Cultura/Educación

De la calle Paula a nuestros corazones

Martí por Abela, en un sólo trazo

Por Esteban Fernández.

No puede pasar un solo mes de enero sin esperar el día 28. No se puede predicar patriotismo sin acudir a él, cuatro letras tiene Cuba, cuatro las de su sagrado nombre.
Imposible lanzar una arenga patriótica sin evocar una de sus bellas estrofas, sus versos para los patriotas son como versículos de la Biblia para los religiosos.
Dos acentos tienen mis apellidos, cuatros los de sus nombres y apellidos. Si fuera en eso solamente que me superara yo sería feliz.
Allá y aquí, en Cuba y en el destierro, morimos en las casas y en los hospitales, él murió en Dos Ríos encaramado en su corcel Baconao.
No logró caer de cara al sol, pero murió incrustándose en las almas de todos sus compatriotas dignos.
Les predicó a nuestros abuelos, pero les escribió La Edad de Oro a los niños, vivió desterrado la mayoría de su vida, pero nunca dejó de amar y defender a su tierra natal.
Sus críticos dijeron que le gustaban las mujeres y la Ginebra. Y, pobrecitos, ese es el mayor de los defectos que le podían achacar. Siempre han existido y existen quienes les ven las manchas al Sol en lugar de su brillantez.
Le llamaron “Capitán araña” y se tuvieron que tragar sus palabras cuando valientemente entrega su vida y entra en la historia cubana como el principal, el más excelso, de nuestros mártires.
Nace en La Habana y es enterrado en Oriente. No hubo aspavientos, algarabías, pompas ni una ostentosa velada, pero me atrevo a decir que algún soldado español ungido de respeto derramó unas lágrimas. Corrieron por sus mejillas, sin que nadie lo viera…
¿En qué calles nacieron nuestros bisabuelos? Quizás no lo recordemos, pero sabemos que nuestro Apóstol nació en la calle Paula.
Seres malvados han tratado inútilmente, durante los últimos 62 años, de robárselo, de atribuirle contribución a la destrucción de Cuba. Esa gloriosa tierra que él enalteció. Se equivocaron soberanamente… Esa es una misión imposible.
Él no les pertenece, no me pertenece, no le pertenece a nadie, y nos pertenece a todos. Y ya ni a Cuba él le pertenece. Cuba le pertenece a él.
La hizo suya en Dos Ríos, y si Cuba es nuestra madre, él es nuestro padre. Producto de esa unión nació el patriotismo cubano. El nuestro y el que le tenemos que inculcar a nuestros herederos. Porque ellos también son herederos de él.
No, no es necesario poner su nombre, su nombre está grabado con letras de oro en los pechos de todos los cubanos de verdad. En nuestras mentes.
Y al faltar pocos días para cumplirse 163 años de su muerte, desde ahora, yo levanto mi copa y brindo por el hombre mas grande que dio la nación que venero. Esteban Fernández Gómez

Esteban Fernández es un reconocido luchador anticastrista y anticomunista, periodista y escritor.

 

Leave a Comment

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

*