«¡Cubanos, lo único que cuenta es el honor, pero cuidad sin embargo el sitio en que lo salvaguardan!»

Armando de Armas. Foto Delio Regueral

Por Armando de Armas.

Primero se hizo primar al amor sobre el honor, después lo material sobre el amor. Entonces ya no hubo contención ante el abismo. A propósito del affaire de los falsos líderes impuestos a la oposición por los mismos organismos internacionales que nunca han apoyado nada serio en relación con la libertad de la isla, mismos organismos internacionales que impusieron el comunismo en Cuba. ¡Cubanos, lo único que cuenta es el honor! Ojo, también ha de cuidarse dónde se pone el honor. Porque los pueblos inferiores sin una noción más alta del honor, pero en la imperiosa necesidad de sostenerlo suelen situarlo a veces entre las nalgas de sus mujeres. Ese pueril espejismo del honor es peligroso al punto de las puñaladas y los disparos. Así cuando una persona de uno de esos pueblos confiesa en la prisión apenado u orondo: ¡lo maté o la maté por cuestión de honor, al final lo que viene a significar es que se sintió defraudado en su confianza al depositar el honor en la pudenda parte de su pareja.

El honor es imprescindible a los pueblos al punto de que cuando no lo tienen o lo han perdido, se lo inventan en los más inverosímiles sitios. Igual les pasa con Dios, cuando no lo tienen o lo han perdido se lo inventan y lo ven en los más inverosímiles objetos o personajes: desde el papel moneda que la usura internacional al uso acuña como si de veras tuviese respaldo en oro o la vil vacuna de métase una y llévese dos gratis por si las moscas (el otro día en el supermercado una obesa dama en licra fosforescente vociferaba con las venas del cuello a reventar y los ojos desorbitados: “yo soy atea, ¿ok?, no creo ni en la madre que me parió pero creo en la ciencia, creo en la vacuna, me meto tres, no, me meto cuatro, me meto las que haya que meterse”) hasta en patanes de campeonato como Fidel Castro o Diego Maradona.

Poner el honor en parte tan poco recomendable como el culo sería tan obtuso como confiar en líderes fabricados a golpe de finanza por los organismos –organismos como órganos sexuales rentados- del globalismo enemigo no ya de la libertad de Cuba sino de toda libertad.

Mi amigo Ismael Hernández cuenta que, esperando ser fusilado en la Cabaña, lo único que le preocupaba era el encarar la muerte con honor, prepararse para el postrero final, para el ulterior escenario con una actuación impecable, dejar una impresión perdurable en el espectador; aunque el espectador no fuese otro que el pelotón de fusilamiento.

¡Hasta los comunistas anhelan y respetan el honor, aunque por norma ellos carezcan de ese atributo!

Ismael se enfrentaba a un tribunal revolucionario por acciones derivadas de su condición de jefe nacional de acción y sabotaje del Movimiento 30 de Noviembre. Finalmente fue condenado a 30 años de los que cumplió 18. Pero antes había sido segundo al mando de Carlos Manuel Delgado en el movimiento, quien al quedar sin balas en un enfrentamiento con fuerzas del régimen fue arrestado y fusilado. Después de eso pasa a ser jefe de acción el famoso Maragamba, pero este cae preso al poco tiempo después de un intercambio de disparos con la policía en que también se queda sin municiones, escapa de la cárcel, se asila en una embajada y sale al exilio (luego en Miami, Chicago y Nueva York, Maragamba fue un temible gatillero, oscuro oficio en el que actuó con el mismo honor de cuando era un combatiente por la libertad, lo que por demás y a pesar del oficio tampoco dejó de ser).

Maragamba es sustituido como jefe de acción del 30 por Jesús Casai, quien en medio de un tiroteo con los comunistas, secuestra un carro para escapar del cerco y lo matan ahí mismo. A Casai lo sustituye Alberto Milián, muerto en combate 48 horas después de asumir el cargo.

Entonces Ismael pasa a ocupar el puesto de Milián y estuvo a cargo de las acciones del movimiento desde de la invasión de Bahía de Cochinos, en abril, hasta el trece de octubre en que cae preso sin parque, traicionado por la dueña de la casa de seguridad en que se ocultaba.

