realmente una caricatura de diálogo y una tomadura de pelo al pueblo de Cuba, que sólo serviría para blanquear a la dictadura cubana y legitimar su continuidad. Poco importa si se hace ratificando su modelo totalitario estalinista-castrista; o si se hace promoviendo algunas reformas económicas limitadas pero sin apertura política, siguiendo el modelo chino o el vietnamita; o incluso si se hace bajo un disfraz seudodemocrático al estilo venezolano, nicaragüense, ruso, bielorruso o birmano.
No nos llamemos a engaño ni mucho menos pretendamos engañar a los demás. Ninguna dictadura, por su propia esencia, es benévola. No cabe darle el beneficio de la duda a una tiranía que lleva más de 60 años oprimiendo a su propio pueblo. Han tenido ya demasiados votos de confianza nunca justificados.
La historia nos enseña que no ha habido dictadura alguna que se haya sentado a dialogar con sus adversarios y víctimas por tener buena voluntad. Las que lo han hecho, han estado movidas por una necesidad de supervivencia cuando han sentido amenazada su impunidad al darse cuenta de que su reino de terror está llegando a su fin.
Y eso es algo que no se logra con perfomances estrafalarios, ni con demandas personales o sectoriales, ni ningún tipo de show mediático. Tampoco con un concurso de popularidad en las redes sociales. No se trata de quién logra más visualizaciones, o qué suceso obtiene más likes o se comparte más.
Sólo se logra llevar a una dictadura contra las cuerdas con un pueblo determinado a conquistar su libertad, reclamando dignamente sus derechos. Cualquier persona con identidad de opositor al totalitarismo castrista que no comprenda esto, y no se dedique seriamente a trabajar por lograr la movilización ciudadana para reclamar todos los derechos para todos los cubanos, o no ha entendido nada de lo que pasa en Cuba y no tiene ni la más remota idea de dónde está parado, o no es coherente con las ideas que dice defender, o es un simple oportunista que sólo le interesa lucrar a costa del sufrimiento del pueblo, o lo único que busca es lavarle la imagen a la dictadura para legitimar su continuidad.
Oswaldo Payá, fundador del Movimiento Cristiano Liberación, en marzo de 2012, poco antes de que fuera asesinado extrajudicialmente por esbirros de la dictadura totalitaria castrista, denunciaba «el intento del régimen de imponer un cambio-fraude, es decir de cambios sin derechos y la inserción de muchos intereses en este cambio que escamotea la democracia y la soberanía al pueblo de Cuba». Y ante la ya evidente consumación de ese cambio-fraude y su más reciente maniobra, Eduardo Cardet, actual Coordinador Nacional del MCL, expresaba que «el cambio-fraude en Cuba, para consolidarse, necesita de un diálogo-fraude». A lo que yo añadiría, y la existencia de una oposición-fraude y hasta de un exilio-fraude, para poder llevarlo a cabo y legitimarlo.
Minervo L. Chil Siret es miembro del Movimiento Cristiano Liberación.
Imágenes del performance de Tania Bruguera donde se repartieron bandejas de cristal con rayas de cocaína en la Universidad Nacional de Bogotá

2 Comments

  1. Félix Antonio Rojas G

    Libertad para Yandier García Labrada preso de conciencia , mirmbro del MCL,secuestrado por las puercas del minint…
    P🇨🇺L
    👆

  2. Pingback: Diálogo Nacional vs Diálogo-Fraude – – Zoé Valdés

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