Pero antes, Estando Carlos Manuel Delgado en la prisión esperando la pena capital, Ismael pone en marcha un plan simple –a veces lo único que funciona es lo simple- para rescatar a su jefe y amigo. De manera que, con un oficial del régimen que colabora con el movimiento subversivo, le pasan al reo en su celda una cuchilla de afeitar con instrucciones de que se cortara las venas, para que fuera llevado al hospital. Allí estaría Ismael al frente de un comando de hombres armados para rescatar a Delgado.

Repuesta de Delgado: ¡Dile a Ismael y a los muchachos que prefiero ser fusilado, nada qué hacer, uno muere cuando le toca y punto!, y ante la insistencia del colaborador para que aceptara el plan, que había un chance grande de que funcionara, Delgado replicó: ¡No, no, olviden eso, qué tal si el rescate falla y yo quedo entonces ante el enemigo como un cobarde que se corta las venas, no, no, olviden, conmigo no va esa, hay que saber morir con honor.

Frente a un enemigo con un férreo control sobre la sociedad (dejemos ya el infantilismo ese de que, ¡ay! reprimen porque están débiles, no, hombre, reprimen porque tienen el poder y todo poder no se sostiene más que en la fuerza) y el apoyo incondicional de los organismos internacionales que ahora, sólo ahora, hacen el paripé de condenarlo, porque nadie condena a su hijo preferido, más allá de unas nalgaditas para quedar bien, frente a un enemigo así el heroísmo de un Carlos Manuel Delgado deja claro que lo único que en verdad cuenta es el honor.

 

Armando de Armas. Escritor cubano exiliado, autor en los géneros de periodismo investigativo, ensayo, narraciones y novelas. Entre sus libros destacan La tabla, una abarcadora novela sobre la sociedad isleña, y Los naipes en el espejo, un ensayo sobre la historia de los partidos políticos estadounidenses que augura además el triunfo electoral de Donald Trump en 2016 y un profundo cambio de época en el mundo occidental. Editor Educación/Cultura ZoePost.

9 Comments

  1. Pingback: «¡Cubanos, lo único que cuenta es el honor, pero cuidad sin embargo el sitio en que lo salvaguardan!» – – Zoé Valdés

  2. Maestro este articulo esta fuera de serie, tendria que contestarle a proposito del honor por esos lares pero mejor se lo digo en privado ñoooh jiji

  3. Silvia Méndez

    Genial!!!

  4. Alejandro González Acosta

    Una vez más, el luchador y poeta Armando blande victoriosamente su apellido para denunciar la ignominia y la cobardía de los nuevos fariseos y sus sepulcros blanqueados. El honor es un valor intangible pero ejemplar: cuando te arrancan todo lo demás, incluso la vida, sólo te quedan el honor y la dignidad, aunque sean valores que hoy ya se no valoran. C0mo dijo Calderón de la Barca: «Al rey la hacienda y la vida/se ha de dar, pero el honor,/es patrimonio del alma,/ y el alma sólo es de Dios».

  5. Edmme Baguer

    Magistral

  6. Armando De Armas

    Gracias, Christ, Silvia Méndez, Alejandro González Acosta y Edmme Baguer.

  7. Wilfredo Ramos

    De nuevo Armando pones el dedo en la llaga y dejas en claro que de « honores » también está empedrado el camino del Infierno.

  8. Mildrey Galindo

    Honrar honra……
    Armando de Armas, pues escrito muy a tu estilo nunca dejando de reconocer la honra de hombres valerosos, como los que a nuestra Cuba le ha sobrado.

    Carlos Manuel Delgado, otro de esos Caballeros en el Tiempo, donde al borde de la muerte nos da lecciones de amor a la Patria y de honra, que en estos tiempo estamos muy carentes de ello.

    Gracias Armando, en nombre de todos los cubanos que apreciamos y nos deleitamos con tu obra.

  9. Ya de hombres así sólo queda tu gratitud al recordarlos. Gracias.

Leave a Comment

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

*